Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 25 de febrero de 2026

Miércoles de la Primera Semana de Cuaresma

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 119:33–72

33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin.
34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley y la observaré de todo corazón.
35 Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia.
36 Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la avaricia.
37 Aparta mis ojos para no ver la vanidad; vivifícame en tu camino.
38 Confirma tu dicho a tu siervo, que te teme.
39 Quita de mí el oprobio que he temido, porque tus juicios son buenos.
40 He aquí yo he deseado tus preceptos; vivifícame en tu justicia.
41 Y venga a mí tu misericordia, oh Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho.
42 Y daré por respuesta al que me avergüenza que en tu palabra he confiado.
43 Y no quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, porque a tus juicios espero.
44 Y guardaré tu ley siempre, eternamente y para siempre.
45 Y andaré en lugar espacioso, porque busqué tus preceptos.
46 Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré.
47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que he amado.
48 Y alzaré mis manos a tus mandamientos, que he amado, y meditaré en tus estatutos.
49 Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar.
50 Este es mi consuelo en mi aflicción: que tu dicho me ha vivificado.
51 Los soberbios se burlaron mucho de mí, mas no me he apartado de tu ley.
52 Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé.
53 Indignación se apoderó de mí a causa de los impíos que dejan tu ley.
54 Cánticos fueron para mí tus estatutos en la casa de mi peregrinación.
55 Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová, y guardé tu ley.
56 Esto tuve porque guardé tus preceptos.
57 Mi porción es Jehová; he dicho que guardaré tus palabras.
58 Tu presencia supliqué de todo corazón; ten misericordia de mí según tu dicho.
59 Consideré mis caminos y volví mis pies a tus testimonios.
60 Me apresuré y no me detuve en guardar tus mandamientos.
61 Compañías de impíos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu ley.
62 A medianoche me levanto para alabarte por tus justos juicios.
63 Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus preceptos.
64 De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra; enséñame tus estatutos.
65 Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra.
66 Enséñame buen sentido y conocimiento, porque tus mandamientos he creído.
67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu dicho.
68 Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos.
69 Contra mí forjaron mentira los soberbios, pero yo guardaré de todo corazón tus preceptos.
70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo, pero yo en tu ley me he deleitado.
71 Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.
72 Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Deuteronomio 5

1 Y llamó Moisés a todo Israel, y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; y aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.
2 Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en el Horeb.
3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros, todos nosotros los que estamos hoy aquí vivos.
4 Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte, de en medio del fuego.
5 (yo estaba en aquel tiempo entre Jehová y vosotros, para declararos la palabra de Jehová, porque vosotros tuvisteis temor del fuego y no subisteis al monte), diciendo:
6 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
8 No te harás imagen ni ninguna semejanza de cosa alguna que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
9 No te inclinarás a ellas ni las servirás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, y sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen,
10 y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
11 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano, porque Jehová no dará por inocente al que tomare su nombre en vano.
12 Guardarás el día del sábado para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado.
13 Seis días trabajarás y harás toda tu obra,
14 mas el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna bestia tuya, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas; para que descansen tu siervo y tu sierva como tú.
15 Y acuérdate que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del sábado.
16 Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que tus días se alarguen y para que te vaya bien en la tierra que Jehová tu Dios te da.
17 No matarás.
18 No cometerás adulterio.
19 No hurtarás.
20 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
22 Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz, y no añadió más Y las escribió en dos tablas de piedra, y me las dio.
23 Y aconteció que, cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas y visteis el monte que ardía en fuego, os acercasteis a mí, todos los príncipes de vuestras tribus y vuestros ancianos,
24 y dijisteis: He aquí, Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y este aún vive.
25 Ahora, pues, ¿por qué moriremos? Porque este gran fuego nos consumirá; si volvemos a oír la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos.
26 Porque, ¿qué es toda carne, para que oiga la voz del Dios viviente hablando de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y viva?
27 Acércate tú, y oye todas las cosas que diga Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te diga, y nosotros lo oiremos y lo haremos.
28 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, cuando me hablabais, y me dijo Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado; bien está todo lo que han dicho.
29 ¡Quién diera que tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!
30 Ve, diles: Volved a vuestras tiendas.
31 Y tú quédate aquí conmigo, y te diré todos los mandamientos, y estatutos, y decretos que les has de enseñar, a fin de que los pongan por obra en la tierra que yo les doy para poseerla.
32 Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a la derecha ni a la izquierda.
33 Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis, y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 8

1 Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
2 y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
3 y Juana, mujer de Chuza, administrador de Herodes, y Susana, y muchas otras que le servían de sus bienes.
4 Y cuando se juntó una gran multitud, y los que de cada ciudad vinieron a él, dijo por parábola:
5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la devoraron.
6 Y otra parte cayó sobre la roca; y después de brotar, se secó, porque no tenía humedad.
7 Y otra parte cayó entre los espinos; y al nacer los espinos juntamente con ella, la ahogaron.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando brotó, llevó fruto a ciento por uno Diciendo estas cosas, clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros en parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino son los que oyen; y luego viene el diablo y quita la palabra de su corazón, para que no crean y se salven.
13 Y los de sobre la roca son los que, habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas estos, los que por un tiempo creen, no tienen raíces, y en el tiempo de la tentación se apartan.
14 Y la que cayó entre los espinos, estos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados por los afanes y por las riquezas y por los placeres de la vida, y no llevan fruto.
15 Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto con paciencia.
16 Ninguno que enciende una lámpara la cubre con una vasija, o la pone debajo de la cama; sino que la pone en un candelabro, para que los que entran vean la luz.
17 Porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado, ni escondido que no haya de ser conocido y de salir a la luz.
18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tiene, le será dado, y al que no tiene, aun lo que piensa tener le será quitado.
19 Y vinieron a él su madre y sus hermanos; y no podían llegar a él por causa de la multitud.
20 Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, y quieren verte.
21 Entonces él, respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la hacen.
22 Y aconteció un día, que él entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago Y partieron.
23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió Y sobrevino una tempestad de viento en el lago, y se anegaban y peligraban.
24 Y acercándose a él, lo despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y levantándose él, reprendió al viento y a las olas del agua; y cesaron, y se hizo bonanza.
25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciéndose los unos a los otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y al agua manda, y lo obedecen?
26 Y navegaron a la región de los gadarenos, que está frente a Galilea.
27 Y al llegar él a tierra, le vino al encuentro un hombre de la ciudad que tenía demonios desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa ni habitaba en casa, sino en los sepulcros.
28 Y al ver a Jesús, gritó y se postró delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
29 Porque mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y, guardándolo preso, lo ataban con cadenas y grillos, mas rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.
30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cuál es tu nombre? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él.
31 Y le rogaban que no los mandara ir al abismo.
32 Y había allí una piara de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejara entrar en ellos; y los dejó.
33 Y saliendo los demonios del hombre, entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.
34 Y los que los apacentaban, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo lo anunciaron en la ciudad y en los campos.
35 Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
36 Y los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado aquel endemoniado.
37 Entonces toda la multitud de la tierra alrededor de los gadarenos le rogó que se fuera de ellos, porque tenían gran temor Y él, subiendo en la barca, se fue.
38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogó que lo dejara estar con él Mas Jesús lo despidió, diciendo:
39 Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas Dios ha hecho contigo Y se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas Jesús había hecho con él.
40 Y aconteció que, al volver Jesús, la multitud lo recibió, porque todos lo esperaban.
41 Y he aquí vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrara en su casa;
42 porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo Y mientras iba, la multitud lo apretaba.
43 Y una mujer que desde hacía doce años estaba con flujo de sangre, la cual había gastado todos sus bienes en médicos y por ninguno había podido ser curada,
44 acercándose por detrás, tocó el borde de su vestido; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negándolo todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Y Jesús dijo: Alguien me ha tocado, porque yo sé que ha salido poder de mí.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando y, postrándose delante de él, le declaró ante todo el pueblo por qué causa lo había tocado, y cómo al instante había sido sanada.
48 Y él le dijo: Hija, confía; tu fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estando aún él hablando, vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes al Maestro.
50 Y oyéndolo Jesús, le respondió diciendo: No temas; cree solamente, y será salva.
51 Y entrando en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la muchacha.
52 Y lloraban todos, y hacían lamentación por ella Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme.
53 Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Mas él, echando fuera a todos, la tomó de la mano y clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
55 Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que le dieran de comer.
56 Y sus padres estaban atónitos; mas él les mandó que a nadie dijeran lo que había sido hecho.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, que por nosotros ayunaste cuarenta días y cuarenta noches: Concédenos gracia para practicar tal abstinencia, para que, cuando nuestra carne sea sometida al Espíritu, obedezcamos siempre tus divinos impulsos con justicia y verdadera santidad, para tu honra y gloria, tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Dios todopoderoso y eterno, que no aborreces nada de lo que has hecho, y perdonas los pecados de todos los que se arrepienten: Crea y haz en nosotros corazones nuevos y contritos, para que nosotros, lamentando debidamente nuestros pecados y reconociendo nuestra miseria, obtengamos de ti, el Dios de toda misericordia, perfecta remisión y perdón, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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