Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
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Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 11 de octubre de 2026

Decimonoveno Domingo después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 56

1 Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devora el hombre; me oprime combatiéndome cada día.
2 Me devoran mis enemigos cada día, porque muchos son los que pelean contra mí, oh Altísimo.
3 En el día que temo, yo en ti confío.
4 En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado, no temeré lo que me haga la carne.
5 Todos los días pervierten mis palabras; contra mí son todos sus pensamientos para mal.
6 Se reúnen, se esconden, ellos miran atentamente mis pasos, como esperando acabar con mi vida.
7 ¿Escaparán ellos por la iniquidad? Derriba en tu furor a los pueblos, oh Dios.
8 Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?
9 Entonces serán vueltos atrás mis enemigos, el día que yo clame; esto sé, que Dios está por mí.
10 En Dios alabaré su palabra; en Jehová alabaré su palabra.
11 En Dios he confiado; no temeré lo que me haga el hombre.
12 Sobre mí, oh Dios, están tus votos; te tributaré alabanzas.
13 Porque has librado mi vida de la muerte; ¿No librarás también mis pies de caída, para que ande delante de Dios en la luz de los que viven?

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 57

1 Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí, porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos.
2 Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me galardona.
3 Él enviará desde los cielos y me salvará de la infamia del que me devora Selah Dios enviará su misericordia y su verdad.
4 Mi vida está entre leones; estoy acostado entre hijos de hombres que echan llamas, cuyos dientes son lanzas y saetas, y su lengua, espada aguda.
5 Ensálzate sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria.
6 Red han preparado a mis pasos; se ha abatido mi alma; hoyo han cavado delante de mí; en medio de él han caído ellos mismos Selah.
7 Mi corazón está dispuesto, oh Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré y entonaré salmos.
8 Despierta, oh gloria mía; despierta, salterio y arpa; me levantaré de mañana.
9 Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; te cantaré salmos entre las naciones.
10 Porque grande es hasta los cielos tu misericordia y hasta las nubes tu verdad.
11 Ensálzate sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 58

1 Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?
2 Antes, con el corazón hacéis iniquidades; hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.
3 Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron desde el vientre, hablando mentira.
4 Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente; son como áspid sordo que cierra su oído,
5 que no oye la voz de los que encantan, del encantador sabio en encantamientos.
6 Oh Dios, rompe sus dientes en sus bocas; quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos.
7 Fluyan como aguas que corren; cuando disparen sus saetas, sean estas como rotas.
8 Pasen ellos como el caracol que se deslíe; como abortivo de mujer, no vean el sol.
9 Antes que vuestras ollas sientan el fuego de los espinos, así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad.
10 Se alegrará el justo cuando vea la venganza; sus pies lavará en la sangre del impío.
11 Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Daniel 3

1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era de sesenta codos y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Y mandó el rey Nabucodonosor reunir a los sátrapas, los ministros y los gobernadores, los consejeros, los tesoreros, los jueces, los magistrados y a todos los oficiales de las provincias, para que vinieran a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3 Entonces se reunieron los sátrapas, los ministros y los gobernadores, los consejeros, los tesoreros, los jueces, los magistrados y todos los oficiales de las provincias, para la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4 Y el heraldo pregonaba en alta voz: Se os ordena a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas,
5 que al oír el son de la bocina, de la flauta, de la cítara, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
6 y cualquiera que no se postrare y adorare, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, de la cítara, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
8 Por esto, en aquel tiempo algunos hombres caldeos se acercaron y denunciaron a los judíos.
9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10 Tú, oh rey, has dado un decreto que todo hombre que oiga el son de la bocina, de la flauta, de la cítara, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro;
11 y el que no se postre y adore sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
12 Hay unos hombres judíos, a los cuales pusiste tú sobre la administración de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, oh rey, no te han hecho caso, no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú levantaste.
13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajeran a Sadrac, Mesac y Abed-nego Luego fueron traídos estos hombres delante del rey.
14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, de la cítara, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
17 He aquí, nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Y si no, sepas, oh rey, que a tus dioses no serviremos ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego; y habló y ordenó que el horno se calentara siete veces más de lo que se solía calentar.
20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
21 Entonces estos hombres fueron atados con sus mantos, y sus túnicas, y sus turbantes, y sus otros vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
22 Y porque la palabra del rey era apremiante y el horno había sido calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
23 Y estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó aprisa, y habló, y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres hombres atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey.
25 Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro hombres sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos; y el aspecto del cuarto es semejante a un hijo de Dios.
26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo y habló diciendo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.
27 Y se reunieron los sátrapas, los ministros y los gobernadores y los del consejo real para mirar a estos hombres, que el fuego no se enseñoreó de sus cuerpos, ni cabello de sus cabezas se había quemado, ni sus ropas habían cambiado, ni olor de fuego había en ellos.
28 Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió a su ángel y libró a sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey desobedecieron y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.
29 Por mí, pues, se da el decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego sea descuartizado y su casa sea puesta por muladar, por cuanto no hay otro dios que pueda librar como este.
30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Marcos 14

1 Y dos días después era la Pascua y los días de los Panes sin levadura; y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderlo con engaño y matarlo.
2 Pero decían: No en la fiesta, para que no haya un alboroto del pueblo.
3 Y estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer que tenía un vaso de alabastro de ungüento de nardo puro de mucho precio; y quebrando el alabastro, lo derramó sobre su cabeza.
4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?
5 Porque esto se podía haber vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres Y se enfadaron con ella.
6 Pero Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.
7 Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tenéis.
8 Ella ha hecho lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
9 De cierto os digo que dondequiera que sea predicado este evangelio en todo el mundo, también se contará lo que ella ha hecho, para memoria de ella.
10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino a los principales sacerdotes para entregarles a Jesús.
11 Y ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron que le darían dinero Y buscaba cómo entregarlo en un momento oportuno.
12 Y el primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, cuando sacrificaban la Pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua?
13 Y envió a dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo;
14 y donde entre, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos?
15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto y preparado; preparad para nosotros allí.
16 Y fueron sus discípulos, y llegaron a la ciudad, y lo hallaron tal como les había dicho; y prepararon la Pascua.
17 Y al atardecer, fue con los doce.
18 Y mientras estaban sentados a la mesa y comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar.
19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse y a decirle uno por uno: ¿yo? Y el otro: ¿yo?
20 Y él, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo el pan en el plato.
21 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Mejor le fuera a aquel hombre si nunca hubiera nacido.
22 Y estando ellos comiendo, Jesús tomó pan y, bendiciéndolo, lo partió y les dio, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
23 Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos.
24 Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.
25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios.
26 Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
27 Jesús entonces les dijo: Todos seréis escandalizados de mí esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor y serán dispersadas las ovejas.
28 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, yo no.
30 Y le dijo Jesús: De cierto te digo que hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, tú me negarás tres veces.
31 Mas él con mayor insistencia decía: Aunque tenga que morir contigo, no te negaré También todos decían lo mismo.
32 Y llegaron a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro.
33 Y tomó consigo a Pedro y a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.
34 Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; esperad aquí y velad.
35 Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra y oró que, si fuera posible, pasara de él aquella hora.
36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú.
37 Y vino y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?
38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
39 Y volviéndose a ir, oró, y dijo las mismas palabras.
40 Y al volver, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.
41 Y vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya y descansad; basta, la hora ha llegado; he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.
42 Levantaos, vamos; he aquí, el que me entrega se acerca.
43 E inmediatamente, mientras él aún hablaba, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos.
44 Y el que lo entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es; prendedlo y llevadlo con seguridad.
45 Y cuando vino, se acercó inmediatamente a él y le dijo: Maestro, Maestro Y lo besó.
46 Entonces ellos echaron sus manos sobre él y lo prendieron.
47 Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja.
48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como a un ladrón habéis salido con espadas y palos para prenderme?
49 Cada día estaba con vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.
50 Entonces, dejándolo todos sus discípulos, huyeron.
51 Mas un joven lo seguía, cubierto con una sábana sobre el cuerpo desnudo; y los jóvenes lo prendieron;
52 mas él, dejando la sábana, huyó de ellos desnudo.
53 Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron a él todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas.
54 Mas Pedro lo siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles y calentándose al fuego.
55 Y los principales sacerdotes y todo el Concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarlo a la muerte; mas no lo hallaban.
56 Porque muchos daban falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban.
57 Entonces, levantándose algunos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:
58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo que es hecho por manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos.
59 Mas ni aun así concordaba el testimonio de ellos.
60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?
61 Mas él callaba y nada respondía El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?
62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo.
63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos lo condenaron como digno de muerte.
65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrir su rostro, y a darle bofetadas, y a decirle: Profetiza Y los alguaciles le daban bofetadas.
66 Y estando Pedro abajo en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;
67 y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándolo, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno.
68 Pero él lo negó diciendo: No lo conozco, ni sé lo que dices Y salió fuera, a la entrada; y cantó el gallo.
69 Y la criada, viéndolo otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es uno de ellos.
70 Pero él lo negó otra vez Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres uno de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante.
71 Y él comenzó a maldecir y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.
72 Y el gallo cantó la segunda vez; y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces Y pensando en esto, lloraba.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, puesto que sin ti no somos capaces de agradarte, concede misericordiosamente que tu Espíritu Santo dirija y gobierne nuestros corazones en todas las cosas, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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