Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 23 de abril de 2025

Miércoles de Pascua

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 110

1 Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
2 Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder: Domina en medio de tus enemigos.
3 Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad; desde el seno de la aurora, tienes tú el rocío de tu juventud.
4 Juró Jehová y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
5 El Señor está a tu diestra; herirá a los reyes en el día de su furor.
6 Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; herirá la cabeza que domina sobre muchas tierras.
7 Beberá del arroyo en el camino, por lo cual levantará la cabeza.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 111

1 Alabaré a Jehová con todo el corazón en la compañía y congregación de los rectos.
2 Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.
3 Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.
4 Hizo memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová.
5 Dio alimento a los que lo temen; para siempre se acordará de su pacto.
6 El poder de sus obras anunció a su pueblo, dándoles la heredad de las naciones.
7 Las obras de sus manos son verdad y juicio; fieles son todos sus preceptos,
8 afirmados eternamente y para siempre, hechos en verdad y rectitud.
9 Redención ha enviado a su pueblo; para siempre ha ordenado su pacto Santo y temible es su nombre.
10 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que ponen por obra sus mandamientos; su loor permanece para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 112

1 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
2 Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita.
3 Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre.
4 Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, y misericordioso, y justo.
5 El hombre bueno tiene misericordia y presta; gobierna sus cosas con juicio.
6 Por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo.
7 No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová.
8 Asegurado está su corazón, no temerá, hasta que vea en sus enemigos la venganza.
9 Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre; su cuerno será ensalzado en gloria.
10 Lo verá el impío y se irritará; crujirá los dientes y se consumirá; el deseo de los impíos perecerá.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 113

1 Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.
2 Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y para siempre.
3 Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.
4 Ensalzado sobre todas las naciones es Jehová, sobre los cielos su gloria.
5 ¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en lo alto,
6 que se humilla a mirar en los cielos y en la tierra?
7 Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del estercolero,
8 para hacerlo sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.
9 Él hace habitar en familia a la estéril, gozosa de ser madre de hijos Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

2 Samuel 18

1 David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo y puso sobre ellos jefes de mil y jefes de cien.
2 Y David envió una tercera parte del pueblo al mando de Joab, y una tercera parte al mando de Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai, el geteo Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.
3 Pero el pueblo dijo: No saldrás, porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; pero tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros Será, pues, mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad.
4 Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os parezca Y se puso el rey junto a la puerta, mientras salía todo el pueblo de cien en cien y de mil en mil.
5 Y el rey mandó a Joab y a Abisai y a Itai, diciendo: Tratadme benignamente al joven Absalón Y todo el pueblo oyó cuando el rey mandó a todos los capitanes acerca de Absalón.
6 Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se libró la batalla en el bosque de Efraín.
7 Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, y se hizo allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres.
8 Y se extendió allí la batalla sobre la faz de toda la tierra, y fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo aquel día que los que consumió la espada.
9 Y se encontró Absalón con los siervos de David; y Absalón iba sobre un mulo, y el mulo entró por debajo del ramaje de una gran encina, y se le trabó la cabeza en la encina, y quedó suspendido entre el cielo y la tierra, y el mulo que estaba debajo de él pasó adelante.
10 Y un hombre lo vio y avisó a Joab diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de una encina.
11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y he aquí, viéndolo tú, ¿por qué no lo heriste allí derribándolo a tierra? Entonces te habría tenido que dar diez siclos de plata y un cinturón.
12 Y el hombre dijo a Joab: Aunque se me pesara en mis manos mil siclos de plata, no extendería yo mi mano contra el hijo del rey, porque a oídos nuestros el rey te mandó a ti, y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón.
13 De otra manera yo habría hecho traición contra mi vida (pues al rey nada se le esconde), y tú mismo te habrías puesto en contra de mí.
14 Y respondió Joab: No voy a perder tiempo contigo Y tomando tres dardos en sus manos, los clavó en el corazón de Absalón mientras todavía estaba vivo en medio de la encina.
15 Cercándolo luego diez jóvenes escuderos de Joab, hirieron a Absalón y lo mataron.
16 Entonces Joab tocó la trompeta y el pueblo regresó de perseguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.
17 Tomando después a Absalón, lo echaron en un gran hoyo en el bosque y levantaron sobre él un montón muy grande de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a su tienda.
18 Y durante su vida, Absalón había tomado y se había erigido una columna, la cual está en el valle del Rey, porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre Y llamó aquella columna por su nombre; y se llamó el Monumento de Absalón, hasta hoy.
19 Entonces Ahimaas, hijo de Sadoc, dijo: Correré ahora y daré las nuevas al rey de que Jehová ha juzgado su causa de la mano de sus enemigos.
20 Y respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro día; no darás hoy las nuevas, porque el hijo del rey ha muerto.
21 Y Joab dijo al etíope: Ve tú y di al rey lo que has visto Y el etíope hizo reverencia ante Joab y corrió.
22 Entonces Ahimaas, hijo de Sadoc, volvió a decir a Joab: Sea lo que fuere, yo también correré ahora tras el etíope Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has de correr tú, pues no tienes buenas nuevas que dar?
23 Mas él respondió Sea lo que fuere, yo correré Entonces le dijo: Corre Corrió, pues, Ahimaas por el camino de la llanura y pasó delante del etíope.
24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el centinela había ido al terrado de sobre la puerta, en el muro, y alzando sus ojos, miró y vio a uno que corría solo.
25 Y el centinela dio voces y lo hizo saber al rey Y el rey dijo: Si viene solo, buenas nuevas trae. En tanto que él iba acercándose,
26 vio el centinela a otro hombre que corría; y dio voces el centinela al portero diciendo: He aquí otro hombre que corre solo Y el rey dijo: Este también es mensajero.
27 Y el centinela volvió a decir: Me parece el correr del primero como el correr de Ahimaas, hijo de Sadoc Y respondió el rey: Ese es hombre de bien y viene con buenas nuevas.
28 Entonces Ahimaas clamó y dijo al rey: Paz Y se inclinó a tierra delante del rey y dijo: Bendito sea Jehová tu Dios, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.
29 Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi un gran alboroto cuando Joab envió al siervo del rey y a mí, tu siervo, mas no sé qué era.
30 Y el rey dijo: Pasa y ponte allí Y él pasó y se quedó de pie.
31 Y luego el etíope llegó, y dijo el etíope: Reciba nuevas mi señor el rey, que hoy Jehová ha juzgado tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti.
32 El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey y todos los que se levantan contra ti para mal.
33 Entonces el rey se turbó, y subió a la sala que estaba encima de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 20

1 Y después que cesó el alboroto, llamando Pablo a los discípulos y habiéndolos abrazado, partió para ir a Macedonia.
2 Y después de recorrer aquellas regiones, y exhortándolos con abundancia de palabra, vino a Grecia.
3 Y después de haber estado allí tres meses, y habiendo de navegar a Siria, le fueron puestas asechanzas por los judíos; y así tomó la decisión de volver por Macedonia.
4 Y lo acompañaron hasta Asia Sópater de Berea; Aristarco y Segundo de Tesalónica; y Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo.
5 Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas.
6 Y nosotros, pasados los días de los Panes sin levadura, navegamos desde Filipos y fuimos a ellos a Troas en cinco días, donde nos quedamos siete días.
7 Y el primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente, y alargó el discurso hasta la medianoche.
8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos.
9 Y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, fue cayendo en un sueño profundo mientras Pablo disertaba largamente, hasta que vencido del sueño, del tercer piso se cayó abajo, y fue levantado muerto.
10 Entonces Pablo descendió y se echó sobre él, y abrazándolo, dijo: No os alarméis, pues su alma está en él.
11 Después de haber subido, de partir el pan y de comer, habló largamente hasta el alba, y así partió.
12 Y llevaron vivo al muchacho, y fueron grandemente consolados.
13 Y nosotros, adelantándonos a subir al barco, navegamos a Asón para recoger allí a Pablo, pues así lo había determinado, queriendo él ir por tierra.
14 Y cuando se encontró con nosotros en Asón, lo tomamos a bordo y llegamos a Mitilene.
15 Y navegando desde allí, al día siguiente llegamos delante de Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo reposado en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto.
16 Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuera posible, en Jerusalén.
17 Y enviando un mensaje desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.
18 Y cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado con vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia,
19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos;
20 cómo nada que fuera útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,
21 testificando a judíos y a gentiles del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
22 Y ahora, he aquí, atado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer;
23 salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan.
24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.
26 Por tanto, yo os declaro en el día de hoy que yo estoy limpio de la sangre de todos,
27 porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.
28 Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual ganó por su propia sangre.
29 Porque yo sé esto, que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño;
30 y que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para llevar discípulos tras sí.
31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.
32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, el cual es poderoso para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.
33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado.
34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido.
35 En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario socorrer a los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.
36 Y cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas y oró con todos ellos.
37 Entonces hubo un gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, lo besaban,
38 afligidos en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro Y lo acompañaron al barco.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso, que por medio de tu Hijo unigénito Jesucristo has vencido la muerte y abierto para nosotros la puerta de la vida eterna: Humildemente te suplicamos que así como por tu gracia especial que nos precede pones en nuestras mentes buenos deseos, así también con tu ayuda continua podamos llevarlos a buen término, por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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