Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
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Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 8 de abril de 2025

Martes de la Quinta Semana de Cuaresma

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 38

1 Jehová, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira.
2 Porque tus saetas penetraron en mí, y sobre mí ha caído tu mano.
3 Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado.
4 Porque mis iniquidades han pasado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.
5 Hieden y supuran mis llagas a causa de mi locura.
6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día,
7 porque mis lomos están llenos de ardor, y nada hay sano en mi carne.
8 Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa de la conmoción de mi corazón.
9 Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto.
10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.
11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen apartados de mi plaga, y mis cercanos se mantienen lejos.
12 Y los que buscan mi alma arman lazos, y los que procuran mi mal hablan iniquidades y meditan fraudes todo el día.
13 Pero yo, como si fuera sordo, no oigo, y estoy como un mudo que no abre su boca.
14 Soy, pues, como un hombre que no oye y en cuya boca no hay reprensiones.
15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, Jehová, Dios mío.
16 Porque dije: No se alegren de mí; cuando mi pie resbalaba, sobre mí se engrandecían.
17 Porque yo estoy a punto de caer, y mi dolor está delante de mí continuamente.
18 Por tanto, declararé mi iniquidad, me contristaré por mi pecado.
19 Pero mis enemigos están vivos y fuertes, y se han aumentado los que me aborrecen sin causa;
20 y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
21 No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí.
22 Apresúrate a ayudarme, oh Señor, salvación mía.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 39

1 Yo dije: Atenderé a mis caminos para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.
2 Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno, y se agravó mi dolor.
3 Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego, y así proferí con mi lengua:
4 Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.
5 He aquí, como la largura de unos palmos hiciste mis días, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive Selah.
6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.
8 Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del insensato.
9 Enmudecí, no abrí mi boca, porque tú lo hiciste.
10 Quita de sobre mí tu plaga; por la hostilidad de tu mano yo estoy consumido.
11 Con castigos por la iniquidad corriges al hombre, y haces que se consuma, como la polilla, su deseo; ciertamente vanidad es todo hombre Selah.
12 Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor, no calles ante mis lágrimas; porque yo soy peregrino para contigo y advenedizo, como todos mis padres.
13 Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 40

1 Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor;
2 y me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, y puso mis pies sobre peña, y afirmó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová.
4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios ni a los que se desvían tras la mentira.
5 Has aumentado tú, oh Jehová Dios mío, tus maravillas y tus pensamientos para con nosotros; no es posible contarlos ante ti; si yo los anunciare y hablare de ellos, son demasiados para ser enumerados.
6 Sacrificio y ofrenda no te agradan; has abierto mis oídos; holocausto y expiación por el pecado no has demandado.
7 Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí;
8 el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mis entrañas.
9 He anunciado justicia en la gran congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes.
10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; tu fidelidad y tu salvación he proclamado; no oculté tu misericordia y tu verdad en la gran congregación.
11 Tú, Jehová, no apartes de mí tus misericordias; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
12 Porque me han cercado males sin número; me han alcanzado mis iniquidades y no puedo levantar la vista; se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece.
13 Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme.
14 Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para cortarla; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean.
15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!
16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea ensalzado.
17 Aunque yo esté afligido y necesitado, Jehová pensará en mí Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

1 Samuel 19

1 Y habló Saúl a Jonatán, su hijo, y a todos sus siervos, para que mataran a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, se complacía en David en gran manera.
2 Y dio aviso a David diciendo: Saúl, mi padre, procura matarte; ahora, pues, ten cuidado durante la mañana, y quédate en un lugar oculto, y escóndete;
3 y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde estés, y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo que vea.
4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl, su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque no ha pecado contra ti y porque sus obras han sido muy buenas para contigo;
5 pues él arriesgó su vida e hirió al filisteo, y Jehová hizo una gran salvación para todo Israel Tú lo viste y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás contra sangre inocente, matando a David sin causa?
6 Y oyendo Saúl la voz de Jonatán, juró: Vive Jehová, que no morirá.
7 Entonces Jonatán llamó a David, y Jonatán le declaró todas estas palabras; y él mismo presentó a David ante Saúl, y estuvo delante de él como antes.
8 Y volvió a haber guerra; y David salió y peleó contra los filisteos, y los hirió con gran mortandad, y huyeron delante de él.
9 Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando sentado en su casa, tenía una lanza en su mano mientras David tañía con la mano.
10 Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza en la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó y se escapó aquella noche.
11 Y Saúl envió mensajeros a casa de David para que lo vigilaran y para matarlo a la mañana Pero Mical, su mujer, avisó a David diciendo: Si no salvas tu vida esta noche, mañana estarás muerto.
12 Y Mical descolgó a David por una ventana; y él se fue, y huyó, y se escapó.
13 Tomó luego Mical una estatua, y la puso sobre la cama, y puso a su cabecera una almohada de pelo de cabra, y la cubrió con la ropa.
14 Y cuando Saúl envió mensajeros para prender a David, ella respondió: Está enfermo.
15 Y Saúl envió mensajeros para que vieran a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
16 Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la cama y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
17 Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has engañado así y has dejado escapar a mi enemigo? Y Mical respondió a Saúl: Él me dijo: Déjame ir; ¿por qué he de matarte?
18 Huyó, pues, David, y se escapó, y fue a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él Y se fueron él y Samuel y moraron en Naiot.
19 Y fue dado aviso a Saúl diciendo: He aquí que David está en Naiot, en Ramá.
20 Y envió Saúl mensajeros para que prendieran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí y los presidía Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.
21 Y dieron aviso a Saúl, y él envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron Y Saúl volvió a enviar por tercera vez mensajeros, y ellos también profetizaron.
22 Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y le respondieron: He aquí que están en Naiot, en Ramá.
23 Y fue allá, a Naiot, en Ramá, y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y fue profetizando hasta que llegó a Naiot, en Ramá.
24 Y él también se quitó su vestido, y profetizó también él delante de Samuel, y cayó por tierra desnudo todo aquel día y toda aquella noche De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas?

BENEDICITE, OMNIA OPERA

Bendecid al Señor, todas las obras del Señor:

alabadle y ensalzadle por siempre.

Bendecid, cielos, al Señor,

bendecid al Señor, Ángeles del Señor.

Bendecid al Señor todas las aguas que hay sobre los cielos:

bendiga todo poder al Señor.

Bendecid al Señor, sol y luna:

estrellas del cielo, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, toda la lluvia y el rocío:

todos los vientos, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, el fuego y el calor:

frío y calor, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, rocíos y escarchas:

hielo y frío, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, hielos y nieves:

noches y días, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, luz y tinieblas:

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor:

alábele y ensálcele por siempre.

Bendecid al Señor, montes y collados:

todas las cosas que germinan en la tierra,

bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, mares y ríos:

fuentes, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor,

ballenas y todo lo que vive en el mar:

todas las aves del cielo, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, todos los animales y ganados:

bendecid, hijos de los hombres, al Señor.

Bendice, Israel al Señor:

alabadle y ensalzadle por siempre.

Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor:

bendecid al Señor, siervos del Señor.

Bendecid al Señor, espíritus y almas de los justos:

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, Ananías, Azarías y Misael:

alabadle y ensalzadle por siempre.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:

alabémosle y ensalcémosle por siempre.

Bendito eres en el firmamento del cielo:

y loable y glorioso por siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 5

1 Pero cierto varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión,
2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del precio de la heredad?
4 Reteniéndola, ¿no quedaba para ti? , y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5 Entonces Ananías, al oír estas palabras, cayó y expiró Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
6 Y levantándose los jóvenes, lo tomaron, y sacándolo, lo sepultaron.
7 Y, pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.
10 Y al instante cayó a los pies de él y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
11 Y vino un gran temor sobre toda la iglesia y sobre todos los que oyeron estas cosas.
12 Y por mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
13 Y de los otros, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
14 Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número de hombres como de mujeres;
15 tanto que sacaban los enfermos por las calles, y los ponían en lechos y en camillas para que, al pasar Pedro, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.
16 Y también se juntaba la multitud de las ciudades vecinas en Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; todos los cuales eran sanados.
17 Entonces, levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, que eran de la secta de los saduceos, se llenaron de celos;
18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.
19 Mas un ángel del Señor abrió de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo:
20 Id, y puestos en pie en el Templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
21 Y habiendo oído esto, entraron de mañana en el Templo y enseñaban Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al Concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron alguaciles a la cárcel para que fueran traídos.
22 Mas cuando llegaron los alguaciles y no los hallaron en la cárcel, volvieron y dieron aviso,
23 diciendo: Ciertamente, hemos hallado la cárcel cerrada con toda seguridad, y a los guardias que estaban delante de las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
24 Y cuando el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del Templo y los principales sacerdotes oyeron estas palabras, se quedaron perplejos en cuanto a ellos, en qué vendría a parar aquello.
25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel están en el Templo y enseñan al pueblo.
26 Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.
27 Y cuando los trajeron, los presentaron en el Concilio; y el sumo sacerdote les preguntó,
28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñarais en este nombre? Y he aquí, habéis llenado Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.
29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo en un madero.
31 A este ha ensalzado Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados.
32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que lo obedecen.
33 Ellos, oyendo esto, se enfurecieron y resolvieron matarlos.
34 Entonces levantándose en el Concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, honrado por todo el pueblo, mandó que sacaran fuera por un momento a los apóstoles.
35 Y les dijo: Varones israelitas, tened cuidado con lo que vais a hacer con respecto a estos hombres.
36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se le unió un número como de cuatrocientos hombres; el cual fue muerto, y todos los que lo seguían fueron dispersados y reducidos a nada.
37 Después de este, se levantó Judas, el galileo, en los días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí Pereció también él, y todos los que lo seguían fueron dispersados.
38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres y dejadlos, porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá;
39 pero si es de Dios, no la podréis deshacer; no sea que vosotros seáis hallados resistiendo a Dios.
40 Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús, y los soltaron.
41 Y ellos salieron de delante del Concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de Jesús.
42 Y todos los días, en el Templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar el evangelio de Jesucristo.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Te suplicamos, Dios todopoderoso, que mires misericordiosamente a tu pueblo, para que por tu gran bondad sean gobernados y guardados para siempre, tanto en cuerpo como en alma, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Dios todopoderoso y eterno, que no aborreces nada de lo que has hecho, y perdonas los pecados de todos los que se arrepienten: Crea y haz en nosotros corazones nuevos y contritos, para que nosotros, lamentando debidamente nuestros pecados y reconociendo nuestra miseria, obtengamos de ti, el Dios de toda misericordia, perfecta remisión y perdón, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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