Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
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Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 29 de enero de 2026

Jueves de la Tercera Semana después de Epifanía

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Sagradas Escrituras nos exhortan en muchos lugares a confesar y reconocer la multitud de nuestros pecados y maldades, y a no disimularlas ni ocultarlas ante nuestro Dios y Padre celestial, sino a confesarlas con un corazón humilde, contrito y penitente, para alcanzar el perdón de ellas por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos hacer una humilde confesión de nuestras culpas ante su divina presencia, esta obligación es especialmente necesaria cuando nos reunimos para darle gracias por los grandes e inefables beneficios que recibimos de su generosa mano, para proclamar su alabanza, escuchar su santa Palabra y pedirle todo lo necesario, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los que están aquí presentes que, con un corazón verdaderamente humillado, me acompañen diciendo:

Confesión General

Padre Todopoderoso y misericordioso, nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido demasiado los deseos y anhelos de nuestro propio corazón. Hemos quebrantado tus santos mandamientos. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho lo que no debíamos y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restablece a los que se arrepienten, según tus promesas declaradas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por amor a él, concédenos, oh Padre misericordioso, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y que ha otorgado poder y mandato a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y el perdón de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que las obras que ahora realizamos le sean agradables, y para que nuestra vida de aquí en adelante sea pura y santa, de modo que finalmente podamos gozar de su gloria eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Señor, apresúrate a socorrernos.

Señor, date prisa en ayudarnos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabado sea el Señor.

El nombre del Señor sea alabado.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 139

1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Mi senda y mi acostarme has escudriñado, y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5 Detrás y delante me cercaste, y sobre mí pusiste tu mano.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.
7 ¿Adónde me iré de tu Espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el abismo hiciere mi lecho, he aquí, allí tú estás.
9 Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar,
10 aun allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12 Aun las tinieblas no ocultan de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.
13 Porque tú poseíste mis entrañas; me cubriste en el vientre de mi madre.
14 Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.
15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16 Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
17 ¡Y cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!
18 Si los cuento, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.
19 ¡Si mataras, oh Dios, al impío! Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre.
21 ¿No aborrezco, oh Jehová, a los que te aborrecen, y estoy disgustado con los que se levantan contra ti?
22 Los aborrezco con completo odio, los tengo por enemigos.
23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos;
24 y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 140

1 Líbrame, oh Jehová, del hombre malo, guárdame del hombre violento,
2 los cuales piensan males en el corazón, cada día urden contiendas.
3 Aguzan su lengua como la serpiente; veneno de áspid hay debajo de sus labios Selah.
4 Guárdame, oh Jehová, de manos del impío, guárdame del hombre violento, los cuales han pensado trastornar mis pasos.
5 Los soberbios me han escondido lazo y cuerdas; han tendido red junto a la senda; me han puesto trampas Selah.
6 He dicho a Jehová: Dios mío eres tú; escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos.
7 Señor Jehová, fortaleza de mi salvación, tú cubriste mi cabeza en el día de las armas.
8 No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos; no saques adelante sus maquinaciones, para que no se ensoberbezca Selah.
9 En cuanto a la cabeza de los que me rodean, la maldad de sus labios los cubra.
10 Caigan sobre ellos brasas; Dios los haga caer en el fuego, en profundos abismos de donde no salgan.
11 El hombre deslenguado no será firme en la tierra; el mal cazará al hombre violento a golpes.
12 Yo sé que Jehová mantendrá la causa del afligido, el juicio de los menesterosos.
13 Ciertamente los justos alabarán tu nombre; los rectos morarán en tu presencia.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 141

1 Jehová, a ti he clamado; apresúrate a venir a mí; escucha mi voz cuando te invoco.
2 Esté mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde.
3 Pon, oh Jehová, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios.
4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad, y no coma yo de sus deleites.
5 Hiérame y repréndame el justo, será para mí un favor; este óleo excelente no lo rehúse mi cabeza; pero mi oración será continuamente contra sus maldades.
6 Serán lanzados sus jueces contra los costados de la peña, y oirán mis palabras, que son agradables.
7 Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura.
8 Por tanto, a ti, oh Señor Jehová, miran mis ojos; en ti he confiado, no desampares mi alma.
9 Guárdame de los lazos que me han tendido y de las trampas de los que hacen iniquidad.
10 Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo paso adelante.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Éxodo 4

1 Entonces Moisés respondió y dijo: He aquí que ellos no me creerán ni oirán mi voz, porque dirán: No se te ha aparecido Jehová.
2 Y Jehová le dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.
3 Y él le dijo: Échala en tierra Y él la echó en tierra y se volvió serpiente; y Moisés huía de delante de ella.
4 Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano y tómala por la cola Y él extendió su mano y la tomó, y se volvió vara en su mano.
5 Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
6 Y le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve.
7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne.
8 Y acontecerá que si no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera señal.
9 Y acontecerá que si aún no creyeren a estas dos señales ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y serán aguas al tomarlas del río, y se volverán sangre en la tierra.
10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay Señor! , yo no soy hombre de palabras, ni desde ayer ni desde anteayer, ni aun desde que tú hablas a tu siervo, porque soy torpe de boca y torpe de lengua.
11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? , ¿o quién hizo al mudo, o al sordo, o al que ve, o al ciego? ¿No soy yo, Jehová?
12 Ahora, pues, ve, que yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de hablar.
13 Y él dijo: ¡Ay Señor! , envía por medio del que has de enviar.
14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés y dijo: ¿No es Aarón, el levita, tu hermano? Yo sé que él hablará bien Y además, he aquí, él te saldrá a recibir, y al verte, se alegrará en su corazón.
15 Tú le hablarás y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con su boca, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.
16 Y él hablará por ti al pueblo; y acontecerá que él te será por boca, y tú serás para él por Dios.
17 Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las señales.
18 Y se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.
19 Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Ve, y vuelve a Egipto, porque han muerto todos los que buscaban tu vida.
20 Entonces Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a la tierra de Egipto; tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.
21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.
22 Y dirás a Faraón: Así ha dicho Jehová: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Y te he dicho que dejes ir a mi hijo para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí, yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.
24 Y aconteció en el camino, en una posada, que le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo.
25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.
26 Y entonces él lo dejó ir Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.
27 Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al desierto Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y lo besó.
28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová, que lo enviaba, y todas las señales que le había mandado.
29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.
30 Y habló Aarón todas las palabras que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales ante los ojos del pueblo.
31 Y el pueblo creyó; y al oír que Jehová había visitado los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Mateo 26

1 Y aconteció que, cuando Jesús hubo acabado de decir todas estas palabras, dijo a sus discípulos:
2 Sabéis que dentro de dos días es la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado.
3 Entonces los principales sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote, el cual se llamaba Caifás;
4 y consultaron juntos para prender por engaño a Jesús, y matarlo.
5 Y decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.
6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
7 vino a él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.
8 Al ver esto, sus discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio?
9 Porque este ungüento se podía vender por mucho dinero, y darse a los pobres.
10 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo una buena obra;
11 porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, mas a mí no siempre me tenéis.
12 Porque al derramar este ungüento sobre mi cuerpo, lo ha hecho para prepararme para la sepultura.
13 De cierto os digo que dondequiera que este evangelio sea predicado en todo el mundo, también será dicho lo que esta ha hecho, para memoria de ella.
14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes,
15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
16 Y desde entonces buscaba una oportunidad para entregarlo.
17 Y el primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para ti para comer la Pascua?
18 Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos.
19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la Pascua.
20 Y al atardecer, se sentó a la mesa con los doce.
21 Y mientras ellos comían, dijo: De cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar.
22 Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?
23 Entonces él, respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar.
24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Mejor le fuera a aquel hombre no haber nacido.
25 Entonces respondiendo Judas, el que lo entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho.
26 Y mientras ellos comían, Jesús tomó el pan, y lo bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.
29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
30 Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros seréis escandalizados de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.
32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados de ti, yo nunca seré escandalizado.
34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
35 Le dijo Pedro: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y ore.
37 Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.
38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.
39 Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
40 Y vino a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?
41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
42 Otra vez fue, por segunda vez, y oró, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
44 Y dejándolos, se fue de nuevo y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45 Entonces vino a sus discípulos, y les dijo: Dormid ya, y descansad; he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.
46 Levantaos; vámonos He aquí se acerca el que me entrega.
47 Y mientras él aún hablaba, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él una gran multitud con espadas y con palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
48 Y el que lo entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo bese, aquel es; prendedlo.
49 Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y lo besó.
50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano a Jesús, y lo prendieron.
51 Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada e, hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja.
52 Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.
53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?
54 ¿Cómo, entonces, se cumplirían las Escrituras que dicen que es necesario que así sea hecho?
55 En aquella hora dijo Jesús a la multitud: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos a prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis.
56 Mas todo esto sucede para que se cumplan las Escrituras de los profetas Entonces todos los discípulos huyeron, dejándolo.
57 Y los que prendieron a Jesús lo llevaron al sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos.
58 Mas Pedro lo seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los criados para ver el fin de aquello.
59 Y los principales sacerdotes, y los ancianos, y todo el Concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús para entregarlo a la muerte;
60 y no lo hallaron; aunque muchos testigos falsos se presentaron, no lo hallaron Pero al fin vinieron dos testigos falsos,
61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.
62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?
63 Pero Jesús callaba Respondiendo el sumo sacerdote, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho Y aun os digo que desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y que viene en las nubes del cielo.
65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestidos, diciendo: Ha blasfemado ¿Qué necesidad tenemos aún de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.
66 ¿Qué os parece? Y, respondiendo, ellos dijeron: Es digno de muerte.
67 Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban,
68 diciendo: Profetízanos tú, Cristo, quién es el que te golpeó.
69 Y Pedro estaba sentado fuera, en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús, el galileo.
70 Mas él lo negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
71 Y saliendo él a la puerta, lo vio otra, y dijo a los que estaban allí: También este estaba con Jesús el nazareno.
72 Y lo negó otra vez con juramento: No conozco a ese hombre.
73 Y un poco después se acercaron los que estaban por allí, y dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu habla te descubre.
74 Entonces comenzó a maldecir y a jurar, diciendo: No conozco a ese hombre Y en seguida cantó el gallo.
75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces Y saliendo fuera, lloró amargamente.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Señor, salva a los gobernantes.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Llena a tus ministros de virtudes.

Y da alegría a tu pueblo elegido.

Señor Dios, defiende a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, purifica nuestros corazones.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso y eterno, mira misericordiosamente nuestras debilidades, y en todos nuestros peligros y necesidades extiende tu diestra para ayudarnos y defendernos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, de cuyo conocimiento depende nuestra vida eterna, y cuyo servicio es plena libertad; defiende a estos tus humildes siervos en todos los ataques de nuestros enemigos, para que confiando plenamente en tu protección, no tengamos motivo de temer el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Señor, nuestro Padre celestial, eterno y Todopoderoso, que nos has llevado con seguridad al comienzo de este día: guárdanos en él con tu gran poder, y concede que hoy no caigamos en ningún pecado ni enfrentemos peligro alguno; antes bien, que todas nuestras acciones sean dirigidas por tu guía, para que siempre hagamos lo que es justo y agradable a tus ojos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios Todopoderoso, cuyo reino es eterno y cuyo poder es infinito: ten misericordia de toda esta tierra, y gobierna de tal manera los corazones de todos los que tienen autoridad [especialmente — ], para que, reconociendo de quién son ministros, busquen sobre todas las cosas tu honor y gloria; y para que nosotros, junto con todo el pueblo, considerando debidamente de quién proviene la autoridad que ellos ejercen, los honremos fiel y obedientemente, conforme a tu bendita palabra y ordenanza. Por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios Todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas; envía sobre nuestros obispos y pastores, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que realmente te agraden, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro abogado y mediador, Jesucristo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios Todopoderoso, que nos has dado gracia para que en este momento te presentemos nuestras súplicas en común; y has prometido que cuando dos o tres estén congregados en tu nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según les convenga más, concediéndonos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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