Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
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Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 15 de enero de 2025

Miércoles de la Primera Semana después de Epifanía

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Sagradas Escrituras nos exhortan en muchos lugares a confesar y reconocer la multitud de nuestros pecados y maldades, y a no disimularlas ni ocultarlas ante nuestro Dios y Padre celestial, sino a confesarlas con un corazón humilde, contrito y penitente, para alcanzar el perdón de ellas por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos hacer una humilde confesión de nuestras culpas ante su divina presencia, esta obligación es especialmente necesaria cuando nos reunimos para darle gracias por los grandes e inefables beneficios que recibimos de su generosa mano, para proclamar su alabanza, escuchar su santa Palabra y pedirle todo lo necesario, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los que están aquí presentes que, con un corazón verdaderamente humillado, me acompañen diciendo:

Confesión General

Padre Todopoderoso y misericordioso, nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido demasiado los deseos y anhelos de nuestro propio corazón. Hemos quebrantado tus santos mandamientos. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho lo que no debíamos y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restablece a los que se arrepienten, según tus promesas declaradas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por amor a él, concédenos, oh Padre misericordioso, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y que ha otorgado poder y mandato a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y el perdón de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que las obras que ahora realizamos le sean agradables, y para que nuestra vida de aquí en adelante sea pura y santa, de modo que finalmente podamos gozar de su gloria eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Señor, apresúrate a socorrernos.

Señor, date prisa en ayudarnos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabado sea el Señor.

El nombre del Señor sea alabado.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 75

1 Te alabamos, oh Dios, te alabamos, pues cercano está tu nombre; los hombres cuentan tus maravillas.
2 Cuando yo señale el tiempo oportuno, juzgaré rectamente.
3 Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas Selah.
4 Dije a los insensatos: No os infatuéis; y a los impíos: No levantéis el cuerno;
5 no levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz erguida.
6 Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento.
7 Mas Dios es el juez; a este abate, y a aquel ensalza.
8 Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, lleno de mistura; y él derrama del mismo; ciertamente sus heces apurarán y beberán todos los impíos de la tierra.
9 Mas yo lo anunciaré siempre, cantaré salmos al Dios de Jacob.
10 Y quebraré todos los cuernos de los pecadores; los cuernos del justo serán ensalzados.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 76

1 Dios es conocido en Judá; en Israel es grande su nombre.
2 Y en Salem está su tabernáculo y su habitación en Sion.
3 Allí quebró las saetas del arco, el escudo y la espada, y la guerra Selah.
4 Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza.
5 Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño, y no hicieron uso de sus manos todos los hombres valientes.
6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo se quedaron dormidos.
7 Tú, temible eres tú; ¿y quién podrá estar en pie delante de ti cuando comience tu ira?
8 Desde los cielos hiciste oír juicio; la tierra tuvo temor y quedó quieta.
9 cuando te levantaste para juzgar, oh Dios, para salvar a todos los mansos de la tierra Selah.
10 Ciertamente la ira del hombre te alabará; tú reprimirás el resto de las iras.
11 Prometed y pagad a Jehová vuestro Dios; todos los que están alrededor de él traigan presentes al Temible.
12 Él cortará el espíritu de los príncipes; temible es a los reyes de la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 77

1 Con mi voz he clamado a Dios, he clamado con mi voz a Dios, y él me escuchará.
2 En el día de mi angustia busqué al Señor; mis manos se extendían a él de noche, sin cansarse; mi alma rehusaba consuelo.
3 Me acordaba de Dios y clamaba; me quejaba y desmayaba mi espíritu Selah.
4 Mantenías abiertos los párpados de mis ojos; estaba yo quebrantado y no hablaba.
5 Consideraba los días desde el principio, los años antiguos.
6 Me acordaba de mis canciones en la noche; meditaba con mi corazón y mi espíritu inquiría.
7 ¿Desechará el Señor para siempre y no volverá más a sernos propicio?
8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado su palabra de generación en generación?
9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah.
10 Y dije: Enfermedad mía es esta; traeré pues a la memoria los años de la diestra del Altísimo.
11 Me acordaré de las obras de Jah; sí, me acordaré de tus maravillas antiguas;
12 y meditaré en todas tus obras, y en tus hechos reflexionaré.
13 Oh Dios, en santidad es tu camino; ¿qué dios es grande como nuestro Dios?
14 Tú eres el Dios que hace maravillas; tú hiciste notorio en los pueblos tu poder.
15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José Selah.
16 Te vieron las aguas, oh Dios; te vieron las aguas, temieron; temblaron también los abismos.
17 Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos y cayeron tus saetas.
18 La voz de tus truenos estaba en el torbellino; los relámpagos alumbraron el mundo; se estremeció y tembló la tierra.
19 En el mar fue tu camino y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas.
20 Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Génesis 27

1 Y aconteció que, cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío Y él le respondió: Heme aquí.
2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.
3 Ahora pues, te ruego, toma tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cázame alguna presa;
4 y hazme un guisado sabroso como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que te bendiga mi alma antes que muera.
5 Y Rebeca estaba escuchando cuando hablaba Isaac a Esaú, su hijo; y se fue Esaú al campo para cazar la presa que había de traer.
6 Entonces Rebeca habló a Jacob, su hijo, diciendo: He aquí yo he escuchado a tu padre que hablaba con Esaú, tu hermano, diciendo:
7 Tráeme caza y hazme un guisado sabroso, para que coma y te bendiga delante de Jehová antes de mi muerte.
8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando;
9 ve ahora al ganado y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré con ellos un guisado sabroso para tu padre, como a él le gusta.
10 Y tú lo llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.
11 Y Jacob dijo a Rebeca, su madre: He aquí, mi hermano Esaú es hombre velloso, y yo lampiño.
12 Quizás me palpe mi padre, y sea a sus ojos como burlador, y traiga sobre mí maldición y no bendición.
13 Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí sea tu maldición; solamente obedece a mi voz, y ve y tráemelos.
14 Entonces él fue, y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo un guisado sabroso como a su padre le gustaba.
15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú, su hijo mayor, los más preciosos que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor.
16 Y cubrió sus manos y la cerviz donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos de las cabras,
17 y entregó el guisado sabroso y el pan que había hecho en mano de Jacob, su hijo.
18 Y él fue a su padre y dijo: Padre mío; y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres hijo mío?
19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú, tu primogénito; he hecho como me dijiste Levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.
20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que se encontrara delante de mí.
21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no.
22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac; y él lo palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, mas las manos son las manos de Esaú.
23 Y no lo reconoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y lo bendijo.
24 Y dijo: ¿tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy.
25 Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma Y él se la acercó, y comió; le trajo también vino, y bebió.
26 Y le dijo Isaac, su padre: Acércate ahora y bésame, hijo mío.
27 Y él se acercó y lo besó; y olió el olor de sus vestidos, y lo bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido.
28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto.
29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.
30 Y aconteció, luego que Isaac hubo acabado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de su padre Isaac, que Esaú, su hermano, volvió de su cacería.
31 E hizo él también un guisado sabroso, y lo trajo a su padre, y dijo a su padre: Levántese mi padre y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma.
32 Entonces Isaac, su padre, le dijo: ¿Quién eres tú? Y él dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.
33 Y se estremeció Isaac con gran estremecimiento, y dijo: ¿Quién es el que cazó una presa, y me la trajo, y comí de todo antes que vinieras? Yo lo bendije, y será bendito.
34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y dijo a su padre: ¡Bendíceme también a mí, padre mío!
35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño y tomó tu bendición.
36 Y él respondió: ¿No llamaron por eso su nombre Jacob? Pues ya me ha suplantado dos veces: tomó mi primogenitura y he aquí, ahora ha tomado mi bendición Y dijo: ¿No has guardado una bendición para mí?
37 E Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino lo he provisto; y a ti, ¿qué te haré ahora, hijo mío?
38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío Y alzó Esaú su voz y lloró.
39 Entonces Isaac, su padre, habló y le dijo: He aquí, será tu habitación lejos de las grosuras de la tierra y lejos del rocío de los cielos de arriba;
40 y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te enseñorees, que descargarás su yugo de tu cerviz.
41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre lo había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.
42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor, y ella envió a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: He aquí, tu hermano Esaú, en cuanto a ti, se consuela con la idea de matarte.
43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a Labán, mi hermano, a Harán,
44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue,
45 hasta que se mitigue la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de lo que le has hecho; entonces yo enviaré a traerte de allá ¿Por qué seré privada de vosotros dos en un día?
46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida a causa de las hijas de Het Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Mateo 13

1 Y aquel día, saliendo Jesús de la casa, se sentó junto al mar.
2 Y se juntaron a él grandes multitudes, de manera que entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba a la ribera.
3 Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
4 Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron.
5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
6 mas al salir el sol, se quemó; y se secó, porque no tenía raíz.
7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
8 Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, uno a cien, otro a sesenta, y otro a treinta.
9 El que tiene oídos para oír, oiga.
10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas?
11 Y él, respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es concedido saber los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no les es concedido.
12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13 Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14 Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Oyendo oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.
15 Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han tapado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.
17 Porque de cierto os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador.
19 Cuando alguien oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón Este es el que fue sembrado junto al camino.
20 Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y en seguida la recibe con gozo.
21 Mas no tiene raíz en sí, sino que es temporal; y al venir la aflicción o la persecución por la palabra, en seguida se escandaliza.
22 Y el que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra; el cual da fruto, y produce uno a cien, y otro a sesenta, y otro a treinta.
24 Les propuso otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena semilla en su campo;
25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.
26 Y cuando la hierba brotó y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.
27 Y acercándose los siervos del señor de la casa, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?
28 Y él les dijo: Un enemigo ha hecho esto Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la recojamos?
29 Y él dijo: No; no sea que al recoger la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.
30 Dejad crecer juntamente a ambos hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
31 Les propuso otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y lo sembró en su campo;
32 el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
33 Les dijo otra parábola: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado.
34 Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes, y sin parábolas no les hablaba,
35 para que se cumpliera lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.
36 Entonces, tras despedir a las multitudes, Jesús vino a casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.
37 Y él, respondiendo, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
38 y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;
39 y el enemigo que la sembró es el diablo; y la siega es el fin del siglo, y los segadores son los ángeles.
40 De manera que como es recogida la cizaña, y quemada en el fuego, así será en el fin de este siglo.
41 Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino todos los que causan escándalos y los que hacen iniquidad,
42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre El que tiene oídos para oír, oiga.
44 Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo; el cual un hombre halla y lo esconde, y de gozo por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas;
46 que hallando una perla de mucho precio, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
47 Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red que, echada en el mar, junta peces de toda clase;
48 la cual, cuando está llena, sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.
49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,
50 y los echarán en el horno del fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
51 Les dijo Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor.
52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante al señor de la casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
53 Y aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.
54 Y al llegar a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas?
55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, y José, y Simón, y Judas?
56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene este todas estas cosas?
57 Y se escandalizaban de él Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.
58 Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Señor, salva a los gobernantes.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Llena a tus ministros de virtudes.

Y da alegría a tu pueblo elegido.

Señor Dios, defiende a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, purifica nuestros corazones.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, te suplicamos que recibas misericordiosamente las oraciones de tu pueblo que te invoca, y concede que puedan percibir y conocer las cosas que deben hacer, y que también tengan gracia y poder para cumplirlas fielmente, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, de cuyo conocimiento depende nuestra vida eterna, y cuyo servicio es plena libertad; defiende a estos tus humildes siervos en todos los ataques de nuestros enemigos, para que confiando plenamente en tu protección, no tengamos motivo de temer el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Señor, nuestro Padre celestial, eterno y Todopoderoso, que nos has llevado con seguridad al comienzo de este día: guárdanos en él con tu gran poder, y concede que hoy no caigamos en ningún pecado ni enfrentemos peligro alguno; antes bien, que todas nuestras acciones sean dirigidas por tu guía, para que siempre hagamos lo que es justo y agradable a tus ojos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios Todopoderoso, cuyo reino es eterno y cuyo poder es infinito: ten misericordia de toda esta tierra, y gobierna de tal manera los corazones de todos los que tienen autoridad [especialmente — ], para que, reconociendo de quién son ministros, busquen sobre todas las cosas tu honor y gloria; y para que nosotros, junto con todo el pueblo, considerando debidamente de quién proviene la autoridad que ellos ejercen, los honremos fiel y obedientemente, conforme a tu bendita palabra y ordenanza. Por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios Todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas; envía sobre nuestros obispos y pastores, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que realmente te agraden, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro abogado y mediador, Jesucristo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios Todopoderoso, que nos has dado gracia para que en este momento te presentemos nuestras súplicas en común; y has prometido que cuando dos o tres estén congregados en tu nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según les convenga más, concediéndonos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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