Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 10 de noviembre de 2026

Martes de la Vigésimo Cuarta Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 50

1 El Dios de dioses, Jehová, ha hablado y ha convocado a la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
2 De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido.
3 Vendrá nuestro Dios y no callará; fuego consumirá delante de él, y alrededor suyo habrá gran tempestad.
4 Convocará a los cielos de arriba y a la tierra, para juzgar a su pueblo.
5 Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.
6 Y los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez Selah.
7 Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo.
8 No te reprenderé por tus sacrificios, pues tus holocaustos están siempre delante de mí.
9 No tomaré de tu casa becerros ni machos cabríos de tus apriscos.
10 Porque mía es toda bestia del bosque y los animales en los millares de collados.
11 Conozco todas las aves de los montes, y lo que se mueve en el campo es mío.
12 Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud.
13 ¿He de comer yo carne de fuertes toros o de beber sangre de machos cabríos?
14 Sacrifica a Dios alabanza y paga tus votos al Altísimo.
15 E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.
16 Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes y tomar mi pacto en tu boca? ,
17 pues tú aborreces la corrección y echas a tu espalda mis palabras.
18 Si veías al ladrón, te complacías con él, y con los adúlteros era tu parte.
19 Tu boca se entregaba al mal y tu lengua componía engaño.
20 Tomabas asiento y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia.
21 Estas cosas hiciste y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero yo te reprenderé y las pondré delante de tus ojos.
22 Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que os destroce y no haya quien os libre.
23 El que sacrifica alabanza me honrará, y al que ordene su camino, le mostraré la salvación de Dios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 51

1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2 Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
3 Porque yo reconozco mis rebeliones y mi pecado está siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, para que seas reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio.
5 He aquí, en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre.
6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
7 Purifícame con hisopo y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve.
8 Hazme oír gozo y alegría, y se regocijarán los huesos que has abatido.
9 Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades.
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo Espíritu.
12 Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.
13 Enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti.
14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia.
15 Señor, abre mis labios y publicará mi boca tu alabanza.
16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto.
17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
18 Haz bien con tu benevolencia a Sion; edifica los muros de Jerusalén.
19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 52

1 ¿Por qué te jactas de la maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua.
2 Maldades maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño.
3 Amaste el mal más que el bien, la mentira más que hablar justicia Selah.
4 Has amado todas las palabras perniciosas, engañosa lengua.
5 Por tanto, Dios te destruirá para siempre, te tomará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes Selah.
6 Y lo verán los justos y temerán, y se reirán de él diciendo:
7 He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas y se fortaleció en su maldad.
8 Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre.
9 Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; y esperaré en tu nombre, porque es bueno delante de tus santos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 33

1 Al que respeta al Señor no le pasará nada malo; aunque Dios lo pone a prueba, lo salvará.
2 El que odia la ley no llegará a ser sabio, será como nave sacudida por la tempestad.
3 El sabio entiende la palabra del Señor y mira la ley como enseñanza divina.
4 Ordena tus asuntos antes de realizarlos; arregla la casa antes de habitarla.
5 La mente del tonto es como la rueda de un carro: sus pensamientos dan vueltas y vueltas.
6 Amigo repelente es como caballo en celo: no importa quién lo monte, siempre relincha.
7 ¿Por qué se distinguen unos días de otros, si todo el año brilla el mismo sol?
8 La sabiduría del Señor hizo una distinción, y señaló diversas épocas y fechas.
9 Bendijo algunos días y los hizo sagrados, y a otros los dejó como días ordinarios.
10 También todos los hombres son de barro; Adán fue hecho del polvo de la tierra.
11 Pero el Señor, en su sabiduría, los distinguió y determinó que fueran diversos sus caminos.
12 A unos los bendijo y les dio alta posición, o los consagró para que se acerquen a él; y a otros los maldijo y humilló y derribó de sus puestos.
13 Como el barro en manos del que lo trabaja, que puede hacer con él lo que quiera, así es el hombre en manos de su Creador, que le señala un puesto en su presencia.
14 Frente al mal está el bien, frente a la vida, la muerte; frente al bueno, el malvado, frente a la luz, la oscuridad.
15 Fíjate en todas las cosas hechas por Dios: están por pares, la una frente a la otra.
16 Aunque he sido el último en dedicarme a estos estudios, como quien recoge espigas detrás de los segadores,
17 con la bendición de Dios pude progresar y recogí también mi cosecha.
18 Vean que no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la sabiduría.
19 Escuchen, pues, los que gobiernan la nación; jefes del pueblo, pongan atención.
20 Ni a hijo ni a esposa ni a amigo ni a vecino des poder sobre tu vida.
21 Mientras vivas y respires no dejes que nadie te domine. No des a otro lo que tienes, pues te arrepentirás y tendrás que pedirle favores.
22 Es preferible que tus hijos te supliquen, a que tú dependas de ellos.
23 En todo lo que hagas conserva el dominio, y no dejes que tu buen nombre se manche.
24 Cuando lleguen al final tus pocos días y tengas que morir, reparte tu herencia.
25 Al burro, pasto, palos y carga; y al esclavo, pan, corrección y trabajo.
26 Da trabajo a tu esclavo, para que no busque el descanso; si levanta la cabeza, se rebelará contra ti.
27 Con yugo y riendas se doblega una bestia, y con duros castigos al mal esclavo.
28 Pon a tu esclavo a trabajar, para que no esté ocioso, pues la ociosidad trae muchos males.
29 Hazlo trabajar como le corresponde; y si no obedece, ponle cadenas en los pies.
30 Pero no te excedas con nadie ni hagas nada sin tener derecho.
31 Si tienes un solo esclavo, trátalo como a ti mismo, pues lo compraste con sangre.
32 Si tienes un solo esclavo, trátalo como a un hermano, pues lo necesitarás como a ti mismo.
33 Si lo maltratas, se escapará, ¿y por dónde irás a buscarlo?

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 2

1 Y al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea; y estuvo allí la madre de Jesús.
2 Y fue también llamado Jesús, y sus discípulos, a la boda.
3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
4 Jesús le dijo: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
5 Su madre dijo a los sirvientes: Haced todo lo que él os dijere.
6 Y se habían puesto allí seis tinajas de piedra para agua, conforme a la purificación de los judíos, y en cada una cabían dos o tres cántaros.
7 Les dijo Jesús: Llenad estas tinajas de agua Y las llenaron hasta arriba.
8 Y les dijo: Sacad ahora de ellas, y presentadlo al maestresala Y se lo presentaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llamó al esposo,
10 y le dijo: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces lo que es inferior; pero tú has guardado el buen vino hasta ahora.
11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12 Después de esto descendió a Capernaúm, él, y su madre, y sus hermanos, y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
13 Y estaba cerca la Pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén.
14 Y halló en el Templo a los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y a los cambistas sentados.
15 Y haciendo un azote de cuerdas, los echó a todos del Templo, a las ovejas y también a los bueyes; y derramó las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;
16 y a los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto; no hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.
17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consumió.
18 Entonces los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, dado que haces esto?
19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
20 Dijeron, entonces, los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?
21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
22 Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que les había dicho esto; y creyeron a la Escritura y a la palabra que Jesús había dicho.
23 Y estando en Jerusalén durante la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque él conocía a todos,
25 y no tenía necesidad que nadie le diera testimonio del hombre, porque él sabía lo que había en el hombre.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, que eres el autor de toda piedad: Dígnate, te suplicamos, escuchar las piadosas oraciones de tu Iglesia, y concede que aquellas cosas que pedimos fielmente, las obtengamos eficazmente, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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