Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 13 de noviembre de 2026

Viernes de la Vigésimo Cuarta Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 68

1 Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos y huyan de su presencia los que lo aborrecen.
2 Como es lanzado el humo, los lanzarás; como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios.
3 Mas los justos se alegrarán; se regocijarán delante de Dios y se gozarán con alegría.
4 Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; ensalzad al que cabalga sobre los cielos, Jah es su nombre, y alegraos delante de él.
5 Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.
6 Dios hace habitar en familia a los solitarios, saca a los cautivos a prosperidad; mas los rebeldes habitan en tierra árida.
7 Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto (Selah),
8 la tierra tembló; también destilaron los cielos ante la presencia de Dios, aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel.
9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios; cuando tu heredad se cansó, tú la restableciste.
10 Los que son de tu grey han morado en ella; por tu bondad, oh Dios, has provisto para el pobre.
11 El Señor daba palabra; las que anunciaban buenas nuevas eran un gran ejército.
12 Huyeron, huyeron reyes de ejércitos, y la que se quedaba en casa repartía los despojos.
13 Aunque fuisteis echados entre las ollas, seréis como alas de paloma cubiertas de plata, y sus plumas de amarillez de oro.
14 Cuando esparció el Omnipotente los reyes en ella, se emblanqueció esta como la nieve en el monte Salmón.
15 Monte de Dios es el monte de Basán; monte alto es el monte de Basán.
16 ¿Por qué observáis, oh montes altos, al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente Jehová habitará en él para siempre.
17 Los carros de Dios son miríadas, millares y millares El Señor está entre ellos, como en el Sinaí, en el santuario.
18 Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos Jah Dios.
19 Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestras cargas, el Dios de nuestra salvación Selah.
20 Nuestro Dios es el Dios de la salvación, y de Jehová el Señor es el librar de la muerte.
21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la mollera cabelluda del que camina en sus pecados.
22 El Señor dijo: De Basán haré volver, te haré volver de las profundidades del mar;
23 para que tu pie se enrojezca con la sangre de tus enemigos, y con ella la lengua de tus perros.
24 Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.
25 Los cantores iban delante, los tañedores detrás; en medio, las doncellas con panderos.
26 Bendecid a Dios en las congregaciones; al Señor, vosotros de la estirpe de Israel.
27 Allí estaba el pequeño Benjamín señoreándolos, los príncipes de Judá en su congregación, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
28 Tu Dios ha ordenado tu fuerza; confirma, oh Dios, lo que has hecho por nosotros.
29 Por causa de tu templo en Jerusalén los reyes te ofrecerán dones.
30 Reprime la fiera de las cañas, la multitud de toros con los becerros de los pueblos, hasta que todos se sometan con sus piezas de plata; dispersa a los pueblos que se complacen en la guerra.
31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos a Dios.
32 Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad salmos al Señor (Selah),
33 al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que son desde la antigüedad; he aquí dará su voz, poderosa voz.
34 Atribuid poder a Dios; sobre Israel es su magnificencia y su poder está en las nubes.
35 Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios El Dios de Israel, él da fortaleza y vigor a su pueblo Bendito sea Dios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 39

1 ¡Qué distinto es el que se dedica por completo a estudiar la ley del Altísimo, a investigar la sabiduría de todos los antiguos y a ocuparse en las profecías!
2 Estudia lo que han dicho los hombres famosos e investiga los dichos más complicados;
3 busca el sentido oculto de los proverbios y la solución a las preguntas más difíciles.
4 Presta servicios a los hombres importantes y se le ve en compañía de los gobernantes. Viaja por países extranjeros y experimenta lo bueno y lo malo de los hombres.
5 Se empeña desde temprano por la mañana en buscar al Altísimo, al Señor que lo creó; hace oración delante de él y le pide perdón por sus pecados.
6 Si el Señor poderoso lo quiere, se llenará de inteligencia, las palabras sabias caerán como lluvia de su boca y alabará al Señor en la oración.
7 Dará consejos acertados y prudentes, y se ocupará en investigar los misterios de Dios.
8 Iluminará a otros con su doctrina y enseñanza, y se sentirá orgulloso de la ley de la alianza del Señor.
9 Muchos alabarán su inteligencia y no la olvidarán jamás. Su recuerdo no se borrará, y su nombre vivirá por todas las edades.
10 Las naciones hablarán de su sabiduría, y la comunidad cantará sus alabanzas.
11 Mientras viva, será más famoso que otros mil, y cuando muera, eso le bastará.
12 Todavía tengo en mente más cosas que decir; estoy lleno, como la luna llena.
13 Escúchenme, hijos piadosos, y florecerán como rosales sembrados junto al agua,
14 esparcirán perfume como el incienso y darán flores como el lirio. Alcen la voz para cantar a coro, bendigan al Señor por todo lo que ha hecho.
15 Proclamen la grandeza de su nombre, denle gracias y alábenlo con toda clase de cantos y música de arpas, aclámenlo con estas palabras:
16 «Todo lo que Dios ha hecho es bueno; él, a su tiempo, provee a todas las necesidades.»
17 Con una orden reunió las aguas, y a su palabra se formaron sus depósitos.
18 Lo que él quiere, se realiza de inmediato; si quiere salvar, nadie se lo impide.
19 Él ve todo lo que los hombres hacen; nada se esconde a su mirada.
20 Desde toda la eternidad él está atento, y su acción salvadora no tiene límites. Nada es para él demasiado pequeño o menudo, ni demasiado extraordinario o difícil.
21 No hay que preguntar para qué sirve esto o aquello, porque todo tiene un propósito.
22 Sus bendiciones se desbordan como el Nilo y riegan la tierra como el Éufrates.
23 Así también, cuando se enoja, destierra a las naciones y convierte en salobre el terreno bien regado.
24 A los buenos les da un camino fácil, pero a los malos, uno lleno de tropiezos.
25 Desde el principio destinó bienes para los buenos, y para los malos, bienes y males.
26 Las cosas más necesarias para la vida humana son: el agua, el fuego, el hierro, la sal, la harina, la leche, la miel, el vino, el aceite y la ropa.
27 Todas estas cosas son buenas para los buenos, pero para los malos se vuelven malas.
28 Hay vientos que Dios creó para castigo, que en su furia arrancan de raíz los cerros. En el momento del castigo se desatan con violencia, y así se aplaca la ira del que los creó.
29 El fuego, el granizo, el hambre y la peste también fueron hechos como castigos.
30 Las fieras, los alacranes, las víboras y la guerra vengadora destruyen a los malvados. Todo esto fue creado para cuando sea necesario; Dios lo tiene reservado para la hora del castigo.
31 Cuando él los llama, responden alegres y cumplen sin protestar la misión que les confía.
32 Yo he estudiado esto con detención desde el principio, lo he entendido y lo he puesto por escrito.
33 Todo lo que Dios ha hecho es bueno, y él, a su tiempo, provee a todas las necesidades.
34 No se puede decir: Esto es peor que aquello, pues todo tiene su valor a su debido tiempo.
35 Canten, pues, de todo corazón, y bendigan el nombre del Dios santo.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 5

1 Después de estas cosas, había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2 Y hay en Jerusalén cerca de la puerta de las Ovejas un estanque, que en hebreo se llama Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
3 En estos yacía una gran multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, esperando el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua era sanado de cualquier enfermedad que tuviera.
5 Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
6 Cuando Jesús lo vio tendido, y entendió que ya llevaba mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser sanado?
7 Le respondió el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se revuelve el agua; porque entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
8 Le dijo Jesús: Levántate, toma tu lecho y anda.
9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y andaba Y aquel día era sábado.
10 Entonces los judíos decían a aquel que había sido sanado: Es sábado; no te es lícito llevar tu lecho.
11 Les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el hombre que te dijo: Toma tu lecho y anda?
13 Y el que había sido sanado no sabía quién era; porque Jesús se había apartado, pues había una multitud en aquel lugar.
14 Después de estas cosas lo halló Jesús en el Templo, y le dijo: He aquí, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.
15 El hombre se fue, y avisó a los judíos que Jesús era el que lo había sanado.
16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús y procuraban matarlo, porque hacía estas cosas en sábado.
17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
18 Por esto los judíos procuraban aun más matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su Padre, haciéndose igual a Dios.
19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo igualmente.
20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de manera que vosotros os maravilléis.
21 Porque como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
22 Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo;
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me ha enviado tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oyeren vivirán.
26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo el tener vida en sí mismo;
27 y también le dio poder de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre.
28 No os maravilléis de esto; porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
29 y los que hicieron bien saldrán a la resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a la resurrección de condenación.
30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió.
31 Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32 Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
33 Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
35 Él era la antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un poco en su luz.
36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliera, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
37 Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su apariencia.
38 Y no tenéis su palabra permaneciendo en vosotros, porque a quien él envió, a este vosotros no creéis.
39 Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
40 Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida.
41 Gloria de los hombres no recibo.
42 Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a aquel recibiréis.
44 ¿Cómo podéis vosotros creer, recibiendo la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
45 No penséis que yo os acusaré delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.
46 Porque si vosotros creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
47 Y si sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis a mis palabras?

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, que eres el autor de toda piedad: Dígnate, te suplicamos, escuchar las piadosas oraciones de tu Iglesia, y concede que aquellas cosas que pedimos fielmente, las obtengamos eficazmente, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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