Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 22 de enero de 2026

Jueves de la Segunda Semana después de Epifanía

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Sagradas Escrituras nos exhortan en muchos lugares a confesar y reconocer la multitud de nuestros pecados y maldades, y a no disimularlas ni ocultarlas ante nuestro Dios y Padre celestial, sino a confesarlas con un corazón humilde, contrito y penitente, para alcanzar el perdón de ellas por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos hacer una humilde confesión de nuestras culpas ante su divina presencia, esta obligación es especialmente necesaria cuando nos reunimos para darle gracias por los grandes e inefables beneficios que recibimos de su generosa mano, para proclamar su alabanza, escuchar su santa Palabra y pedirle todo lo necesario, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los que están aquí presentes que, con un corazón verdaderamente humillado, me acompañen diciendo:

Confesión General

Padre Todopoderoso y misericordioso, nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido demasiado los deseos y anhelos de nuestro propio corazón. Hemos quebrantado tus santos mandamientos. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho lo que no debíamos y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restablece a los que se arrepienten, según tus promesas declaradas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por amor a él, concédenos, oh Padre misericordioso, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y que ha otorgado poder y mandato a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y el perdón de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que las obras que ahora realizamos le sean agradables, y para que nuestra vida de aquí en adelante sea pura y santa, de modo que finalmente podamos gozar de su gloria eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Señor, apresúrate a socorrernos.

Señor, date prisa en ayudarnos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabado sea el Señor.

El nombre del Señor sea alabado.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 107

1 Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.
2 Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido de mano del enemigo.
3 y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur.
4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, no hallando ciudad donde habitar.
5 Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos.
6 Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones,
7 y los dirigió por camino derecho, para que vinieran a ciudad donde habitar.
8 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres,
9 porque sació al alma menesterosa y llenó de bien al alma hambrienta.
10 Moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros,
11 por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová y aborrecieron el consejo del Altísimo.
12 Por lo que él quebrantó con trabajo sus corazones; cayeron y no hubo quien los ayudara.
13 Luego que clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones;
14 los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.
15 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres,
16 porque quebrantó las puertas de bronce y desmenuzó los cerrojos de hierro.
17 Los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus iniquidades, fueron afligidos.
18 Su alma abominó todo alimento y llegaron hasta las puertas de la muerte.
19 Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los salvó de sus aflicciones.
20 Envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.
21 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres;
22 y ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.
23 Los que descienden al mar en navíos y hacen negocio en las muchas aguas,
24 ellos han visto las obras de Jehová y sus maravillas en las profundidades.
25 Pues él habló y alzó el viento tempestuoso que levanta sus olas.
26 Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal.
27 Tiemblan y titubean como borrachos, y todo su conocimiento se pierde.
28 Entonces claman a Jehová en su angustia, y él los libra de sus aflicciones.
29 Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus olas.
30 Luego se alegran porque se aquietaron, y él los guía al puerto que deseaban.
31 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
32 Y ensálcenlo en la congregación del pueblo, y en el consejo de ancianos lo alaben.
33 Él convierte los ríos en desierto y los manantiales de las aguas en sequedales;
34 la tierra fructífera en lugares salados, por la maldad de los que la habitan.
35 Convierte el desierto en estanques de aguas y la tierra seca en manantiales de aguas.
36 Y allí hace morar a los hambrientos, y establecen ciudad donde habitar;
37 y siembran campos, y plantan viñas, y producen abundante fruto.
38 Y los bendice, y se multiplican en gran manera; y él no disminuye sus bestias.
39 Después disminuyen y son abatidos a causa de tiranía, de males y congojas.
40 Él derrama menosprecio sobre los príncipes y los hace andar errantes por un desierto sin camino;
41 y levanta al pobre de la miseria, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.
42 Véanlo los rectos y alégrense, y toda maldad cierre su boca.
43 ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Génesis 42

1 Y viendo Jacob que en Egipto había trigo, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando?
2 Y dijo: He aquí, he oído que hay trigo en Egipto; descended allá y comprad trigo de allí para nosotros, para que podamos vivir y no muramos.
3 Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto.
4 Mas a Benjamín, hermano de José, no envió Jacob con sus hermanos, porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre.
5 Y fueron los hijos de Israel a comprar trigo entre los que iban, porque había hambre en la tierra de Canaán.
6 Y José era el señor de la tierra, el que vendía trigo a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José y se inclinaron a él rostro en tierra.
7 Y cuando José vio a sus hermanos, los reconoció; pero hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Y ellos respondieron: De la tierra de Canaán, a comprar alimentos.
8 José, pues, reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.
9 Entonces se acordó José de los sueños que había soñado acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; para ver lo desprotegido del país habéis venido.
10 Y ellos le respondieron: No, señor mío, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos.
11 Todos nosotros somos hijos de un mismo varón, nosotros somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías.
12 Y él les dijo: No, sino que para ver lo desprotegido del país habéis venido.
13 Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y el otro ya no está.
14 Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías.
15 En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí a menos que vuestro hermano menor venga aquí.
16 Enviad a uno de vosotros, y que traiga a vuestro hermano; y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías.
17 Y los puso juntos a todos en la cárcel por tres días.
18 Y al tercer día les dijo José: Haced esto y vivid: Yo temo a Dios.
19 Si sois hombres honrados, quédese preso en la casa en la que estáis encarcelados uno de vuestros hermanos; y vosotros id, llevad el trigo para el hambre de vuestras casas;
20 pero me traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis Y ellos lo hicieron así.
21 Y se decían el uno al otro: Verdaderamente somos culpables por nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba y no lo escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
22 Entonces Rubén les respondió diciendo: ¿No os hablé yo diciendo: No pequéis contra el muchacho; y no escuchasteis? He aquí, su sangre también es requerida.
23 Y ellos no sabían que José los entendía, porque había intérprete entre ellos.
24 Y se apartó él de ellos y lloró; después volvió a ellos y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo apresó a la vista de ellos.
25 Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo y devolvieran el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y que les dieran comida para el camino; y se hizo así con ellos.
26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos y se fueron de allí.
27 Y abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, he aquí, vio su dinero que estaba en la boca de su costal.
28 Y dijo a sus hermanos: Se me ha devuelto mi dinero, y helo aquí también en mi saco Entonces el corazón se les sobresaltó, y espantados se dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?
29 Cuando llegaron a Jacob, su padre, en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido, diciendo:
30 Aquel varón, el señor de la tierra, nos habló ásperamente y nos trató como a espías de la tierra;
31 y nosotros le dijimos: Nosotros somos hombres honrados, nunca fuimos espías.
32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno ya no está, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.
33 Y aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo a uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad,
34 y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a vuestro hermano y negociaréis en la tierra.
35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba la bolsa de su dinero; y viendo ellos y su padre las bolsas de su dinero, tuvieron temor.
36 Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis dejado sin hijos; José ya no está, Simeón tampoco está, y os llevaréis a Benjamín; contra mí son todas estas cosas.
37 Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo te lo devolveré.
38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Mateo 20

1 Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, señor de la casa, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.
2 Y habiendo convenido con los obreros un denario al día, los envió a su viña.
3 Y saliendo cerca de la hora tercera, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;
4 y les dijo: Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo Y ellos fueron.
5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.
6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados, y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?
7 Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado Les dijo: Id también vosotros a la viña y recibiréis lo que sea justo.
8 Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su administrador: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
9 Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
10 Y viniendo los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.
11 Y tomándolo, murmuraban contra el señor de la casa,
12 diciendo: Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.
13 Y él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿no conviniste conmigo en un denario?
14 Toma lo que es tuyo y vete; pero quiero dar a este postrero lo mismo que a ti.
15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes envidia porque yo soy bueno?
16 Así los postreros serán primeros, y los primeros postreros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
17 Y subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino y les dijo:
18 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte;
19 y lo entregarán a los gentiles para que lo escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.
20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándolo, y pidiéndole algo.
21 Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, uno a tu mano derecha y el otro a tu izquierda, en tu reino.
22 Entonces Jesús, respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís ¿Podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos le dijeron: Podemos.
23 Y él les dijo: A la verdad mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.
24 Y cuando los diez oyeron esto, se enojaron con los dos hermanos.
25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.
26 Pero entre vosotros no será así, sino que el que quiera entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;
27 y el que quiera ser el primero entre vosotros, sea vuestro siervo;
28 como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
29 Y al salir ellos de Jericó, lo seguía una gran multitud.
30 Y he aquí dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
31 Y la gente los reprendía para que callaran; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
32 Y Jesús, deteniéndose, los llamó y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros?
33 Ellos le dijeron: Señor, que nuestros ojos sean abiertos.
34 Entonces Jesús, teniendo misericordia de ellos, les tocó los ojos, y en seguida sus ojos recibieron la vista; y lo siguieron.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Señor, salva a los gobernantes.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Llena a tus ministros de virtudes.

Y da alegría a tu pueblo elegido.

Señor Dios, defiende a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, purifica nuestros corazones.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas todas las cosas en el cielo y en la tierra: Escucha misericordiosamente las súplicas de tu pueblo, y concédenos tu paz todos los días de nuestra vida, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, de cuyo conocimiento depende nuestra vida eterna, y cuyo servicio es plena libertad; defiende a estos tus humildes siervos en todos los ataques de nuestros enemigos, para que confiando plenamente en tu protección, no tengamos motivo de temer el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Señor, nuestro Padre celestial, eterno y Todopoderoso, que nos has llevado con seguridad al comienzo de este día: guárdanos en él con tu gran poder, y concede que hoy no caigamos en ningún pecado ni enfrentemos peligro alguno; antes bien, que todas nuestras acciones sean dirigidas por tu guía, para que siempre hagamos lo que es justo y agradable a tus ojos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios Todopoderoso, cuyo reino es eterno y cuyo poder es infinito: ten misericordia de toda esta tierra, y gobierna de tal manera los corazones de todos los que tienen autoridad [especialmente — ], para que, reconociendo de quién son ministros, busquen sobre todas las cosas tu honor y gloria; y para que nosotros, junto con todo el pueblo, considerando debidamente de quién proviene la autoridad que ellos ejercen, los honremos fiel y obedientemente, conforme a tu bendita palabra y ordenanza. Por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios Todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas; envía sobre nuestros obispos y pastores, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que realmente te agraden, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro abogado y mediador, Jesucristo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios Todopoderoso, que nos has dado gracia para que en este momento te presentemos nuestras súplicas en común; y has prometido que cuando dos o tres estén congregados en tu nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según les convenga más, concediéndonos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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