Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 17 de noviembre de 2026

Martes de la Vigésimo Quinta Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 86

1 Inclina, oh Jehová, tu oído, y respóndeme, Porque yo estoy afligido y menesteroso.
2 Guarda mi alma, porque yo soy piadoso; salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.
3 Ten misericordia de mí, oh Señor, porque a ti clamo todo el día.
4 Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, oh Señor, levanto mi alma.
5 Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
6 Escucha, oh Jehová, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos.
7 En el día de mi angustia te invocaré, porque tú me responderás.
8 Ninguno hay como tú entre los dioses, oh Señor, ni obras como las tuyas.
9 Todas las naciones que hiciste vendrán y se postrarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre.
10 Porque tú eres grande y hacedor de maravillas; sólo tú eres Dios.
11 Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre.
12 Te alabaré, oh Señor, Dios mío, con todo mi corazón y glorificaré tu nombre para siempre,
13 porque tu misericordia es grande para conmigo y has librado mi alma del abismo profundo.
14 Oh Dios, los soberbios se levantaron contra mí, y una reunión de violentos ha buscado mi alma, y no te pusieron delante de sí.
15 Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad,
16 mírame y ten misericordia de mí; da tu poder a tu siervo y salva al hijo de tu sierva.
17 Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 87

1 Su cimiento está en los santos montes.
2 Ama Jehová las puertas de Sion más que todas las moradas de Jacob.
3 Cosas gloriosas se dicen de ti, ciudad de Dios Selah.
4 Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; he aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; este nació allá.
5 Y de Sion se dirá: Este y aquel han nacido en ella, y el Altísimo mismo la establecerá.
6 Jehová contará al inscribir los pueblos: Este nació allí Selah.
7 Y cantores y los que tocan flautas dirán en ella: Todas mis fuentes están en ti.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 88

1 Oh Jehová, Dios de mi salvación, día y noche clamo delante de ti.
2 Llegue mi oración a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor,
3 porque mi alma está harta de males y mi vida se ha acercado al sepulcro.
4 Soy contado con los que descienden al hoyo, soy como hombre sin fuerza,
5 dejado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, que no te acuerdas más de ellos y que son cortados de tu mano.
6 Me has puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en profundidades.
7 Sobre mí reposa tu ira y me has afligido con todas tus olas Selah.
8 Has alejado de mí a mis conocidos; me has puesto por abominación a ellos; estoy encerrado y no puedo salir.
9 Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; te he invocado, oh Jehová, cada día; he extendido a ti mis manos.
10 ¿Mostrarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? Selah.
11 ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia o tu fidelidad en la perdición?
12 ¿Serán conocidas en las tinieblas tus maravillas y tu justicia en la tierra del olvido?
13 Mas yo a ti he clamado, oh Jehová, y de mañana mi oración llega a ti.
14 ¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿qué escondes de mí tu rostro?
15 Yo estoy afligido y menesteroso desde la juventud; he llevado tus terrores, he estado medroso.
16 Sobre mí han pasado tus iras; tus terrores me han consumido.
17 Me han rodeado como aguas continuamente; a una me han cercado.
18 Has alejado de mí al amigo y al compañero, y mis conocidos se esconden en las tinieblas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 47

1 Después de él vino Natán, que se presentó ante David.
2 David fue lo mejor de Israel, como la grasa es lo mejor de los animales que se ofrecen en sacrificio.
3 Jugaba con los leones como si fueran cabritos, y con los osos como si fueran corderos.
4 Siendo un muchacho, mató al gigante y borró la deshonra del pueblo. Hizo girar la honda con su mano, y destrozó el orgullo de Goliat.
5 Porque invocó al Dios altísimo, el cual dio fuerzas a su brazo para eliminar a aquel experto guerrero y alcanzar para su pueblo el triunfo.
6 Por eso las muchachas le cantaban alabándolo por los diez mil que había matado. Una vez coronado rey, hizo la guerra.
7 y derrotó a los enemigos de alrededor, levantó fortalezas entre los filisteos y destruyó su poder hasta el día de hoy.
8 En todo lo que hacía daba gracias y honor al Dios altísimo. Amó de todo corazón a su Creador, y diariamente le cantaba salmos.
9 Introdujo instrumentos de cuerda para cantar ante el altar, y estableció el canto de salmos con acompañamiento de arpas.
10 Dio esplendor a las fiestas y ordenó las solemnidades del año, cuando se alababa el santo nombre de Dios con cantos en el templo, desde el alba.
11 Así también el Señor le perdonó su culpa y le concedió poder eterno, le dio el derecho de ser rey y estableció en Jerusalén su trono.
12 Gracias a David, el sabio hijo que le sucedió vivió con tranquilidad.
13 Salomón fue rey en tiempos tranquilos, y Dios le dio paz con sus vecinos; él fue quien levantó un templo al Señor y construyó un santuario para siempre.
14 ¡Qué sabio eras, Salomón, en tu juventud: tus enseñanzas se desbordaban como el Nilo!
15 Llenaste la tierra con tu ciencia y el cielo con tus cantos de alabanza.
16 Tu fama llegó hasta regiones muy lejanas, y por ser pacífico te hiciste querer.
17 Con tus cantos, proverbios, enigmas y sentencias dejaste pasmados a los pueblos.
18 Te llamaron «Amado del Señor», el glorioso nombre que se dio a Israel. Amontonaste oro como hierro e hiciste la plata tan abundante como el plomo.
19 Pero te entregaste a las mujeres y les diste dominio sobre tu cuerpo.
20 Echaste una mancha sobre tu honor deshonrando tu lecho conyugal, y atrajiste el castigo sobre tus descendientes y la desgracia sobre tu familia.
21 Así la nación se dividió en dos partes, y Efraín se convirtió en un reino rebelde.
22 Sin embargo, Dios no retira su amor ni deja de cumplir lo que promete. Por eso no aniquiló a los hijos de sus elegidos ni destruyó la descendencia de los que amaba, sino que a Jacob le dejó un resto, y un retoño a la descendencia de David.
23 Salomón murió de mucha edad, dejando como sucesor un hijo rico en necedad y pobre de juicio: Roboam, que con su mal consejo llevó al pueblo al desenfreno.
24 Y luego vino Jeroboam, hijo de Nabat (que nadie se acuerde de él), quien pecó e hizo pecar a Israel, haciendo caer a la gente de Efraín hasta que fueron expulsados de su tierra.
25 El pecado de ellos fue muy grande, y se entregaron a toda clase de maldad,

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 9

1 Y pasando Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y sus discípulos le preguntaron diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?
3 Respondió Jesús: Ni este pecó, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que es de día; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
5 Entre tanto que estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
6 Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó el lodo sobre los ojos del ciego,
7 y le dijo: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que traducido es Enviado). Y fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
8 Entonces los vecinos, y los que antes lo habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba?
9 Unos decían: Este es; y otros: Se parece a él Él dijo: Yo soy.
10 Entonces le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: Un hombre llamado Jesús hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al estanque de Siloé, y lávate; y tras ir y lavarme recibí la vista.
12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé.
13 Llevaron ante los fariseos al que antes había sido ciego.
14 Y era sábado cuando Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos.
15 Y le volvieron a preguntar también los fariseos cómo había recibido la vista Y él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
16 Entonces algunos de los fariseos decían: Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
17 Volvieron a decir al ciego: ¿Tú, qué dices de aquel que te abrió los ojos? Y él dijo: Es profeta.
18 Mas los judíos no creyeron acerca de él, que había sido ciego y que recibió la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
19 y les preguntaron diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
20 Les respondieron sus padres y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego;
21 pero cómo ve ahora, no lo sabemos; o quién le ha abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle a él; él hablará acerca de sí mismo.
22 Sus padres dijeron esto porque tenían miedo de los judíos; porque los judíos ya habían resuelto que si alguno confesara que él era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga.
23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
24 Así que, llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador.
25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
26 Y le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27 Les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis escuchado; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
28 Entonces lo injuriaron y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros somos discípulos de Moisés.
29 Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; mas no sabemos de dónde es este.
30 El hombre respondió y les dijo: Pues en esto hay algo asombroso, que vosotros no sabéis de dónde es, y a mí me abrió los ojos.
31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a este oye.
32 Desde el principio nunca se oyó que alguien abriera los ojos de uno que nació ciego.
33 Si este no hubiera venido de Dios, no podría hacer nada.
34 Respondieron, y le dijeron: Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas? Y lo echaron fuera.
35 Oyó Jesús que lo habían echado fuera; y hallándolo, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
37 Y le dijo Jesús: Pues lo has visto, y el que habla contigo, él es.
38 Y él dijo: Creo, Señor; y lo adoró.
39 Y dijo Jesús: Yo he venido a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean hechos ciegos.
40 Y algunos de los fariseos que estaban con él oyeron esto, y le dijeron: ¿Acaso nosotros también somos ciegos?
41 Les dijo Jesús: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora porque decís: Vemos, por eso vuestro pecado permanece.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, te suplicamos que absuelvas a tu pueblo de sus ofensas, para que por tu abundante bondad todos seamos librados de las ataduras de aquellos pecados que por nuestra fragilidad hemos cometido. Concede esto, oh Padre celestial, por amor de Jesucristo, nuestro bendito Señor y Salvador. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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