Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 31 de octubre de 2026

Sábado de la Vigésima Segunda Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 144

1 Bendito sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra;
2 misericordia mía y mi castillo, refugio mío y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que sujeta a mi pueblo debajo de mí.
3 Oh Jehová, ¿qué es el hombre para que lo conozcas, o el hijo del hombre para que lo estimes?
4 El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa.
5 Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen.
6 Despide relámpagos y dispérsalos; envía tus saetas y túrbalos.
7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos de extraños,
8 cuya boca habla vanidad y su diestra es diestra de mentira.
9 Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo; con salterio, con decacordio cantaré a ti,
10 el que da salvación a los reyes, el que redime a David, su siervo, de maligna espada.
11 Redímeme y sálvame de mano de los hijos de extraños, cuya boca habla vanidad y su diestra es diestra de mentira.
12 Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de las de un palacio;
13 nuestros graneros estén llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados aumenten por millares, por decenas de millares en nuestros campos;
14 nuestros bueyes vayan cargados; no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.
15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 145

1 Te ensalzaré, mi Dios y Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
2 Cada día te bendeciré y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
3 Grande es Jehová y digno de suprema alabanza, y su grandeza es inescrutable.
4 Generación a generación celebrará tus obras, y anunciarán tus poderosos hechos.
5 En la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos maravillosos meditaré.
6 Y de la fortaleza de tus tremendos hechos hablarán los hombres, y yo contaré tu grandeza.
7 Difundirán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.
8 Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia.
9 Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias, sobre todas sus obras.
10 Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan.
11 La gloria de tu reino digan y hablen de tu poder,
12 para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos y la gloria de la magnificencia de su reino.
13 Tu reino es reino de todos los siglos y tu señorío, por todas las generaciones.
14 Sostiene Jehová a todos los que caen y levanta a todos los oprimidos.
15 Los ojos de todos esperan en ti y tú les das su comida a su tiempo.
16 Abres tu mano y colmas el deseo de todo viviente.
17 Justo es Jehová en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras.
18 Cercano está Jehová a todos los que lo invocan, a todos los que lo invocan de veras.
19 Cumplirá el deseo de los que lo temen; oirá asimismo el clamor de ellos y los salvará.
20 Jehová guarda a todos los que lo aman, pero destruirá a todos los impíos.
21 La alabanza de Jehová hablará mi boca, y bendiga toda carne su santo nombre eternamente y para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 146

1 Alaba, oh alma mía, a Jehová.
2 Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
3 No confiéis en los príncipes ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
4 Sale su espíritu, se vuelve el hombre a la tierra; en aquel día perecen sus pensamientos.
5 Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios,
6 que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que guarda la verdad para siempre,
7 que hace justicia a los agraviados, que da pan a los hambrientos Jehová suelta a los aprisionados;
8 Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos.
9 Jehová guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, y el camino de los impíos trastorna.
10 Reinará Jehová para siempre; tu Dios, oh Sion, de generación en generación Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 14

1 ¡Dichoso el hombre que no sufre por lo que dice y a quien la conciencia no le acusa!
2 ¡Dichoso el hombre al que no le falta el ánimo ni ha perdido la esperanza!
3 El tacaño no merece la riqueza; no merece tener oro el avaro.
4 El que es tacaño consigo mismo, acumula para otros: gente extraña gozará de sus bienes.
5 El que es tacaño consigo mismo, ¿con quién será generoso? No saca provecho ni de sus propios bienes.
6 Nadie peor que el que es tacaño consigo mismo: en sí mismo lleva el castigo de su tacañería.
7 Si hace un favor, es por descuido; al fin mostrará su tacañería.
8 Mala persona es el avaro; vuelve la vista sin prestar atención a nadie.
9 Al acaparador, todo lo que tiene le parece poco; pero al quitar a los otros, pierde lo suyo.
10 El avaro mira el pan con ansia, pero no pone nada en su mesa.
11 Hijo mío, si tienes algo, úsalo para tu provecho y sé generoso con Dios.
12 Recuerda que la muerte no tarda. Nadie te ha dicho cuándo vas a morir.
13 Antes de morir haz bien a tus amigos y dales de acuerdo con tus posibilidades.
14 No renuncies a la felicidad presente, ni pases por alto lo que es bueno y deseable.
15 Tendrás que dejar a otros tu riqueza y se repartirán lo que conseguiste con sudores.
16 Da a tus hermanos y trátate bien, pues en la tumba no se pueden buscar placeres.
17 Todo ser viviente se gasta como la ropa, pues es ley eterna que tenemos que morir.
18 Somos como las hojas de un árbol frondoso: unas se marchitan y otras brotan. Así pasa con los hombres: unos mueren y otros nacen.
19 Todo lo que hace el hombre, se destruye al fin; todo su trabajo desaparecerá con él.
20 Dichoso el que se ocupa en la sabiduría y se interesa por tener inteligencia,
21 que pone atención al camino que ella sigue y se fija en sus senderos;
22 así puede salir a buscarla y mirar dónde se encuentra.
23 Mira por las ventanas de la casa de ella y escucha a su puerta.
24 Acampa junto a su casa, asegurando la tienda en sus paredes.
25 Pone su habitación junto a ella para vivir feliz en su vecindad.
26 Pone su nido en sus ramas y pasa la noche entre sus hojas.
27 A la sombra de ella se protege del calor, y vive por ella resguardado.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 17

1 Y dijo a sus discípulos: Es imposible que no vengan los escándalos; mas, ¡ay de aquel por quien vienen!
2 Mejor le fuera si le ataran al cuello una piedra de molino de asno y lo lanzarán al mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos.
3 Mirad por vosotros mismos Si tu hermano pecare contra ti, repréndelo; y si se arrepintiere, perdónalo.
4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónalo.
5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
6 Entonces el Señor dijo: Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate y plántate en el mar; y os obedecería.
7 ¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara o apacienta y, cuando ha vuelto del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
8 ¿No le dice más bien: Prepárame algo para cenar, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.
11 Y aconteció que yendo él a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
12 Y entrando en una aldea, le vinieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos,
13 y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.
14 Y cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes Y aconteció que, mientras ellos iban, fueron limpiados.
15 Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz.
16 Y cayó sobre su rostro a los pies de él, dándole gracias; y este era samaritano.
17 Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?
18 ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios, sino este extranjero?
19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
20 Y preguntado por los fariseos cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia,
21 ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.
22 Y dijo a sus discípulos: Vendrán días cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.
23 Y os dirán: Helo aquí, o helo allí No vayáis ni los sigáis.
24 Porque como el relámpago que, al relampaguear, resplandece desde un extremo debajo del cielo hasta el otro extremo debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.
25 Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación.
26 Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre:
27 comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca y vino el diluvio y los destruyó a todos.
28 Asimismo, también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;
29 mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.
30 Así será el día en que el Hijo del hombre se manifieste.
31 En aquel día, el que esté sobre el terrado, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que esté en el campo, igualmente no vuelva atrás.
32 Acordaos de la mujer de Lot.
33 El que procure salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará.
34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama: uno será tomado y el otro será dejado.
35 Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será tomada y la otra será dejada.
36 Dos estarán en el campo: uno será tomado y el otro será dejado.
37 Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde esté el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Concede, te suplicamos, Señor misericordioso, perdón y paz a tu pueblo fiel, para que sea limpiado de todos sus pecados, y te sirva con mente tranquila, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

Día Anterior Hoy Día Siguiente