Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 1 de marzo de 2026

Segundo Domingo de Cuaresma

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 1

1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se sentó en silla de escarnecedores;
2 sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.
3 Será como árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.
4 No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento.
5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio ni los pecadores en la congregación de los justos;
6 porque Jehová conoce el camino de los justos, mas el camino de los malos perecerá.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 2

1 ¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos piensan cosas vanas?
2 Se levantarán los reyes de la tierra, y los príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido diciendo:
3 Rompamos sus ataduras y echemos de nosotros sus cuerdas.
4 El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.
5 Entonces hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira.
6 Mas yo he puesto a mi rey sobre Sion, mi santo monte.
7 Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy.
8 Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra.
9 Los quebrantarás con vara de hierro; como vaso de alfarero los desmenuzarás.
10 Y ahora, reyes, entended; admitid corrección, jueces de la tierra.
11 Servid a Jehová con temor y alegraos con temblor.
12 Besad al Hijo, para que no se enoje y perezcáis en el camino, cuando se encienda de pronto su furor Bienaventurados todos los que en él confían.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 3

1 ¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos se levantan contra mí.
2 Muchos dicen de mi alma: No hay para él salvación en Dios Selah.
3 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
4 Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su santo monte Selah.
5 Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sostuvo.
6 No temeré de diez millares de gente que pusieren cerco contra mí.
7 Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; porque tú heriste a todos mis enemigos en la quijada; los dientes de los malos quebrantaste.
8 De Jehová es la salvación; sobre tu pueblo sea tu bendición Selah.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 4

1 Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí y oye mi oración.
2 Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad y buscaréis la mentira? Selah.
3 Sabed, pues, que Jehová hizo apartar al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clame.
4 Temblad y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando sobre vuestra cama, y callad Selah.
5 Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Jehová.
6 Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro.
7 Tú diste alegría en mi corazón, mayor que la de ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto.
8 En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque sólo tú, Jehová, me harás habitar confiado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 5

1 Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi meditación.
2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré.
3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré a ti y esperaré.
4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti.
5 No estarán los insensatos delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.
7 Mas yo, por la abundancia de tu misericordia, entraré en tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
8 Guíame, Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino.
9 Porque no hay en su boca rectitud; sus entrañas son maldades; sepulcro abierto es su garganta; con su lengua lisonjean.
10 Asólalos, oh Dios; caigan por sus propios consejos; por la multitud de sus transgresiones échalos, porque se rebelaron contra ti.
11 Y se alegrarán todos los que en ti confían; para siempre darán voces de júbilo, y tú los cubrirás; y en ti se regocijarán los que aman tu nombre.
12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; lo cercarás de benevolencia como con un escudo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Génesis 27

1 Y aconteció que, cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío Y él le respondió: Heme aquí.
2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.
3 Ahora pues, te ruego, toma tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cázame alguna presa;
4 y hazme un guisado sabroso como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que te bendiga mi alma antes que muera.
5 Y Rebeca estaba escuchando cuando hablaba Isaac a Esaú, su hijo; y se fue Esaú al campo para cazar la presa que había de traer.
6 Entonces Rebeca habló a Jacob, su hijo, diciendo: He aquí yo he escuchado a tu padre que hablaba con Esaú, tu hermano, diciendo:
7 Tráeme caza y hazme un guisado sabroso, para que coma y te bendiga delante de Jehová antes de mi muerte.
8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando;
9 ve ahora al ganado y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré con ellos un guisado sabroso para tu padre, como a él le gusta.
10 Y tú lo llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.
11 Y Jacob dijo a Rebeca, su madre: He aquí, mi hermano Esaú es hombre velloso, y yo lampiño.
12 Quizás me palpe mi padre, y sea a sus ojos como burlador, y traiga sobre mí maldición y no bendición.
13 Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí sea tu maldición; solamente obedece a mi voz, y ve y tráemelos.
14 Entonces él fue, y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo un guisado sabroso como a su padre le gustaba.
15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú, su hijo mayor, los más preciosos que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor.
16 Y cubrió sus manos y la cerviz donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos de las cabras,
17 y entregó el guisado sabroso y el pan que había hecho en mano de Jacob, su hijo.
18 Y él fue a su padre y dijo: Padre mío; y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres hijo mío?
19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú, tu primogénito; he hecho como me dijiste Levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.
20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que se encontrara delante de mí.
21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no.
22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac; y él lo palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, mas las manos son las manos de Esaú.
23 Y no lo reconoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y lo bendijo.
24 Y dijo: ¿tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy.
25 Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma Y él se la acercó, y comió; le trajo también vino, y bebió.
26 Y le dijo Isaac, su padre: Acércate ahora y bésame, hijo mío.
27 Y él se acercó y lo besó; y olió el olor de sus vestidos, y lo bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido.
28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto.
29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.
30 Y aconteció, luego que Isaac hubo acabado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de su padre Isaac, que Esaú, su hermano, volvió de su cacería.
31 E hizo él también un guisado sabroso, y lo trajo a su padre, y dijo a su padre: Levántese mi padre y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma.
32 Entonces Isaac, su padre, le dijo: ¿Quién eres tú? Y él dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.
33 Y se estremeció Isaac con gran estremecimiento, y dijo: ¿Quién es el que cazó una presa, y me la trajo, y comí de todo antes que vinieras? Yo lo bendije, y será bendito.
34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y dijo a su padre: ¡Bendíceme también a mí, padre mío!
35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño y tomó tu bendición.
36 Y él respondió: ¿No llamaron por eso su nombre Jacob? Pues ya me ha suplantado dos veces: tomó mi primogenitura y he aquí, ahora ha tomado mi bendición Y dijo: ¿No has guardado una bendición para mí?
37 E Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino lo he provisto; y a ti, ¿qué te haré ahora, hijo mío?
38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío Y alzó Esaú su voz y lloró.
39 Entonces Isaac, su padre, habló y le dijo: He aquí, será tu habitación lejos de las grosuras de la tierra y lejos del rocío de los cielos de arriba;
40 y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te enseñorees, que descargarás su yugo de tu cerviz.
41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre lo había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.
42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor, y ella envió a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: He aquí, tu hermano Esaú, en cuanto a ti, se consuela con la idea de matarte.
43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a Labán, mi hermano, a Harán,
44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue,
45 hasta que se mitigue la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de lo que le has hecho; entonces yo enviaré a traerte de allá ¿Por qué seré privada de vosotros dos en un día?
46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida a causa de las hijas de Het Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 12

1 En esto, juntándose la multitud por millares, tanto que se pisaban unos a otros, comenzó a decir a sus discípulos: Primeramente guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
2 Porque nada hay encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.
3 Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, a la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en los aposentos, será pregonado en los terrados.
4 Mas os digo a vosotros mis amigos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.
5 Mas os enseñaré a quién debéis temer: temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a este temed.
6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados Así que, no temáis; más valéis que muchos pajarillos.
8 Y os digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del hombre lo confesará delante de los ángeles de Dios.
9 Mas el que me niegue delante de los hombres será negado delante de los ángeles de Dios.
10 Y todo aquel que hable alguna palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
11 Y cuando os traigan a las sinagogas, y a los magistrados y a las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir;
12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.
13 Y le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros?
15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de la avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16 Y les refirió una parábola, diciendo: Las tierras de un hombre rico habían producido mucho;
17 y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde juntar mis frutos?
18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;
19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.
20 Pero le dijo Dios: Necio, esta noche van a pedir tu alma; y lo que has preparado, ¿para quién será?
21 Así es el que hace para sí tesoro y no es rico para con Dios.
22 Y dijo a sus discípulos: Por eso os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, con qué os vestiréis.
23 La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.
24 Considerad los cuervos, que no siembran ni siegan; que no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta ¿Cuánto más valéis vosotros que las aves?
25 Mas, ¿quién de vosotros podrá, con afanarse, añadir a su estatura un codo?
26 Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?
27 Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan; mas os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, se vistió así como uno de ellos.
28 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
29 Vosotros, pues, no busquéis qué habréis de comer o qué habréis de beber, ni estéis ansiosos.
30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.
31 Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
32 No temas, manada pequeña, porque le ha placido a vuestro Padre daros el reino.
33 Vended vuestras posesiones, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta, donde el ladrón no se acerca ni la polilla destruye.
34 Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
35 Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;
36 y vosotros sed semejantes a hombres que esperan a su señor cuando ha de volver de las bodas, para que cuando venga y llame, le abran en seguida.
37 Bienaventurados aquellos siervos a quienes, cuando el Señor venga, los halle velando De cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá y les servirá.
38 Y aunque venga a la segunda vigilia o venga a la tercera vigilia, y los halle así, bienaventurados son aquellos siervos.
39 Pero sabed esto, que si supiera el padre de familia a qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente y no lo dejaría minar su casa.
40 Vosotros, pues, también estad preparados; porque a la hora que no penséis, el Hijo del hombre vendrá.
41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?
42 Y dijo el Señor: ¿Quién es, pues, el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su casa para que les dé su ración a tiempo?
43 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así.
44 En verdad os digo que él lo pondrá sobre todos sus bienes.
45 Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a herir a los criados y a las criadas, y a comer y a beber y a embriagarse,
46 vendrá el señor de aquel siervo en el día que no espera, y a la hora que no sabe, y lo cortará en dos; y pondrá su parte con los infieles.
47 Y aquel siervo, que entendió la voluntad de su señor y no se preparó ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho.
48 Mas el que no entendió, e hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien le fue dado mucho, mucho se le demandará; y al que encomendaron mucho, más se le pedirá.
49 Fuego vine a echar en la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido!
50 De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!
51 ¿Pensáis que he venido a dar paz a la tierra? No, os digo, sino división.
52 Porque de aquí en adelante cinco en una casa estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres.
53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
54 Y decía también a las multitudes: Cuando veis una nube que sale del poniente, luego decís: Viene lluvia; y es así.
55 Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace.
56 ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿cómo, pues, no distinguís este tiempo?
57 ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58 Cuando, pues, vayas al magistrado con tu adversario, procura arreglarte con él en el camino, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
59 Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado la última moneda.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso, que ves que no tenemos poder por nosotros mismos para ayudarnos: Guárdanos tanto exteriormente en nuestros cuerpos como interiormente en nuestras almas, para que seamos defendidos de todas las adversidades que puedan suceder al cuerpo, y de todos los malos pensamientos que puedan asaltar y herir el alma, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Dios todopoderoso y eterno, que no aborreces nada de lo que has hecho, y perdonas los pecados de todos los que se arrepienten: Crea y haz en nosotros corazones nuevos y contritos, para que nosotros, lamentando debidamente nuestros pecados y reconociendo nuestra miseria, obtengamos de ti, el Dios de toda misericordia, perfecta remisión y perdón, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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