Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 14 de marzo de 2025

Viernes de la Primera Semana de Cuaresma

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Sagradas Escrituras nos exhortan en muchos lugares a confesar y reconocer la multitud de nuestros pecados y maldades, y a no disimularlas ni ocultarlas ante nuestro Dios y Padre celestial, sino a confesarlas con un corazón humilde, contrito y penitente, para alcanzar el perdón de ellas por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos hacer una humilde confesión de nuestras culpas ante su divina presencia, esta obligación es especialmente necesaria cuando nos reunimos para darle gracias por los grandes e inefables beneficios que recibimos de su generosa mano, para proclamar su alabanza, escuchar su santa Palabra y pedirle todo lo necesario, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los que están aquí presentes que, con un corazón verdaderamente humillado, me acompañen diciendo:

Confesión General

Padre Todopoderoso y misericordioso, nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido demasiado los deseos y anhelos de nuestro propio corazón. Hemos quebrantado tus santos mandamientos. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho lo que no debíamos y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restablece a los que se arrepienten, según tus promesas declaradas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por amor a él, concédenos, oh Padre misericordioso, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y que ha otorgado poder y mandato a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y el perdón de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que las obras que ahora realizamos le sean agradables, y para que nuestra vida de aquí en adelante sea pura y santa, de modo que finalmente podamos gozar de su gloria eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Señor, apresúrate a socorrernos.

Señor, date prisa en ayudarnos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabado sea el Señor.

El nombre del Señor sea alabado.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 71

1 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo avergonzado jamás.
2 Socórreme y líbrame en tu justicia; inclina a mí tu oído y sálvame.
3 Sé para mí por peña de refugio adonde acuda yo continuamente; Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
4 Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del inicuo e implacable.
5 Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud.
6 Por ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste; a ti será siempre mi alabanza.
7 Como prodigio he sido a muchos, y tú mi refugio fuerte.
8 Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.
9 No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.
10 Porque mis enemigos han hablado de mí y los que acechan mi alma consultaron juntamente,
11 diciendo: Dios lo ha dejado; perseguidlo y tomadlo, porque no hay quien lo libre.
12 Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, apresúrate a ayudarme.
13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que buscan mi mal.
14 Mas yo siempre esperaré y te alabaré más y más.
15 Mi boca publicará tu justicia y tu salvación todo el día, aunque no sé su número.
16 Vendré a los hechos poderosos del Señor Jehová; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.
17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
18 Y aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, tu poderío a todos los que han de venir.
19 Y tu justicia, oh Dios, alcanza hasta lo excelso; tú que has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú?
20 Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
21 Aumentarás mi grandeza y volverás a consolarme.
22 Asimismo yo te alabaré con salterio, oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti con el arpa, oh Santo de Israel.
23 Mis labios se regocijarán cuando te cante salmos, y mi alma, la cual redimiste.
24 También mi lengua hablará de tu justicia todo el día; por cuanto fueron avergonzados, por cuanto fueron confundidos los que procuraban mi mal.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 72

1 Oh Dios, da tus juicios al rey y tu justicia al hijo del rey.
2 Él juzgará a tu pueblo con justicia y a tus afligidos con juicio.
3 Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia.
4 Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso y quebrantará al opresor.
5 Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación.
6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como los aguaceros que riegan la tierra.
7 Florecerá en sus días justicia y abundancia de paz, hasta que no haya luna.
8 Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.
9 Delante de él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
11 Y se postrarán delante de él todos los reyes; lo servirán todas las naciones.
12 Porque él librará al menesteroso que clame y al afligido que no tenga quien lo socorra.
13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará las almas de los pobres.
14 De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
15 Y vivirá, y se le dará del oro de Sabá, y se orará por él continuamente; todo el día se le bendecirá.
16 Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.
17 Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras el sol dure; y benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.
18 Bendito sea Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.
19 Y bendito sea su glorioso nombre para siempre; y toda la tierra sea llena de su gloria Amén y amén.
20 Se acaban aquí las oraciones de David, hijo de Isaí.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Josué 8

1 Y Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo a toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, y a su pueblo, y su ciudad, y su tierra.
2 Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros Pondrás, pues, emboscada a la ciudad detrás de ella.
3 Y se levantó Josué, y toda la gente de guerra, para subir contra Hai; y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, a los cuales envió de noche.
4 Y les mandó diciendo: Mirad, pondréis emboscada a la ciudad detrás de ella; no os alejéis mucho de la ciudad y estad todos preparados.
5 Y yo y todo el pueblo que está conmigo nos acercaremos a la ciudad; y cuando salgan ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos.
6 Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los alejemos de la ciudad, porque ellos dirán: Huyen de nosotros como la primera vez Huiremos, pues, delante de ellos.
7 Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada y tomaréis la ciudad, pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos.
8 Y sucederá que cuando hayáis tomado la ciudad, prenderéis fuego a la ciudad Haréis conforme a la palabra de Jehová Mirad que os lo he mandado.
9 Entonces Josué los envió; y ellos se fueron a la emboscada, y se pusieron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai; y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo.
10 Y levantándose Josué muy de mañana, pasó revista al pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai.
11 Y toda la gente de guerra que estaba con él subió, y se acercó, y llegó delante de la ciudad; y acamparon a la parte del norte de Hai, estando el valle entre él y Hai.
12 Y tomó como cinco mil hombres y los puso en emboscada entre Bet-el y Hai, a la parte occidental de la ciudad.
13 Y al estar el pueblo, todo el campamento que estaba a la parte del norte de la ciudad, colocado ya cerca, y su emboscada al occidente de la ciudad, fue Josué aquella noche hasta la mitad del valle.
14 Y sucedió que cuando lo vio el rey de Hai, se apresuraron y se levantaron de mañana, y salieron los hombres de la ciudad contra Israel, él y todo su pueblo, para combatir frente al Arabá al tiempo señalado, no sabiendo que le habían puesto una emboscada detrás de la ciudad.
15 Entonces Josué y todo Israel, fingiéndose vencidos, huyeron delante de ellos por el camino del desierto.
16 Y todo el pueblo que estaba en Hai se juntó para perseguirlos; y persiguieron a Josué, siendo así alejados de la ciudad.
17 Y no quedó hombre en Hai y Bet-el que no saliera tras Israel, y por perseguir a Israel dejaron la ciudad abierta.
18 Entonces Jehová dijo a Josué: Levanta la jabalina que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano Y Josué levantó la jabalina que tenía en su mano hacia la ciudad.
19 Y al alzar él su mano, los que estaban en la emboscada se levantaron de prisa de su lugar, y corrieron, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prender fuego a la ciudad.
20 Y cuando los hombres de Hai se volvieron atrás, miraron, y he aquí el humo de la ciudad que subía al cielo, y no tuvieron posibilidad de huir ni a una parte ni a otra; y el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que los perseguían.
21 Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron e hirieron a los hombres de Hai.
22 Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, unos por un lado y otros por el otro Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapara.
23 Y tomaron vivo al rey de Hai y lo trajeron a Josué.
24 Y sucedió que cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo, en el desierto, hasta donde ellos los habían perseguido, y que todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas se volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada.
25 Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue doce mil, todos los de Hai.
26 Y Josué no retrajo su mano que había extendido con la jabalina hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai.
27 Pero los israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la palabra de Jehová, que él había mandado a Josué.
28 Y Josué quemó a Hai y la redujo a un montón de ruinas para siempre, una desolación hasta hoy.
29 Y al rey de Hai colgó de un árbol hasta la tarde; y cuando el sol se puso, mandó Josué que quitaran su cadáver del árbol, y lo echaron a la puerta de la ciudad y levantaron sobre él un gran montón de piedras que permanece hasta hoy.
30 Entonces Josué edificó un altar a Jehová, el Dios de Israel, en el monte Ebal,
31 como Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová y sacrificaron ofrendas de paz.
32 También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual él había escrito delante de los hijos de Israel.
33 Y todo Israel, y sus ancianos, y sus oficiales, y sus jueces, estaban de pie a uno y otro lado del Arca, delante de los sacerdotes levitas que llevan el Arca del pacto de Jehová, así extranjeros como naturales; la mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijeran primeramente al pueblo de Israel.
34 Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley.
35 No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés que Josué no leyera delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres y de los niños, y de los extranjeros que andaban entre ellos.

BENEDICITE, OMNIA OPERA

Bendecid al Señor, todas las obras del Señor

Bendecid al Señor, todas las obras del Señor:

alabadle y ensalzadle por siempre.

Bendecid, cielos, al Señor,

bendecid al Señor, Ángeles del Señor.

Bendecid al Señor todas las aguas que hay sobre los cielos:

bendiga todo poder al Señor.

Bendecid al Señor, sol y luna:

estrellas del cielo, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, toda la lluvia y el rocío:

todos los vientos, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, el fuego y el calor:

frío y calor, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, rocíos y escarchas:

hielo y frío, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, hielos y nieves:

noches y días, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, luz y tinieblas:

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor:

alábele y ensálcele por siempre.

Bendecid al Señor, montes y collados:

todas las cosas que germinan en la tierra,

bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, mares y nos:

fuentes, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor,

ballenas y todo lo que vive en el mar:

todas las aves del cielo, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, todos los animales y ganados:

bendecid, hijos de los hombres, al Señor.

Bendice, Israel al Señor:

alabadle y ensalzadle por siempre.

Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor:

bendecid al Señor, siervos del Señor.

Bendecid al Señor, espíritus y almas de los justos:

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Bendecid al Señor, Ananías, Azarías y Misael:

alabadle y ensalzadle por siempre.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:

alabémosle y ensalcémosle por siempre.

Bendito eres en el firmamento del cielo:

y loable y glorioso por siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 1

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz en las tinieblas resplandece, mas las tinieblas no la comprendieron.
6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
7 Este vino como testigo, para que diera testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él.
8 Él no era la luz, sino para que diera testimonio de la luz.
9 Aquel era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no lo conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron.
12 Mas a todos los que lo recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre:
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo.
16 Y de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.
17 Porque la ley por Moisés fue dada, mas la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
18 A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.
19 Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntaran: ¿Tú, quién eres?
20 Y confesó, y no negó, sino que confesó: No soy yo el Cristo.
21 Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Y dijo: No lo soy ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
22 Entonces le dijeron: ¿Quién eres? , para que demos respuesta a los que nos enviaron ¿Qué dices de ti mismo?
23 Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua, mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.
27 Este es el que viene después de mí, quien es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.
28 Estas cosas acontecieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
29 Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí, porque era primero que yo.
31 Y yo no lo conocía; mas para que fuera manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando con agua.
32 Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y que permaneció sobre él.
33 Y yo no lo conocía; mas el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, este es el que bautiza con el Espíritu Santo.
34 Y yo lo vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.
35 Al día siguiente otra vez estaba Juan, con dos de sus discípulos.
36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
37 Y los dos discípulos lo oyeron hablar, y siguieron a Jesús.
38 Y al volverse Jesús y ver que ellos lo seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que traducido quiere decir Maestro), ¿dónde moras?
39 Les dijo: Venid y ved Vinieron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.
40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y lo habían seguido.
41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es el Cristo).
42 Y lo trajo a Jesús Y mirándolo Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que traducido es Piedra).
43 Al día siguiente Jesús quiso ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme.
44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas: a Jesús, el de Nazaret, el hijo de José.
46 Y le dijo Natanael: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le dijo: Ven y ve.
47 Jesús vio a Natanael que venía hacia él, y dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.
48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.
51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: Desde ahora veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Señor, salva a los gobernantes.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Llena a tus ministros de virtudes.

Y da alegría a tu pueblo elegido.

Señor Dios, defiende a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, purifica nuestros corazones.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, que por nosotros ayunaste cuarenta días y cuarenta noches: Danos gracia para usar tal abstinencia, de modo que, estando nuestra carne sometida al Espíritu, obedezcamos siempre tus piadosas mociones en justicia y verdadera santidad, para tu honor y gloria, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, de cuyo conocimiento depende nuestra vida eterna, y cuyo servicio es plena libertad; defiende a estos tus humildes siervos en todos los ataques de nuestros enemigos, para que confiando plenamente en tu protección, no tengamos motivo de temer el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Señor, nuestro Padre celestial, eterno y Todopoderoso, que nos has llevado con seguridad al comienzo de este día: guárdanos en él con tu gran poder, y concede que hoy no caigamos en ningún pecado ni enfrentemos peligro alguno; antes bien, que todas nuestras acciones sean dirigidas por tu guía, para que siempre hagamos lo que es justo y agradable a tus ojos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios Todopoderoso, cuyo reino es eterno y cuyo poder es infinito: ten misericordia de toda esta tierra, y gobierna de tal manera los corazones de todos los que tienen autoridad [especialmente — ], para que, reconociendo de quién son ministros, busquen sobre todas las cosas tu honor y gloria; y para que nosotros, junto con todo el pueblo, considerando debidamente de quién proviene la autoridad que ellos ejercen, los honremos fiel y obedientemente, conforme a tu bendita palabra y ordenanza. Por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios Todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas; envía sobre nuestros obispos y pastores, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que realmente te agraden, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro abogado y mediador, Jesucristo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios Todopoderoso, que nos has dado gracia para que en este momento te presentemos nuestras súplicas en común; y has prometido que cuando dos o tres estén congregados en tu nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según les convenga más, concediéndonos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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