Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 2 de noviembre de 2026

Lunes de la Vigésima Tercera Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 9

1 Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.
2 Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré salmos a tu nombre, oh Altísimo.
3 Cuando mis enemigos sean vueltos atrás, caerán y perecerán delante de ti.
4 Porque has mantenido mi derecho y mi causa; te sentaste en el trono juzgando con justicia.
5 Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos eternamente y para siempre.
6 Oh enemigo, los asolamientos se han acabado para siempre; y las ciudades que derribaste, su recuerdo pereció con ellas.
7 Mas Jehová permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio.
8 Y él juzgará al mundo con justicia, juzgará a los pueblos con rectitud.
9 Y Jehová será refugio para el oprimido, refugio para el tiempo de angustia.
10 Y en ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.
11 Cantad salmos a Jehová, que habita en Sion; anunciad entre los pueblos sus obras.
12 Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos; no se olvidó del clamor de los pobres.
13 Ten misericordia de mí, Jehová; mira mi aflicción, que padezco de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte,
14 para que cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion, y me goce en tu salvación.
15 Se hundieron las naciones en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue prendido su pie.
16 Jehová se ha hecho conocer por el juicio que hizo; en la obra de sus manos fue enlazado el malo Higaión Selah.
17 Los malos volverán al sepulcro, todas las naciones que se olvidan de Dios.
18 Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.
19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti.
20 Pon, oh Jehová, temor en ellos; conozcan las naciones que no son más que hombres Selah.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 10

1 ¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en tiempos de tribulación?
2 Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean atrapados en las maquinaciones que han ideado.
3 Porque se jacta el malo del deseo de su alma y, bendiciendo al codicioso, desprecia a Jehová.
4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
5 Sus caminos son firmes en todo tiempo; tus juicios están por encima de él; resopla con desprecio a todos sus enemigos.
6 Dice en su corazón: No seré movido de generación en generación ni estaré en infortunio.
7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua hay vejación y maldad.
8 Se sienta al acecho cerca de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente; sus ojos están acechando al desvalido.
9 Acecha en oculto, como el león desde su cueva; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo a su red.
10 Se encoge, se agacha, y caen en su poder muchos desdichados.
11 Dice en su corazón: Dios lo ha olvidado, ha escondido su rostro; nunca lo verá.
12 Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres.
13 ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho que tú no lo inquirirás.
14 Tú lo has visto, porque tú miras el trabajo y la vejación, para dar el pago con tu mano; a ti se acoge el desvalido, tú eres el ayudador del huérfano.
15 Quebranta el brazo del malo y del maligno; buscarás su maldad, hasta que no halles ninguna.
16 Jehová, Rey eterno y para siempre; de su tierra fueron destruidas las naciones.
17 El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; tú dispones su corazón, haces atento tu oído,
18 para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a causar terror el hombre de la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 11

1 En Jehová he confiado; ¿cómo decís a mi alma: Escapa a vuestro monte cual ave?
2 Porque, he aquí, los malos tensaron el arco, dispusieron sus saetas sobre la cuerda, para asaetear en oculto a los rectos de corazón.
3 Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?
4 Jehová está en su santo templo; el trono de Jehová está en los cielos; sus ojos ven, sus párpados prueban a los hijos de los hombres.
5 Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece.
6 Hará llover lazos sobre los malos, fuego y azufre; y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.
7 Porque Jehová es justo; él ama la justicia; al recto mirará su rostro.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 16

1 No te entusiasmes con hijos hermosos pero inútiles, ni te alegres de tener hijos malvados.
2 Aunque sean muchos, no te sientas contento de ellos, si no reverencian al Señor.
3 No confíes en que vivan mucho tiempo, ni creas que terminarán bien. Vale más hijo dócil que mil que no lo son; vale más morir sin hijos que tener hijos insolentes.
4 Un solo hombre sensato hace crecer una ciudad, pero un grupo de bandidos la deja desierta.
5 Muchas cosas así he visto con mis ojos, y peores aún he oído contar.
6 Dios envió fuego contra el grupo de Coré, hombres malvados, y se enojó con la nación impía.
7 No perdonó a los poderosos del pasado, que se rebelaron al sentirse fuertes.
8 Tampoco perdonó a los que vivían con Lot, que se hincharon llenos de orgullo.
9 No tuvo compasión de Canaán, nación maldita, que por sus pecados perdió todas sus cosas.
10 Así pasó también con los seiscientos mil israelitas que murieron por su insolencia.
11 Y aunque sea uno solo el rebelde, sería un milagro que quedara sin castigo. En Dios hay misericordia e ira; él tolera y perdona, pero también castiga a los malvados.
12 Tan grande como su misericordia es su castigo; él juzga a cada uno según lo que haya hecho.
13 No deja escapar al malvado con su presa, ni deja sin cumplir los deseos del justo.
14 Todo el que da limosna tendrá su premio, cada uno conforme a lo que haya hecho.
17 No digas: «Me esconderé de Dios. ¿Quién en el cielo se acuerda de mí? Entre tanta gente no pueden distinguirme; ¿quién soy yo en este mundo inmenso?»
18 Mira, cuando aparece Dios, se ponen a temblar hasta el más alto cielo, y el océano y la tierra.
19 Aun las bases de los montes y los cimientos de la tierra se estremecen de terror cuando Dios los mira.
20 Algunos dicen: «Dios no se fija en mí. ¿Quién presta atención a mi conducta?
21 Si peco, nadie me ve, si engaño a escondidas, ¿quién lo va a saber?
22 Si uno hace el bien, ¿quién se lo contará a Dios? ¿Qué puedo esperar de cumplir con el deber?»
23 Sólo los insensatos piensan de este modo; así discurren los estúpidos.
24 ¡Escúchenme y aprendan a ser sabios! ¡Pongan atención a mis palabras!
25 Diré con moderación lo que pienso, expondré con modestia lo que sé.
26 Cuando Dios al principio creó sus obras, les dio la existencia y les fijó normas,
27 les señaló para siempre un orden en sus funciones y estableció sus jerarquías por todos los tiempos. Ellas no sienten hambre ni se cansan, ni dejan nunca de cumplir su oficio.
28 Ninguna de ellas estorba a las demás, ni jamás desobedecen las órdenes de Dios.
29 Después de esto, Dios miró a la tierra y la llenó de sus bienes.
30 La cubrió de seres vivientes de toda especie, que de nuevo han de volver a ella.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 18

1 Y les dijo también una parábola sobre que es necesario orar siempre y no desmayar,
2 diciendo: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni respetaba al hombre.
3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
4 Pero él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios ni tengo respeto al hombre,
5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que venga continuamente y me agote la paciencia.
6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto.
7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque se demore para con ellos?
8 Os digo que les hará justicia pronto Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?
9 Y dijo también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros:
10 Dos hombres subieron al Templo a orar; uno era fariseo y el otro, publicano.
11 El fariseo, en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano.
12 Ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que golpeaba su pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que este descendió a su casa justificado y no el otro, porque cualquiera que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.
15 Y le traían los niños para que los tocara; y al verlo los discípulos, los reprendían.
16 Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios.
17 De cierto os digo que cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
18 Y le preguntó un hombre principal, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
19 Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino uno solo, Dios.
20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
21 Y él dijo: Todo esto he guardado desde mi juventud.
22 Y Jesús, al oír esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
23 Entonces él, al oír estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
25 Porque es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios.
26 Y los que lo oían dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?
27 Y él les dijo: Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.
28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido.
29 Y él les dijo: De cierto os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,
30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
31 Y Jesús, tomando a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que fueron escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre.
32 Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido.
33 Y después que lo hayan azotado, lo matarán; mas al tercer día resucitará.
34 Pero ellos nada comprendían de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.
35 Y aconteció que, acercándose él a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
36 y al oír la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.
37 Y le dijeron que pasaba Jesús el nazareno.
38 Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
39 Y los que iban delante lo reprendían para que callara, mas él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
40 Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerlo ante sí; y cuando él llegó, le preguntó,
41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que recobre la vista.
42 Y Jesús le dijo: Recobra la vista; tu fe te ha salvado.
43 Y al instante recobró la vista, y lo seguía glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando lo vio, dio alabanza a Dios.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Señor, te suplicamos que guardes tu casa, la Iglesia, en continua piedad, para que por tu protección esté libre de todas las adversidades, y se dedique devotamente a servirte con buenas obras, para la gloria de tu nombre, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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