Exhortación
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Cántico 1
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Oración Vespertina

Fecha: 23 de agosto de 2026

Duodécimo Domingo después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Salmo 114

1 Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo de lengua extraña,
2 Judá fue su santuario, Israel su señorío.
3 El mar lo vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás.
4 Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos.
5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿tú, oh Jordán, que te volviste atrás?
6 Oh montes, ¿qué saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderitos?
7 A la presencia del Señor tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob,
8 quien volvió la peña en estanque de aguas, la roca en fuente de aguas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 115

1 No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.
2 ¿Por qué han de decir las naciones: Dónde está ahora su Dios?
3 Mas nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.
4 Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres.
5 Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven;
6 tienen orejas, mas no oyen; tienen nariz, mas no huelen;
7 tienen manos, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta.
8 Como ellos son los que los hacen, todos los que en ellos confían.
9 Oh Israel, confía en Jehová; él es su ayuda y su escudo.
10 Casa de Aarón, confiad en Jehová; él es su ayuda y su escudo.
11 Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; él es su ayuda y su escudo.
12 Jehová se acordó de nosotros, nos bendecirá; bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón;
13 bendecirá a los que temen a Jehová, a pequeños y a grandes.
14 Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos.
15 Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
16 Los cielos son los cielos de Jehová, y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.
17 No alabarán los muertos a Jah, ni todos los que descienden al silencio;
18 pero nosotros bendeciremos a Jah desde ahora y para siempre Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

2 Reyes 18

1 Y aconteció que en el tercer año de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá.
2 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años; y el nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías.
3 E hizo lo recto a ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David, su padre.
4 Él quitó los lugares altos, y quebró los pilares sagrados, y taló los árboles sagrados, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.
5 En Jehová, Dios de Israel, puso su esperanza; y después de él no hubo otro como él entre todos los reyes de Judá, ni tampoco entre los que fueron antes de él.
6 Porque se allegó a Jehová y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová mandó a Moisés.
7 Y Jehová estuvo con él; adondequiera que salía prosperaba Y se rebeló contra el rey de Asiria y no lo sirvió.
8 También él hirió a los filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de los centinelas hasta la ciudad fortificada.
9 Y aconteció en el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, que subió Salmanasar, rey de Asiria, contra Samaria y la cercó.
10 Y la tomaron al cabo de tres años; en el sexto año de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas, rey de Israel, fue tomada Samaria.
11 Y el rey de Asiria llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah y en Habor, junto al río de Gozán y en las ciudades de los medos,
12 por cuanto no habían escuchado la voz de Jehová su Dios, sino que habían quebrantado su pacto, todas las cosas que Moisés, siervo de Jehová, había mandado, y no las habían escuchado ni puesto por obra.
13 Y en el año catorce del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó.
14 Entonces Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria en Laquis: He pecado; apártate de mí y llevaré todo lo que me impongas Y el rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata y treinta talentos de oro.
15 Y Ezequías dio toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová y en los tesoros de la casa real.
16 En aquel tiempo Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de los quiciales que el mismo Ezequías, rey de Judá, había cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria.
17 Después el rey de Asiria envió al Tartán y al Rabsaris y al Rabsaces desde Laquis contra el rey Ezequías con un gran ejército a Jerusalén; y subieron y llegaron a Jerusalén Y habiendo subido, llegaron y se detuvieron junto al conducto del estanque de arriba, que está en el camino del campo del Lavador.
18 Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim, hijo de Hilcías, que estaba sobre la casa, y Sebna, el escriba, y Joa, hijo de Asaf, el cronista.
19 Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que confías?
20 Dices, pero ciertamente son palabras de labios: Tengo consejo y fuerza para la guerra Ahora, ¿en quién confías, que te has rebelado contra mí?
21 He aquí, confías ahora en este bordón de caña cascada, en Egipto, en el que si alguno se apoyare, le entrará por la mano y se la traspasará Tal es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él.
22 Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios; ¿no es este el dios cuyos lugares altos y cuyos altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?
23 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, al rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos.
24 ¿Cómo, pues, harás volver el rostro de un capitán de los siervos más pequeños de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y por su gente de a caballo?
25 Ahora, ¿he venido yo sin Jehová a este lugar para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube contra esta tierra y destrúyela.
26 Entonces dijo Eliaquim, hijo de Hilcías, y Sebna y Joa al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en hebreo a oídos del pueblo que está sobre el muro.
27 Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor a ti y a tu señor para decir estas palabras? ¿No me ha enviado a los hombres que están sobre el muro para comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros?
28 Entonces el Rabsaces se puso en pie, y clamó a gran voz en hebreo, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria.
29 Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano.
30 Y no os haga Ezequías confiar en Jehová diciendo: De cierto nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
31 No oigáis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo la paz y salid a mí; y coma cada uno de su vid y cada uno de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo,
32 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivos, de aceite y de miel; y viviréis y no moriréis Y no oigáis a Ezequías, porque os persuade cuando dice: Jehová nos librará.
33 Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?
34 ¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfad? ¿Dónde los dioses de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Libraron, pues, a Samaria de mi mano?
35 ¿Qué dios de todos los dioses de las tierras ha librado su tierra de mi mano, para que libre Jehová de mi mano a Jerusalén?
36 Mas el pueblo calló, y no le respondieron palabra, porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis.
37 Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, que estaba sobre la casa, y Sebna, el escriba, y Joa, hijo de Asaf, el cronista, fueron a Ezequías con sus vestidos rasgados, y le declararon las palabras del Rabsaces.

MAGNIFICAT

San Lucas 1:46-55
46
Engrandece mi alma al Señor;
47
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
48
Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues, he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
49
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre,
50
y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.
51
Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de su corazón.
52
Quitó de los tronos a los poderosos, y levantó a los humildes.
53
A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.
54
Socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia,
55
como habló a nuestros padres, a Abraham y a su simiente para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

2 Pedro 3

1 Amados, yo os escribo ahora esta segunda carta y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,
2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por nosotros los apóstoles;
3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias.
4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.
5 Pues ellos ignoran voluntariamente que, por la palabra de Dios, los cielos fueron hechos en el tiempo antiguo, y la tierra, que proviene del agua y por el agua está asentada;
6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;
7 mas los cielos y la tierra que existen ahora son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.
8 Mas, oh amados, no ignoréis esto, que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.
9 El Señor no retarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.
10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué clase de personas debéis ser vosotros en santa y piadosa manera de vivir,
12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, siendo encendidos, serán deshechos, y los elementos, siendo abrasados, se fundirán?
13 Pero esperamos, según su promesa, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.
14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.
15 Y considerad que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,
16 como también en todas sus epístolas, en las que habla de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.
17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos de que por el error de los perversos no seáis arrastrados junto con ellos y caigáis de vuestra firmeza.
18 Mas creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad Amén.

NUNC DIMITTIS

San Lucas 2:29-32
29
Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
30
porque han visto mis ojos tu salvación,
31
la cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
32
luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso y eterno, que siempre estás más dispuesto a oír que nosotros a orar, y que sueles dar más de lo que deseamos o merecemos: Derrama sobre nosotros la abundancia de tu misericordia, perdónanos aquellas cosas que nuestra conciencia teme, y danos aquellos bienes que no somos dignos de pedir, sino por los méritos y mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

La segunda colecta

Oh Dios, de quien proceden todos los deseos santos, los buenos consejos y las obras justas; concede a tus siervos la paz que el mundo no puede dar, para que nuestros corazones se dispongan a obedecer tus mandamientos y, al ser defendidos por ti del temor de nuestros enemigos, podamos vivir en reposo y tranquilidad. Por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

La tercera colecta

Ilumina nuestras tinieblas, te suplicamos, oh Señor, y por tu gran misericordia defiéndenos de todos los peligros y asechanzas de esta noche; por amor de tu único Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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