Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 16 de octubre de 2026

Viernes de la Vigésima Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 79

1 Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; han contaminado tu santo templo; han hecho de Jerusalén montones de ruinas.
2 Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las bestias de la tierra.
3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, y no hubo quien los enterrara.
4 Somos afrentados por nuestros vecinos, escarnecidos y burlados por los que están en nuestros alrededores.
5 ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?
6 Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre.
7 Porque han consumido a Jacob y su morada han asolado.
8 No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos.
9 Ayúdanos, oh Dios, salvación nuestra, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por causa de tu nombre.
10 ¿Por qué dirán las naciones: Dónde está su Dios? Sea notoria en las naciones, delante de nuestros ojos, la venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada.
11 Llegue delante de ti el gemido de los presos; conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte.
12 Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su afrenta con que te han afrentado, oh Señor.
13 Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 80

1 Oh Pastor de Israel, escucha; tú que pastoreas a José como a ovejas, que estás sentado entre los querubines, resplandece.
2 Delante de Efraín, y de Benjamín, y de Manasés, despierta tu poder y ven a salvarnos.
3 Oh Dios, haznos volver, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado contra la oración de tu pueblo?
5 Les diste a comer pan de lágrimas y les diste a beber lágrimas en gran abundancia.
6 Nos pusiste como contienda a nuestros vecinos y nuestros enemigos se burlan de nosotros entre sí.
7 Oh Dios de los ejércitos, haznos volver, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
8 Hiciste venir una vid de Egipto; echaste a las naciones y la plantaste.
9 Limpiaste el lugar delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.
10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios.
11 Extendió sus vástagos hasta el mar y hasta el río sus renuevos.
12 ¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino?
13 La destroza el puerco montés y la devora la bestia del campo.
14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,
15 y la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste.
16 Está quemada a fuego, está asolada; perezcan por la reprensión de tu rostro.
17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que para ti afirmaste.
18 Así no nos apartaremos de ti; nos darás vida e invocaremos tu nombre.
19 Oh Jehová, Dios de los ejércitos, haznos volver; haz resplandecer tu rostro y seremos salvos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 81

1 Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; celebrad con júbilo al Dios de Jacob.
2 Elevad salmos y tañed el pandero, el arpa deleitosa con el salterio.
3 Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra solemnidad.
4 Porque estatuto es para Israel, ordenanza del Dios de Jacob.
5 Lo constituyó por testimonio en José cuando salió por la tierra de Egipto, donde oí un lenguaje que no entendía.
6 Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos dejaron de llevar los cestos.
7 En la angustia clamaste y yo te libré; te respondí en lo secreto del trueno; te probé junto a las aguas de Meriba Selah.
8 Oye, pueblo mío, y testificaré contra ti ¡Oh Israel, si me oyeras!
9 No habrá en ti dios ajeno ni te inclinarás a dios extranjero.
10 Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre bien tu boca y la llenaré.
11 Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.
12 Los entregué, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos.
13 ¡Oh, si mi pueblo me hubiera oído, si Israel hubiera andado en mis caminos!
14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos y habría vuelto mi mano contra sus adversarios.
15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido y el tiempo de ellos sería para siempre.
16 Y Dios lo habría sustentado con lo mejor del trigo; y con miel de la roca te habría saciado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sabiduría 7

1 Yo también soy un hombre mortal, y desciendo, como todos, del primer hombre modelado de la tierra. En el seno de mi madre se formó mi carne;
2 por espacio de diez meses tomé consistencia en su sangre, gracias a la semilla de mi padre y al placer que acompaña al sueño.
3 Al nacer respiré el aire común, y fui puesto en la tierra que a todos recibe; como todos, al nacer lo primero que hice fue llorar.
4 Me envolvieron en pañales y me criaron con cariño.
5 Ningún rey empezó de otra manera.
6 Por un mismo camino entramos todos en la vida, y por un mismo camino salimos de ella.
7 Por eso supliqué a Dios, y me concedió prudencia; le pedí espíritu de sabiduría, y me lo dio.
8 La preferí a los cetros y los tronos; en comparación con ella, tuve en nada la riqueza.
9 Ninguna piedra preciosa me pareció igual a ella, pues frente a ella todo el oro es como un puñado de arena, y la plata vale tanto como el barro.
10 La amé más que a la salud y a la belleza; la preferí a la luz del día, porque su brillo no se apaga.
11 Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, pues me trajo incalculables riquezas;
12 gocé de todos esos bienes, porque la sabiduría los gobierna, aunque no sabía que es la madre de todos ellos.
13 La alcancé sin malicia, y la comparto sin envidia; no escondo para mí su riqueza.
14 La sabiduría es para los hombres un tesoro inagotable: quien sabe usar de ella, logra la amistad de Dios, porque ella, con sus enseñanzas, le sirve de recomendación.
15 Que Dios me conceda hablar con sensatez y que mis pensamientos sean dignos de sus dones, pues él es quien guía la sabiduría y dirige a los sabios.
16 En sus manos estamos nosotros y nuestros pensamientos, y toda prudencia y habilidad práctica.
17 Él me dio el verdadero conocimiento de las cosas, para conocer cómo está hecho el mundo y cómo actúan los elementos;
18 para conocer el comienzo, el fin y el medio de los tiempos, las diversas posiciones del sol y los cambios de estaciones;
19 los periodos del año y la posición de los astros;
20 la naturaleza de los seres vivos y el comportamiento de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres; cómo se distinguen las plantas y para qué sirven las raíces.
21 Todo lo aprendí, lo mismo lo oculto que lo visible, porque la sabiduría, que todo lo hizo, me lo enseñó.
22 Hay en la sabiduría un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, móvil, lúcido, puro, claro, inofensivo, amante del bien, penetrante,
23 independiente, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, tranquilo, que todo lo puede y a todo está atento, que penetra en todos los espíritus, los inteligentes, los puros y los más sutiles.
24 La sabiduría se mueve mejor que el mismo movimiento, y, a causa de su pureza, todo lo atraviesa y lo penetra,
25 porque es como el aliento del poder de Dios y una irradiación pura de la gloria del Todopoderoso; por eso, nada impuro puede entrar en ella.
26 Es reflejo de la luz eterna, espejo sin mancha de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
27 Es única y, sin embargo, lo puede todo; sin cambiar ella misma, todo lo renueva, y al penetrar a lo largo de la historia en las almas santas, las hace amigas de Dios, para que hablen en nombre de él,
28 pues nada es tan agradable a Dios como el hombre que vive con la sabiduría.
29 Ella es más brillante que el sol y supera a todas las estrellas; comparada con la luz del día, es superior,
30 pues a la luz sigue la noche, pero a la sabiduría no la puede dominar el mal.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 2

1 Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuera empadronada.
2 Este primer empadronamiento fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria.
3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
4 Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David,
5 para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz.
7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
8 Y había pastores en la misma región, que estaban en el campo y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
9 Y he aquí un ángel del Señor vino sobre ellos, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y temieron con gran temor.
10 Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, el Salvador, que es Cristo el Señor.
12 Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan a Dios y decían:
14 Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.
15 Y aconteció que, cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a conocer.
16 Y vinieron aprisa, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17 Y viéndolo, dieron a conocer la palabra que les había sido dicha acerca de este niño.
18 Y todos los que lo oyeron se maravillaron de lo que los pastores les decían.
19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
20 Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.
21 Y cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesús; el cual le fue puesto por el ángel antes que él fuera concebido en el vientre.
22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme a la ley de Moisés, lo trajeron a Jerusalén para presentarlo al Señor.
23 (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abra la matriz será llamado santo al Señor),
24 y para ofrecer sacrificio, conforme a lo que está dicho en la ley del Señor: Un par de tórtolas o dos palominos.
25 Y he aquí, había un hombre en Jerusalén llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.
26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor.
27 Y vino por el Espíritu al Templo Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al Templo, para hacer con él conforme a la costumbre de la ley,
28 entonces él lo tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, y dijo:
29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
30 porque han visto mis ojos tu salvación,
31 la cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
32 luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.
33 Y José y su madre estaban maravillados de lo que se decía de él.
34 Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha;
35 y una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser; ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;
37 y era viuda hacía unos ochenta y cuatro años, la cual no se apartaba del Templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.
38 Y esta, viniendo en la misma hora, daba gracias al Señor, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
39 Mas cuando cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
41 E iban sus padres cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
42 Y cuando tuvo doce años, ellos subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.
43 Y acabados los días, al regresar ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin saberlo José y su madre.
44 Y pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un día; y lo buscaban entre los parientes y entre los conocidos;
45 mas como no lo hallaron, volvieron a Jerusalén buscándolo.
46 Y aconteció que tres días después lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles.
47 Y todos los que lo oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas.
48 Y cuando lo vieron, se maravillaron; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.
49 Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?
50 Mas ellos no entendieron las palabras que les dijo.
51 Y descendió con ellos, y fue a Nazaret, y estaba sujeto a ellos Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52 Y Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, puesto que sin ti no somos capaces de agradarte, concede misericordiosamente que tu Espíritu Santo dirija y gobierne nuestros corazones en todas las cosas, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

Día Anterior Hoy Día Siguiente