Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 22 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Primera Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 107

1 Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.
2 Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido de mano del enemigo.
3 y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur.
4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, no hallando ciudad donde habitar.
5 Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos.
6 Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones,
7 y los dirigió por camino derecho, para que vinieran a ciudad donde habitar.
8 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres,
9 porque sació al alma menesterosa y llenó de bien al alma hambrienta.
10 Moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros,
11 por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová y aborrecieron el consejo del Altísimo.
12 Por lo que él quebrantó con trabajo sus corazones; cayeron y no hubo quien los ayudara.
13 Luego que clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones;
14 los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.
15 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres,
16 porque quebrantó las puertas de bronce y desmenuzó los cerrojos de hierro.
17 Los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus iniquidades, fueron afligidos.
18 Su alma abominó todo alimento y llegaron hasta las puertas de la muerte.
19 Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los salvó de sus aflicciones.
20 Envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.
21 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres;
22 y ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.
23 Los que descienden al mar en navíos y hacen negocio en las muchas aguas,
24 ellos han visto las obras de Jehová y sus maravillas en las profundidades.
25 Pues él habló y alzó el viento tempestuoso que levanta sus olas.
26 Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal.
27 Tiemblan y titubean como borrachos, y todo su conocimiento se pierde.
28 Entonces claman a Jehová en su angustia, y él los libra de sus aflicciones.
29 Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus olas.
30 Luego se alegran porque se aquietaron, y él los guía al puerto que deseaban.
31 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
32 Y ensálcenlo en la congregación del pueblo, y en el consejo de ancianos lo alaben.
33 Él convierte los ríos en desierto y los manantiales de las aguas en sequedales;
34 la tierra fructífera en lugares salados, por la maldad de los que la habitan.
35 Convierte el desierto en estanques de aguas y la tierra seca en manantiales de aguas.
36 Y allí hace morar a los hambrientos, y establecen ciudad donde habitar;
37 y siembran campos, y plantan viñas, y producen abundante fruto.
38 Y los bendice, y se multiplican en gran manera; y él no disminuye sus bestias.
39 Después disminuyen y son abatidos a causa de tiranía, de males y congojas.
40 Él derrama menosprecio sobre los príncipes y los hace andar errantes por un desierto sin camino;
41 y levanta al pobre de la miseria, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.
42 Véanlo los rectos y alégrense, y toda maldad cierre su boca.
43 ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sabiduría 17

1 Tus juicios son grandiosos e inexplicables. Por eso, la gente que no aprende se equivoca.
2 Los malvados pensaron que podían oprimir al pueblo consagrado a ti, pero fueron ellos los que, aprisionados por la oscuridad y cautivos de una noche interminable, tuvieron que quedarse encerrados en sus casas, sin gozar de la luz que tú, en tu providencia, siempre das.
3 Pensaron que los pecados que cometían en secreto quedarían ocultos bajo el oscuro manto del olvido, pero, en realidad, tuvieron que huir en todas direcciones, terriblemente asustados por apariciones que los llenaban de terror.
4 De hecho, ni siquiera escondiéndose en sus casas pudieron librarse de ese miedo. Por todas partes oían ruidos que los aterraban, y se les aparecían figuras espantosas de aspecto horrible.
5 El fuego no tenía fuerza suficiente para darles luz, ni el resplandor brillante de los astros lograba iluminar aquella horrible noche.
6 Para ellos brillaba solamente un fuego que los espantaba y que ardía por sí solo; y era tal el miedo, que cuando la visión desaparecía de su vista todavía les parecía más terrible.
7 Los trucos de la magia fracasaron, y la ciencia de que presumían quedó en ridículo,
8 pues los que prometían librar de temores y angustias a los hombres enfermos, estaban a su vez enfermos de un miedo ridículo.
9 Y aunque no hubiera nada terrible que los asustara, los pasos de los animales y el silbido de las serpientes los llenaban de pavor; se morían de miedo, y ni siquiera se atrevían a mirar el aire, del que es imposible escapar.
10 Ciertamente la maldad es cobarde, pues tiene en sí misma un testigo que la condena; acosada por la conciencia, siempre imagina lo peor.
11 El miedo, en realidad, no es otra cosa que no querer servirse de la ayuda de la razón.
12 Mientras menores son los recursos interiores, peor parece la causa desconocida del tormento.
13 Los egipcios, en medio de aquella oscuridad que, en realidad, no tenía ningún poder, pues venía de las profundidades del reino impotente de la muerte, aunque dormían como de costumbre,
14 se veían perseguidos por horribles fantasmas, o se sentían paralizados y sin fuerzas, a causa del terror que, de repente y sin que lo esperaran, los había invadido.
15 Así, todos por igual, donde estuvieran, caían como presos en una cárcel sin rejas:
16 lo mismo agricultores que pastores, o los que trabajaban en los campos solitarios, todos, de improviso, sufrían este castigo, sin poder escapar, pues la oscuridad los tenía presos a todos por igual.
17 El silbido del viento, el melodioso canto de los pájaros en las ramas de los árboles, el rumor acompasado del agua que corría con fuerza, el ruido seco de las piedras al caer,
18 la invisible carrera de los animales que brincaban, el rugido de las fieras salvajes o el eco en las cavernas de los montes los paralizaban de terror.
19 El resto del mundo, iluminado por una luz resplandeciente, se entregaba libremente a sus tareas;
20 sólo sobre los egipcios se extendía una pesada noche, imagen de la oscuridad en que iban a caer; pero ellos eran para sí mismos más insoportables que la oscuridad.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 8

1 Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
2 y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
3 y Juana, mujer de Chuza, administrador de Herodes, y Susana, y muchas otras que le servían de sus bienes.
4 Y cuando se juntó una gran multitud, y los que de cada ciudad vinieron a él, dijo por parábola:
5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la devoraron.
6 Y otra parte cayó sobre la roca; y después de brotar, se secó, porque no tenía humedad.
7 Y otra parte cayó entre los espinos; y al nacer los espinos juntamente con ella, la ahogaron.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando brotó, llevó fruto a ciento por uno Diciendo estas cosas, clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros en parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino son los que oyen; y luego viene el diablo y quita la palabra de su corazón, para que no crean y se salven.
13 Y los de sobre la roca son los que, habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas estos, los que por un tiempo creen, no tienen raíces, y en el tiempo de la tentación se apartan.
14 Y la que cayó entre los espinos, estos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados por los afanes y por las riquezas y por los placeres de la vida, y no llevan fruto.
15 Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto con paciencia.
16 Ninguno que enciende una lámpara la cubre con una vasija, o la pone debajo de la cama; sino que la pone en un candelabro, para que los que entran vean la luz.
17 Porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado, ni escondido que no haya de ser conocido y de salir a la luz.
18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tiene, le será dado, y al que no tiene, aun lo que piensa tener le será quitado.
19 Y vinieron a él su madre y sus hermanos; y no podían llegar a él por causa de la multitud.
20 Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, y quieren verte.
21 Entonces él, respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la hacen.
22 Y aconteció un día, que él entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago Y partieron.
23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió Y sobrevino una tempestad de viento en el lago, y se anegaban y peligraban.
24 Y acercándose a él, lo despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y levantándose él, reprendió al viento y a las olas del agua; y cesaron, y se hizo bonanza.
25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciéndose los unos a los otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y al agua manda, y lo obedecen?
26 Y navegaron a la región de los gadarenos, que está frente a Galilea.
27 Y al llegar él a tierra, le vino al encuentro un hombre de la ciudad que tenía demonios desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa ni habitaba en casa, sino en los sepulcros.
28 Y al ver a Jesús, gritó y se postró delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
29 Porque mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y, guardándolo preso, lo ataban con cadenas y grillos, mas rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.
30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cuál es tu nombre? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él.
31 Y le rogaban que no los mandara ir al abismo.
32 Y había allí una piara de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejara entrar en ellos; y los dejó.
33 Y saliendo los demonios del hombre, entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.
34 Y los que los apacentaban, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo lo anunciaron en la ciudad y en los campos.
35 Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
36 Y los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado aquel endemoniado.
37 Entonces toda la multitud de la tierra alrededor de los gadarenos le rogó que se fuera de ellos, porque tenían gran temor Y él, subiendo en la barca, se fue.
38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogó que lo dejara estar con él Mas Jesús lo despidió, diciendo:
39 Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas Dios ha hecho contigo Y se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas Jesús había hecho con él.
40 Y aconteció que, al volver Jesús, la multitud lo recibió, porque todos lo esperaban.
41 Y he aquí vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrara en su casa;
42 porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo Y mientras iba, la multitud lo apretaba.
43 Y una mujer que desde hacía doce años estaba con flujo de sangre, la cual había gastado todos sus bienes en médicos y por ninguno había podido ser curada,
44 acercándose por detrás, tocó el borde de su vestido; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negándolo todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Y Jesús dijo: Alguien me ha tocado, porque yo sé que ha salido poder de mí.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando y, postrándose delante de él, le declaró ante todo el pueblo por qué causa lo había tocado, y cómo al instante había sido sanada.
48 Y él le dijo: Hija, confía; tu fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estando aún él hablando, vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes al Maestro.
50 Y oyéndolo Jesús, le respondió diciendo: No temas; cree solamente, y será salva.
51 Y entrando en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la muchacha.
52 Y lloraban todos, y hacían lamentación por ella Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme.
53 Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Mas él, echando fuera a todos, la tomó de la mano y clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
55 Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que le dieran de comer.
56 Y sus padres estaban atónitos; mas él les mandó que a nadie dijeran lo que había sido hecho.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios todopoderoso y misericordiosísimo, por tu abundante bondad guárdanos, te suplicamos, de todas las cosas que puedan dañarnos, para que nosotros, preparados tanto en cuerpo como en alma, cumplamos gozosamente aquellas cosas que tú deseas que hagamos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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