Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 18 de octubre de 2026

San Lucas, Evangelista

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 90

1 Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.
2 Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
3 Vuelves al hombre hasta ser quebrantado y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
4 Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.
5 Los haces pasar como torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana;
6 en la mañana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca.
7 Porque con tu furor somos consumidos y con tu ira somos turbados.
8 Pusiste nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados ocultos a la luz de tu rostro.
9 Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un suspiro.
10 Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasa y volamos.
11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido?
12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría.
13 Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos.
14 De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste y los años en que vimos el mal.
16 Aparezca en tus siervos tu obra y tu gloria sobre sus hijos.
17 Y sea la hermosura del Señor nuestro Dios sobre nosotros; y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos confirma.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 91

1 El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.
3 Pues él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.
5 No tendrás temor de pavor nocturno, ni de saeta que vuele de día,
6 ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque tú has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,
10 no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada.
11 Porque a sus ángeles mandará acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán, no sea que tropieces con tu pie en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y a la serpiente.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y lo glorificaré.
16 Lo saciaré de largos días y le mostraré mi salvación.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 92

1 Bueno es alabar a Jehová y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo;
2 anunciar por la mañana tu misericordia y tu fidelidad en las noches,
3 en el decacordio y en el salterio, en tono suave con el arpa.
4 Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo.
5 ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos.
6 El hombre necio no sabe y el insensato no entiende esto,
7 que cuando brotan los impíos como la hierba y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos para siempre.
8 Mas tú, Jehová, para siempre eres excelso.
9 Porque he aquí, tus enemigos, oh Jehová, porque he aquí, tus enemigos perecerán; serán esparcidos todos los que hacen maldad.
10 Pero tú ensalzarás mi cuerno como el del búfalo; seré ungido con aceite fresco.
11 Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; oirán mis oídos acerca de los que se levantaron contra mí, de los malignos.
12 El justo florecerá como la palmera, crecerá como el cedro en el Líbano.
13 Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán.
14 Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes,
15 para anunciar que Jehová es recto, mi fortaleza, y que en él no hay injusticia.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Sirácides 51

1 Yo te alabo, oh Dios, mi salvador, te doy gracias, Dios y Padre mío. Voy a proclamar tu nombre,
2 refugio de mi vida, porque me salvaste de la muerte, porque libraste mi cuerpo de la tumba, porque no dejaste que cayera en el reino de la muerte. Me salvaste de las malas lenguas, de las calumnias de los mentirosos.
3 Por tu gran amor me ayudaste, te pusiste a mi lado contra mis enemigos, contra los que querían quitarme la vida. Me salvaste de grandes aflicciones,
4 de angustias que me cercaban como fuego, de una hoguera que no podía apagarse,
5 del fondo del abismo, de labios pérfidos y llenos de mentira,
6 de las flechas de lenguas traicioneras. Ya estaba yo cerca de la muerte, y mi vida casi en lo más hondo del abismo;
7 miré alrededor, y no había quien me ayudara, busqué un apoyo, pero no lo había.
8 Entonces me acordé de la misericordia del Señor y de su amor, que es eterno. El Señor salva a quienes a él se acogen, y los libra de todo mal.
9 Alcé la voz desde la tierra, grité desde las puertas del sepulcro,
10 y oré: «Señor, tú eres mi padre, tú tienes poder para salvarme; no me abandones en el momento del peligro, en la hora del terror y la desolación. Te alabaré continuamente y te invocaré en mis oraciones.»
11 Entonces el Señor oyó mi voz, escuchó mi súplica y me libró de todo mal; me salvó en el momento del peligro.
12 Por eso le doy gracias, y alabo y bendigo el nombre del Señor. 12a Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su amor es eterno. 12b Den gracias al Dios de la alabanza, porque su amor es eterno. 12c Den gracias al protector de Israel, porque su amor es eterno. 12d Den gracias al Creador del universo, porque su amor es eterno. 12e Den gracias al redentor de Israel, porque su amor es eterno. 12f Den gracias al que reúne a los israelitas dispersos, porque su amor es eterno. 12g Den gracias al que reconstruye la ciudad y el templo, porque su amor es eterno. 12h Den gracias al que hace renacer el poder de la dinastía de David, porque su amor es eterno. 12i Den gracias al que escogió como sacerdotes a los descendientes de Sadoc, porque su amor es eterno. 12j Den gracias al protector de Abraham, porque su amor es eterno. 12k Den gracias al refugio de Isaac, porque su amor es eterno. 12l Den gracias al Dios poderoso de Jacob, porque su amor es eterno. 12m Den gracias al que eligió a Sión, porque su amor es eterno. 12n Den gracias al Rey de todos los reyes, porque su amor es eterno. 12ñ ¡Él ha dado poder a su pueblo! Alabanza de todos sus fieles, de los israelitas, su pueblo cercano. ¡Alabado sea el Señor!
13 Cuando yo era joven, antes de irme a recorrer mundo, deseaba ardientemente recibir sabiduría.
14 Y ella vino a mí en toda su belleza; yo la busqué hasta que di por fin con ella.
15 Estaba en su punto, como racimo maduro, y en ella se alegró mi corazón. Yo seguí fielmente su camino, porque desde pequeño la había aprendido.
16 En el poco tiempo que estuve escuchándola, aprendí muchas cosas.
17 Someterme a ella me fue un honor, por eso doy gracias a quien me la enseñó.
18 Decidí alcanzar algún bien, y no cambiarlo por nada cuando lo encontrara.
19 Me enamoré de ella, y en ella tuve siempre fija la mirada. Abrí la puerta de su casa para abrazarla y contemplarla.
20 La deseé con toda mi alma, y la encontré en toda su pureza. Desde el primer momento me enamoré de ella, y por eso no la abandonaré, jamás me apartaré de ella.
21 Mi corazón ardía como un horno al contemplarla, por eso la adquirí, ¡qué gran tesoro!
22 El Señor me concedió lo que le pedía, por eso le daré gracias en voz alta.
23 Gente ignorante: vengan a mí y vivan en mi escuela.
24 ¿Hasta cuándo quieren privarse de todo esto y seguir sufriendo esa terrible sed?
25 Esto les digo acerca de la sabiduría: Adquiéranla gratuitamente,
26 sométanse a ella, acepten las tareas que les impone. Ella está cerca de quienes la buscan; el que se empeñe, la encontrará.
27 Vean con sus propios ojos qué poco he trabajado y qué gran descanso he logrado encontrar.
28 Escuchen todos lo que aprendí en mi juventud, y así adquirirán oro y plata.
29 ¡Alégrense en mi escuela! ¡No se avergüencen de mis enseñanzas!
30 Lleven una vida recta y Dios les dará oportunamente el premio. ¡Bendito sea el Señor eternamente, y alabado sea su nombre por todas las edades!

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 4

1 Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto.
2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, después tuvo hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
4 Y Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
5 Y lo llevó el diablo a un monte alto, y le mostró en un instante de tiempo todos los reinos de la tierra.
6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos, porque a mí me es entregada, y a quien quiero la doy.
7 Si, pues, tú me adorares, todos serán tuyos.
8 Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
9 Y lo llevó a Jerusalén, y lo puso sobre el pináculo del Templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;
10 porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, para que te guarden;
11 y: En las manos te llevarán, no sea que tropieces con tu pie en piedra.
12 Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
13 Y cuando acabó toda tentación, el diablo se apartó de él por un tiempo.
14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.
15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.
16 Y vino a Nazaret, donde se había criado; y el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.
17 Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y cuando abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón, para pregonar a los cautivos libertad y a los ciegos recuperación de la vista, para poner en libertad a los oprimidos,
19 para pregonar el año agradable del Señor.
20 Y enrollando el libro, lo devolvió al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
22 Y todos daban testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José?
23 Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; todo lo que hemos oído que se ha hecho en Capernaúm, hazlo también aquí en tu tierra.
24 Y dijo: De cierto os digo que ningún profeta es aceptado en su tierra.
25 Mas en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, de manera que hubo una gran hambre en toda la tierra;
26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, mas ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán, el sirio.
28 Entonces todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas;
29 y levantándose, lo echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo.
30 Mas él, pasando por en medio de ellos, se fue.
31 Y descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea Y les enseñaba en los sábados.
32 Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.
33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,
34 diciendo: ¡Ah! ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.
35 Y Jesús lo reprendió diciendo: Enmudece y sal de él Entonces el demonio, derribándolo en medio de ellos, salió de él sin hacerle daño alguno.
36 Y todos quedaron asombrados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?
37 Y la fama acerca de él se divulgaba por todos los lugares de alrededor.
38 Y levantándose Jesús, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón; y la suegra de Simón estaba enferma con una gran fiebre; y le rogaron por ella.
39 E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella, levantándose al instante, les servía.
40 Y al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 Y también salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Mas reprendiéndolos, no los dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.
42 Y siendo ya de día, salió y se fue a un lugar desierto; y las multitudes lo buscaban, y vinieron hasta él; y lo detenían para que no se apartara de ellos.
43 Mas él les dijo: También es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios a otras ciudades, porque para esto he sido enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso, que llamaste a Lucas, el médico, cuya alabanza está en el evangelio, para ser evangelista y médico del alma: Que te plazca que, por las saludables medicinas de la doctrina transmitida por él, todas las enfermedades de nuestras almas sean sanadas, por los méritos de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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