Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 16 de noviembre de 2026

Lunes de la Vigésimo Quinta Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 79

1 Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; han contaminado tu santo templo; han hecho de Jerusalén montones de ruinas.
2 Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las bestias de la tierra.
3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, y no hubo quien los enterrara.
4 Somos afrentados por nuestros vecinos, escarnecidos y burlados por los que están en nuestros alrededores.
5 ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?
6 Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre.
7 Porque han consumido a Jacob y su morada han asolado.
8 No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos.
9 Ayúdanos, oh Dios, salvación nuestra, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por causa de tu nombre.
10 ¿Por qué dirán las naciones: Dónde está su Dios? Sea notoria en las naciones, delante de nuestros ojos, la venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada.
11 Llegue delante de ti el gemido de los presos; conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte.
12 Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su afrenta con que te han afrentado, oh Señor.
13 Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 80

1 Oh Pastor de Israel, escucha; tú que pastoreas a José como a ovejas, que estás sentado entre los querubines, resplandece.
2 Delante de Efraín, y de Benjamín, y de Manasés, despierta tu poder y ven a salvarnos.
3 Oh Dios, haznos volver, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado contra la oración de tu pueblo?
5 Les diste a comer pan de lágrimas y les diste a beber lágrimas en gran abundancia.
6 Nos pusiste como contienda a nuestros vecinos y nuestros enemigos se burlan de nosotros entre sí.
7 Oh Dios de los ejércitos, haznos volver, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
8 Hiciste venir una vid de Egipto; echaste a las naciones y la plantaste.
9 Limpiaste el lugar delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.
10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios.
11 Extendió sus vástagos hasta el mar y hasta el río sus renuevos.
12 ¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino?
13 La destroza el puerco montés y la devora la bestia del campo.
14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,
15 y la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste.
16 Está quemada a fuego, está asolada; perezcan por la reprensión de tu rostro.
17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que para ti afirmaste.
18 Así no nos apartaremos de ti; nos darás vida e invocaremos tu nombre.
19 Oh Jehová, Dios de los ejércitos, haznos volver; haz resplandecer tu rostro y seremos salvos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 81

1 Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; celebrad con júbilo al Dios de Jacob.
2 Elevad salmos y tañed el pandero, el arpa deleitosa con el salterio.
3 Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra solemnidad.
4 Porque estatuto es para Israel, ordenanza del Dios de Jacob.
5 Lo constituyó por testimonio en José cuando salió por la tierra de Egipto, donde oí un lenguaje que no entendía.
6 Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos dejaron de llevar los cestos.
7 En la angustia clamaste y yo te libré; te respondí en lo secreto del trueno; te probé junto a las aguas de Meriba Selah.
8 Oye, pueblo mío, y testificaré contra ti ¡Oh Israel, si me oyeras!
9 No habrá en ti dios ajeno ni te inclinarás a dios extranjero.
10 Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre bien tu boca y la llenaré.
11 Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.
12 Los entregué, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos.
13 ¡Oh, si mi pueblo me hubiera oído, si Israel hubiera andado en mis caminos!
14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos y habría vuelto mi mano contra sus adversarios.
15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido y el tiempo de ellos sería para siempre.
16 Y Dios lo habría sustentado con lo mejor del trigo; y con miel de la roca te habría saciado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 45

1 Descendiente de Israel fue un hombre que tuvo el aprecio de todos y que fue amado de Dios y de los hombres: Moisés, de feliz recuerdo.
2 El Señor le concedió honores divinos y lo hizo poderoso entre los grandes.
3 A petición suya, Dios apresuraba los prodigios, y lo sostuvo frente al rey. Dios le dio el mando de su pueblo y le dejó ver su majestad.
4 Por ser fiel y humilde, Dios lo escogió entre los demás hombres.
5 Le hizo oír su voz y entrar en la espesa nube. Le entregó los mandamientos, la ley de la vida y de la sabiduría, para que enseñara a Israel, el pueblo de Jacob, sus órdenes, normas y decretos.
6 Dios consagró a Aarón, de la tribu de Leví,
7 estableciendo en él una institución eterna. Le concedió el gran honor de servir a la majestad del Señor. Le ciñó los cuernos de búfalo y lo vistió con un manto espléndido.
8 Para honrarlo confiriéndole dignidad y poder, lo revistió de ornamentos preciosos: los calzoncillos, la túnica y el manto,
9 un cinturón de campanillas rodeado de granadas, que sonaban suavemente al caminar y se hacían oír en el santuario, para que la gente lo supiera.
10 Sus ornamentos sagrados eran de oro, de tela morada y de púrpura, bordados artísticamente; el pectoral para el juicio, el efod y el cinturón, con hilo rojo, hechos por un tejedor;
11 las piedras preciosas sobre el pectoral, grabadas en forma de sellos y engastadas; cada piedra tenía grabado un nombre, en recuerdo de las tribus de Israel.
12 La diadema de oro encima del turbante, y la placa con la inscripción «Consagrado». ¡Esplendor glorioso y gran dignidad! ¡Deleite a la vista y suprema belleza!
13 No existió antes nada igual; ningún extraño se vistió jamás así, sino solamente sus hijos y sus sucesivos descendientes.
14 Su ofrenda de cereales se quema por completo dos veces por día, perpetuamente.
15 Moisés lo consagró derramando el aceite sagrado sobre él. Así quedó una institución eterna para él y para sus descendientes, mientras dure el cielo: servir como sacerdotes al Señor y bendecir en su nombre al pueblo.
16 Dios lo escogió entre todos los hombres para que ofreciera holocaustos y grasa, quemara ofrendas de olor agradable y pidiera perdón por el pueblo de Israel.
17 Dios le confió sus mandamientos y le dio autoridad para dar leyes y dictar sentencia, para enseñar la ley al pueblo e instruirlo en sus decretos.
18 Los de otras familias se enojaron con Aarón y le tuvieron envidia en el desierto. Los seguidores de Datán y Abiram, y el grupo de Coré, se enfurecieron.
19 Pero el Señor lo vio y se disgustó, y con furor los destruyó. Hizo contra ellos un milagro: los hizo morir devorados por el fuego.
20 Después aumentó el honor de Aarón asignándole una herencia propia: le concedió comer de las ofrendas sagradas.
21 y de los sacrificios que se queman para el Señor. Dios le dio como porción, para él y sus descendientes, el pan que se pone delante del Señor.
22 Pero Dios no les asignó en el país un territorio propio, ni les dio una parte hereditaria como a los demás; su herencia y su porción entre los israelitas son las ofrendas del Señor.
23 También Finees, hijo de Eleazar, fue por su valor el tercero en tal dignidad, pues se llenó de celo por el Dios del universo e intercedió a favor del pueblo. Movido por su noble corazón alcanzó el perdón para los israelitas.
24 Por eso Dios hizo con él también una alianza amistosa y le dio el derecho de servir en el templo, para que él, y también sus descendientes, fueran sumos sacerdotes para siempre.
25 Dios también hizo una alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá; pero la dignidad real se transmite de hijo en hijo, mientras que la herencia de Aarón pasa a todos sus descendientes.
26 Bendigan, pues, al Señor, que es tan bueno y los ha coronado de honor, que les ha dado una mente sabia para juzgar al pueblo de Dios con justicia. Así no terminará la felicidad ni el poder de ustedes por todas las edades.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 8

1 Y Jesús se fue al monte de los Olivos.
2 Y de mañana volvió al Templo, y todo el pueblo vino a él; y sentándose, les enseñaba.
3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio;
5 y en la ley Moisés nos mandó apedrear a las tales Tú, pues, ¿qué dices?
6 Mas esto decían tentándolo, para poder acusarlo Pero Jesús, inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo.
7 Y como persistían en preguntarle, enderezándose, les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, arroje primero la piedra contra ella.
8 E inclinándose otra vez, escribía en tierra.
9 Mas oyendo ellos esto, y redargüidos por su conciencia, salieron uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los últimos; y quedó solo Jesús y la mujer que estaba en medio.
10 Y enderezándose Jesús, y no viendo a nadie más que a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?
11 Y ella dijo: Ninguno, Señor Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más.
12 Y otra vez Jesús les habló diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
14 Respondió Jesús, y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.
15 Vosotros juzgáis según la carne; mas yo no juzgo a nadie.
16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero, porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
17 Y también en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo; y el Padre que me envió da testimonio de mí.
19 Entonces le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocierais, a mi Padre también conoceríais.
20 Estas palabras habló Jesús en el lugar del tesoro, enseñando en el Templo; y nadie lo prendió, porque aún no había llegado su hora.
21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro pecado moriréis; adonde yo voy, vosotros no podéis venir.
22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, porque dijo: Adonde yo voy, vosotros no podéis venir?
23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
25 Y le dijeron: Tú, ¿quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que desde el principio os he dicho.
26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; mas el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo en el mundo.
27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre.
28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando levantéis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como mi Padre me enseñó, estas cosas hablo.
29 Y el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
30 Al hablar él estas cosas, muchos creyeron en él.
31 Entonces dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.
33 Le respondieron: Simiente de Abraham somos, y jamás hemos servido a nadie; ¿cómo dices tú: Seréis libres?
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo que todo aquel que comete pecado, es siervo del pecado.
35 Y el siervo no permanece en casa para siempre; mas el hijo permanece para siempre.
36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
37 Sé que sois simiente de Abraham, mas procuráis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros.
38 Yo hablo lo que he visto estando con mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis visto con vuestro padre.
39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham Les dijo Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
40 Mas ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; Abraham no hizo esto.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre Le dijeron entonces: Nosotros no hemos nacido de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais, porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.
43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer Él ha sido homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él Cuando habla mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira.
45 Y porque yo digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.
48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y tienes demonio?
49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre; y vosotros me habéis deshonrado.
50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga.
51 De cierto, de cierto os digo: Si alguno guarda mi palabra, nunca verá la muerte.
52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio Abraham murió, y los profetas, y tú dices: Si alguno guarda mi palabra nunca gustará la muerte.
53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? También los profetas murieron ¿Quién te haces a ti mismo?
54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es Mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios;
55 y no lo conocéis; mas yo lo conozco y si dijere que no lo conozco, sería mentiroso como vosotros; pero lo conozco, y guardo su palabra.
56 Abraham, vuestro padre, se alegró de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
57 Le dijeron entonces los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
58 Les dijo Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuera, yo soy.
59 Tomaron entonces piedras para tirárselas; mas Jesús se ocultó y salió del Templo atravesando por en medio de ellos, y así se fue.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, te suplicamos que absuelvas a tu pueblo de sus ofensas, para que por tu abundante bondad todos seamos librados de las ataduras de aquellos pecados que por nuestra fragilidad hemos cometido. Concede esto, oh Padre celestial, por amor de Jesucristo, nuestro bendito Señor y Salvador. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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