Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 6 de noviembre de 2026

Viernes de la Vigésima Tercera Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 30

1 Te glorificaré, oh Jehová, porque me has ensalzado y no hiciste que mis enemigos se alegraran de mí.
2 Jehová, Dios mío, a ti clamé y me sanaste.
3 Oh Jehová, hiciste subir mi alma del sepulcro; me diste vida, para que no descendiera a la sepultura.
4 Cantad salmos a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad;
5 porque su ira dura un momento, pero su favor, toda la vida; por la noche durará el lloro, pero a la mañana vendrá la alegría.
6 Y yo dije en mi prosperidad: No seré conmovido jamás;
7 porque tú, Jehová, con tu favor has afirmado mi monte con fortaleza Escondiste tu rostro, fui conturbado.
8 A ti, oh Jehová, clamaré; y al Señor suplicaré.
9 ¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?
10 Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador.
11 Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi saco y me ceñiste de alegría.
12 Por tanto, a ti cantaré salmos, gloria mía, y no estaré callado Jehová, Dios mío, te alabaré para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 31

1 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo avergonzado jamás; líbrame en tu justicia.
2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé tú mí roca fuerte, por casa fortificada para salvarme.
3 Porque tú eres mi roca y mi castillo; y por tu nombre me guiarás y me encaminarás.
4 Me sacarás de la red que han escondido para mí, porque tú eres mi fortaleza.
5 En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.
6 Aborrecí a los que esperan en vanidades ilusorias, mas yo en Jehová he esperado.
7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias,
8 y no me entregaste en mano del enemigo; pusiste mis pies en lugar espacioso.
9 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de pesar mis ojos, mi alma y mis entrañas.
10 Porque mi vida se va gastando de dolor y mis años de suspirar; ha decaído mi fuerza a causa de mi iniquidad y mis huesos se han consumido.
11 De todos mis enemigos he sido objeto de oprobio, y de mis vecinos en gran manera, y horror a mis conocidos; los que me veían fuera huían de mí.
12 He sido olvidado de su corazón como un muerto; he venido a ser como un vaso quebrado.
13 Porque he oído la afrenta de muchos; había miedo por todas partes, cuando consultaban juntos contra mí e ideaban quitarme la vida.
14 Mas yo en ti confié, oh Jehová; yo dije: Tú eres mi Dios.
15 En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores.
16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.
17 No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado; sean avergonzados los impíos, estén mudos en el sepulcro.
18 Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio.
19 ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
20 En lo secreto de tu presencia los esconderás de las arrogancias del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contienda de lenguas.
21 Bendito sea Jehová, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada.
22 Y decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.
23 Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que obra con soberbia.
24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 24

1 La sabiduría se alaba a sí misma, habla con orgullo en medio de su pueblo;
2 delante de la asamblea del Altísimo y de sus ángeles, dice con orgullo:
3 «Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como bruma.
4 En el cielo tenía mi habitación; mi trono estaba sobre una columna de nubes.
5 Yo sola recorrí la bóveda celeste y atravesé lo más hondo del abismo.
6 Reiné sobre las olas del mar, en la tierra entera y en todos los pueblos y naciones.
7 En todos esos lugares busqué un hogar, un sitio donde poner mi residencia.
8 Entonces el que me hizo a mí y a las demás cosas decidió dónde debía yo residir, y me dijo: “Pon tu residencia en Israel, vive en el pueblo de Jacob. ”.
9 Él me creó al comienzo, antes del mundo, y nunca dejaré de existir.
10 He servido ante él en el santuario, y en Sión me establecí.
11 Me hizo residir en la ciudad amada, y en Jerusalén está mi autoridad.
12 Eché raíces en este pueblo glorioso, posesión escogida del Señor.
13 Crecí como cedro del Líbano, como ciprés de la montaña de Hermón,
14 como palmera de En-gadi, como rosal de Jericó, como olivo hermoso en la llanura; crecí como castaño.
15 Esparcí perfume como árbol de canela, como caña aromática y mirra escogida, como las resinas más olorosas, como el incienso que se quema en el santuario.
16 Extendí mis ramas como terebinto: ramas bellas y frondosas.
17 Eché hermosos retoños como vid, y mis flores y frutos son bellos y abundantes.
19 Acérquense a mí los que me desean, y coman todo lo que quieran de mis frutos,
20 pues conocerme es más dulce que la miel, y poseerme, más dulce que un panal.
21 El que me coma querrá comer más, y el que me beba querrá beber más.
22 El que me hace caso no fracasará; el que se conduce con sabiduría no pecará.»
23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios altísimo, la ley que promulgó Moisés para nosotros, la herencia del pueblo de Jacob.
25 Esta ley está llena de sabiduría como el río Pisón, o como el Tigris en la primavera;
26 rebosa sensatez como el Éufrates, o como el Jordán cuando más crece;
27 da instrucción tan abundante como el Nilo, o como el río Gihón en tiempo de creciente.
28 Nadie, del primero al último, ha conocido a fondo la sabiduría,
29 pues sus pensamientos abarcan más que el océano y sus designios son más profundos que el inmenso abismo.
30 Yo, por mi parte, soy como un canal que sale de un río, como una acequia que lleva agua a un jardín.
31 Dije: «Voy a regar mi jardín, voy a empapar mis prados.» Y mi canal se convirtió en un río, y mi río se convirtió en un mar.
32 Haré que mi instrucción resplandezca como la aurora, y que su luz llegue hasta muy lejos;
33 daré mi enseñanza como los profetas y la dejaré a las generaciones venideras.
34 Vean que no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la sabiduría.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 22

1 Y estaba cerca la fiesta de los Panes sin levadura, que se llama la Pascua.
2 Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarlo, porque tenían miedo del pueblo.
3 Y entró Satanás en Judas, que tenía por sobrenombre Iscariote, el cual era del número de los doce;
4 y fue y habló con los principales sacerdotes y con los magistrados de cómo se lo entregaría.
5 Y ellos se alegraron y convinieron en darle dinero.
6 Y él lo prometió y buscaba oportunidad para entregarlo a ellos sin estar presente la multitud.
7 Y llegó el día de los Panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar la Pascua.
8 Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la Pascua para que comamos.
9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos?
10 Y él les dijo: He aquí, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo hasta la casa donde entre,
11 y decid al amo de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos?
12 Y él os mostrará un gran aposento alto dispuesto; preparad allí.
13 Fueron, pues, y lo hallaron tal como les había dicho; y prepararon la Pascua.
14 Y cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los doce apóstoles.
15 Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca,
16 porque os digo que no comeré más de ella hasta que se cumpla en el reino de Dios.
17 Y tomando la copa, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros,
18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta que el reino de Dios venga.
19 Y tomando el pan, habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
20 Y asimismo tomó la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada.
21 Mas he aquí la mano del que me entrega está conmigo en la mesa.
22 Y a la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!
23 Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí quién de ellos sería el que había de hacer esto.
24 Y hubo entre ellos una contienda sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
25 Entonces él les dijo: Los reyes de los gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que tienen potestad sobre ellos son llamados bienhechores;
26 pero no así vosotros; antes el mayor entre vosotros sea como el menor, y el que dirige, como el que sirve.
27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
28 Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones.
29 Yo, pues, dispongo para vosotros un reino, como mi Padre lo dispuso para mí,
30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;
32 mas yo he rogado por ti para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
33 Y él le dijo: Señor, estoy dispuesto a ir contigo aun a la cárcel y a la muerte.
34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.
35 Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.
36 Y les dijo: Pero ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su manto y compre una.
37 Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí tiene cumplimiento.
38 Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas Y él les dijo: Basta.
39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también lo siguieron.
40 Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación.
41 Y él se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba,
42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo.
44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
45 Y cuando se levantó de la oración y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza;
46 y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no entréis en tentación.
47 Y mientras él aún hablaba, he aquí vino una multitud; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos, y se acercó a Jesús para besarlo.
48 Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?
49 Y viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada?
50 Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.
51 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad, basta ya Y tocando su oreja, lo sanó.
52 Y Jesús dijo a los que habían venido a él, los principales sacerdotes y los jefes de la guardia del Templo y los ancianos: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos?
53 Habiendo estado con vosotros cada día en el Templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora y la potestad de las tinieblas.
54 Y prendiéndolo, lo trajeron y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Mas Pedro lo seguía de lejos.
55 Y habiendo encendido un fuego en medio del patio, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.
56 Y cuando una criada lo vio que estaba sentado al fuego, se fijó en él y dijo: También este estaba con él.
57 Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco.
58 Y un poco después, viéndolo otro, dijo: También tú eres uno de ellos Mas Pedro dijo: Hombre, no lo soy.
59 Y pasada como una hora, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también este estaba con él, porque es galileo.
60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices Y en seguida, estando él aún hablando, cantó el gallo.
61 Entonces, volviéndose el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.
62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.
63 Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él, golpeándolo;
64 y vendándole los ojos, herían su rostro y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó?
65 Y decían otras muchas cosas, injuriándolo.
66 Y cuando fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los principales sacerdotes, y los escribas, y lo trajeron al Concilio de ellos,
67 diciendo: ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
68 y también si os preguntare, no me responderéis ni me soltaréis.
69 Mas desde ahora el Hijo del hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.
70 Y dijeron todos: Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo lo soy.
71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué necesidad tenemos aún de testimonio? Porque nosotros lo hemos oído de su boca.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Señor, te suplicamos que guardes tu casa, la Iglesia, en continua piedad, para que por tu protección esté libre de todas las adversidades, y se dedique devotamente a servirte con buenas obras, para la gloria de tu nombre, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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