Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 6 de febrero de 2026

Viernes después del Domingo de Septuagésima

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 30

1 Te glorificaré, oh Jehová, porque me has ensalzado y no hiciste que mis enemigos se alegraran de mí.
2 Jehová, Dios mío, a ti clamé y me sanaste.
3 Oh Jehová, hiciste subir mi alma del sepulcro; me diste vida, para que no descendiera a la sepultura.
4 Cantad salmos a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad;
5 porque su ira dura un momento, pero su favor, toda la vida; por la noche durará el lloro, pero a la mañana vendrá la alegría.
6 Y yo dije en mi prosperidad: No seré conmovido jamás;
7 porque tú, Jehová, con tu favor has afirmado mi monte con fortaleza Escondiste tu rostro, fui conturbado.
8 A ti, oh Jehová, clamaré; y al Señor suplicaré.
9 ¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?
10 Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador.
11 Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi saco y me ceñiste de alegría.
12 Por tanto, a ti cantaré salmos, gloria mía, y no estaré callado Jehová, Dios mío, te alabaré para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 31

1 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo avergonzado jamás; líbrame en tu justicia.
2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé tú mí roca fuerte, por casa fortificada para salvarme.
3 Porque tú eres mi roca y mi castillo; y por tu nombre me guiarás y me encaminarás.
4 Me sacarás de la red que han escondido para mí, porque tú eres mi fortaleza.
5 En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.
6 Aborrecí a los que esperan en vanidades ilusorias, mas yo en Jehová he esperado.
7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias,
8 y no me entregaste en mano del enemigo; pusiste mis pies en lugar espacioso.
9 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de pesar mis ojos, mi alma y mis entrañas.
10 Porque mi vida se va gastando de dolor y mis años de suspirar; ha decaído mi fuerza a causa de mi iniquidad y mis huesos se han consumido.
11 De todos mis enemigos he sido objeto de oprobio, y de mis vecinos en gran manera, y horror a mis conocidos; los que me veían fuera huían de mí.
12 He sido olvidado de su corazón como un muerto; he venido a ser como un vaso quebrado.
13 Porque he oído la afrenta de muchos; había miedo por todas partes, cuando consultaban juntos contra mí e ideaban quitarme la vida.
14 Mas yo en ti confié, oh Jehová; yo dije: Tú eres mi Dios.
15 En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores.
16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.
17 No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado; sean avergonzados los impíos, estén mudos en el sepulcro.
18 Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio.
19 ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
20 En lo secreto de tu presencia los esconderás de las arrogancias del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contienda de lenguas.
21 Bendito sea Jehová, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada.
22 Y decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.
23 Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que obra con soberbia.
24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Éxodo 18

1 Entonces Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, oyó todas las cosas que Dios había hecho con Moisés y con Israel, su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto.
2 Y tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora, la mujer de Moisés, después que él la envió,
3 y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersón, porque dijo: Extranjero he sido en tierra ajena;
4 y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó y me libró de la espada de Faraón.
5 Y Jetro, el suegro de Moisés, con sus hijos y su mujer, llegó a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios;
6 y dijo a Moisés: Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti con tu mujer y sus dos hijos con ella.
7 Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y entraron en la tienda.
8 Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los egipcios por causa de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová.
9 Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, que lo había librado de la mano de los egipcios.
10 Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de la mano de los egipcios y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de estar debajo de la mano de los egipcios.
11 Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses, porque en lo que se ensoberbecieron, él prevaleció sobre ellos.
12 Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios; y fue Aarón, y todos los ancianos de Israel, a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.
13 Y aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.
14 Y al ver el suegro de Moisés todo lo que él hacía por el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú por el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?
15 Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
16 Cuando tienen asuntos, vienen a mí, y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro los estatutos de Dios y sus leyes.
17 Entonces el suegro de Moisés le dijo: Lo que haces no está bien;
18 desfallecerás del todo, tú y también este pueblo que está contigo, porque el asunto es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
19 Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios.
20 Y enséñales los estatutos y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden y lo que han de hacer.
21 Y tú escoge de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces, que aborrezcan la avaricia; y los pondrás sobre ellos como jefes de mil, jefes de cien, jefes de cincuenta y jefes de diez.
22 Y ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y sucederá que todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño; alivia así la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo.
23 Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y todo este pueblo se irá también en paz a su lugar.
24 Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.
25 Y escogió Moisés hombres capaces de todo Israel, y los estableció como cabezas sobre el pueblo, jefes de mil, jefes de cien, jefes de cincuenta y jefes de diez;
26 y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño.
27 Y despidió Moisés a su suegro, y este se fue a su tierra.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Marcos 6

1 Y salió de allí y vino a su tierra, y lo siguieron sus discípulos.
2 Y cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndolo, se quedaban atónitos, diciendo: ¿De dónde le vienen a este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?
3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.
4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
5 Y no pudo hacer allí ninguna maravilla; solamente sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
6 Y estaba maravillado por la incredulidad de ellos Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.
7 Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.
8 Y les mandó que no llevaran nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto;
9 sino que calzaran sandalias, y no vistieran dos túnicas.
10 Y les decía: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí.
11 Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos De cierto os digo que más tolerable será el castigo para los de Sodoma y Gomorra en el día del juicio, que a los de aquella ciudad.
12 Y saliendo, predicaban que se arrepintieran.
13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
14 Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio, y dijo: Juan, el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes.
15 Otros decían: Es Elías Y otros decían: Es un profeta, o como uno de los profetas.
16 Y oyéndolo Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité; él ha resucitado de los muertos.
17 Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan, y lo había atado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe, su hermano; pues se había casado con ella.
18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.
19 Mas Herodías lo acechaba, y deseaba matarlo, y no podía;
20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y lo protegía; y oyéndolo, hacía muchas cosas, y lo escuchaba de buena gana.
21 Pero al llegar un día oportuno, en que Herodes, en su cumpleaños, daba una cena a sus grandes y tribunos, y a los principales de Galilea,
22 cuando la hija de Herodías entró, y danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.
23 Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.
24 Y saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista.
25 Entonces ella entró con prisa al rey, y le pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.
27 Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuera traída su cabeza;
28 el cual fue y lo decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre.
29 Y oyéndolo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.
30 Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo, lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
31 Y él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y reposad un poco Porque eran muchos los que iban y venían, y ni aun tenían tiempo para comer.
32 Y se fueron aparte en una barca a un lugar desierto.
33 Y muchos los vieron ir y lo reconocieron; y concurrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él.
34 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
35 Y cuando ya era una hora muy avanzada, sus discípulos, acercándose a él, dijeron: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada;
36 despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan para sí, porque no tienen qué comer.
37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer Y le dijeron: ¿vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?
38 Y él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos pescados.
39 Y les mandó que hicieran recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.
40 Y se recostaron por grupos, de cien y de cincuenta.
41 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que se los pusieran delante; y repartió los dos pescados entre todos.
42 Y comieron todos, y se saciaron.
43 Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de los pescados.
44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.
45 Y en seguida hizo subir a sus discípulos en la barca, e ir delante de él a Betsaida, al otro lado, entre tanto que él despedía a la multitud.
46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar.
47 Y al anochecer, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
48 Y los vio fatigados remando, porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino a ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.
49 Y al verlo ellos que andaba sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y dieron voces;
50 porque todos lo veían, y se turbaron Mas en seguida habló con ellos, y les dijo: Alentaos, yo soy, no temáis.
51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y estaban sobremanera asombrados entre ellos, y se maravillaban;
52 porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.
53 Y cuando pasaron al otro lado, llegaron a tierra de Genesaret, y atracaron allí.
54 Y saliendo ellos de la barca, en seguida lo reconocieron,
55 y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes a enfermos en lechos, allí donde oían que estaba.
56 Y dondequiera que entraba, en aldeas o ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que pudieran tocar siquiera el borde de su vestido; y todos los que lo tocaban quedaban sanos.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, te suplicamos que escuches favorablemente las oraciones de tu pueblo, para que nosotros, que somos justamente castigados por nuestras ofensas, seamos misericordiosamente librados por tu bondad, para la gloria de tu nombre, por Jesucristo nuestro Salvador, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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