Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 28 de noviembre de 2025

Viernes de la Última Semana después de Pentecostés

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 132

1 Acuérdate, oh Jehová, de David, de toda su aflicción;
2 de cómo juró a Jehová y prometió al Fuerte de Jacob:
3 No entraré en la morada de mi casa, no subiré sobre el lecho de mi descanso,
4 no daré sueño a mis ojos ni a mis párpados adormecimiento,
5 hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el Fuerte de Jacob.
6 He aquí, en Efrata oímos del arca, la hallamos en los campos del bosque.
7 Entremos en sus tiendas; postrémonos al estrado de sus pies.
8 Levántate, oh Jehová, para ir a tu reposo, tú y el arca de tu poder.
9 Tus sacerdotes se vistan de justicia y se regocijen tus santos.
10 Por causa de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro.
11 En verdad juró Jehová a David, no se apartará de ello: Del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono.
12 Si tus hijos guardaren mi pacto y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre.
13 Porque Jehová ha elegido a Sion; la deseó por su habitación.
14 Este es mi reposo para siempre; aquí habitaré, porque la he deseado.
15 Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan.
16 Y vestiré a sus sacerdotes de salvación, y sus santos darán voces de júbilo.
17 Allí haré brotar el cuerno de David; he preparado lámpara a mi ungido.
18 A sus enemigos vestiré de confusión, pero sobre él florecerá su corona.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 133

1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en unidad!
2 como el buen óleo sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras;
3 como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición y vida eterna.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 134

1 Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que estáis en la casa de Jehová por las noches.
2 Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehová.
3 Desde Sion te bendiga Jehová, el que hizo los cielos y la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 135

1 Alabad el nombre de Jehová; alabadlo, siervos de Jehová,
2 los que estáis en la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
3 Alabad a Jah, porque Jehová es bueno; cantad salmos a su nombre, porque es agradable.
4 Porque Jah ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya.
5 Porque yo sé que Jehová es grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
6 Todo lo que quiso Jehová, lo ha hecho, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.
7 Él hace subir las nubes desde el confín de la tierra; él hizo los relámpagos para la lluvia; él saca los vientos de sus tesoros.
8 El que hirió a los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón y sobre todos sus siervos.
10 El que hirió a muchas naciones y mató a reyes poderosos;
11 a Sehón, rey amorreo, y a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán.
12 Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel, su pueblo.
13 Oh Jehová, tu nombre es eterno; tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.
14 Porque juzgará Jehová a su pueblo y se arrepentirá acerca de sus siervos.
15 Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres.
16 Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven;
17 tienen orejas y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas.
18 Como ellos son los que los hacen, todos los que en ellos confían.
19 Casa de Israel, bendecid a Jehová; casa de Aarón, bendecid a Jehová;
20 casa de Leví, bendecid a Jehová; los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová.
21 Bendito sea Jehová desde Sion, que mora en Jerusalén Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Isaías 10

1 ¡Ay de los que decretan decretos inicuos y escriben escritos opresivos,
2 para apartar del juicio a los pobres y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo, para hacer de las viudas su despojo y robar a los huérfanos!
3 ¿Y qué haréis en el día de la visitación? ¿Y a quién os acogeréis que os ayude cuando venga de lejos el asolamiento? ¿Y dónde dejaréis vuestra gloria?
4 Sin mí se inclinarán entre los presos y entre los muertos caerán Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida.
5 Oh Asiria, vara y bastón de mi furor; en su mano he puesto mi ira.
6 La enviaré contra una nación hipócrita, y sobre el pueblo de mi ira la mandaré, para que quite despojos, y para que arrebate presa, y para que lo ponga para ser hollado como lodo de las calles.
7 Aunque él no lo pensará así ni su corazón lo imaginará de esta manera, sino que en su corazón estará desarraigar y cortar no pocas naciones.
8 Porque él dice: Mis príncipes, ¿no son todos reyes?
9 ¿No es Calno como Carquemis? ¿No es Hamat como Arfad? ¿No es Samaria como Damasco?
10 Como halló mi mano los reinos de los ídolos, siendo sus imágenes más que las de Jerusalén y Samaria;
11 como hice a Samaria y a sus ídolos, ¿no haré así a Jerusalén y a sus estatuas?
12 Y acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el monte Sion y en Jerusalén, visitaré el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria y la gloria de la altivez de sus ojos.
13 Porque dijo: Con la fuerza de mi mano lo he hecho y con mi sabiduría, porque he sido prudente; y quité los términos de los pueblos, y saqueé sus tesoros, y derribé como valiente a los que estaban sentados.
14 Y mi mano halló, como si fueran un nido, las riquezas de los pueblos; y como se recogen los huevos abandonados, así me apoderé yo de toda la tierra; y no hubo quien moviera el ala o abriera la boca y graznara.
15 ¿Se gloriará el hacha contra el que corta con ella? ¿Se ensoberbecerá la sierra contra el que la mueve? Como si el bordón se moviera contra los que lo levantan, como si se levantara la vara al que no es leño.
16 Por tanto, el Señor Jehová de los ejércitos enviará flaqueza en su gordura, y debajo de su gloria encenderá un incendio, como incendio de fuego.
17 Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinos.
18 Y consumirá la gloria de su bosque y de su campo fértil, desde el alma hasta la carne, y vendrá a ser como abanderado en derrota.
19 Y los árboles que queden en su bosque serán tan pocos en número que un niño los pueda contar.
20 Y acontecerá en aquel tiempo que los que hayan quedado de Israel y los que hayan escapado de la casa de Jacob nunca más se apoyarán en el que los hirió, sino que en verdad se apoyarán en Jehová, el Santo de Israel.
21 El remanente volverá, el remanente de Jacob, al Dios fuerte.
22 Porque aunque tu pueblo, oh Israel, sea como la arena del mar, el remanente de él volverá; la destrucción acordada rebosará justicia.
23 Pues el Señor Jehová de los ejércitos hará en medio de toda la tierra consumación determinada.
24 Por tanto, el Señor Jehová de los ejércitos dice así: Pueblo mío, morador de Sion, no temas a Asiria Con bastón te herirá y contra ti alzará su vara, a la manera de Egipto;
25 pero de aquí a muy poco tiempo se acabará el furor y mi enojo para destrucción de ellos.
26 Y Jehová de los ejércitos levantará azote contra él, como la matanza de Madián en la peña de Oreb, y alzará su vara sobre el mar, como hizo en el camino de Egipto.
27 Y acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá por causa de la unción.
28 Llegó hasta Ajat, pasó hasta Migrón, en Micmas contará su ejército.
29 Pasaron el vado, se alojaron en Gebá; Ramá tembló, Gabaa de Saúl huyó.
30 Grita a gran voz, hija de Galim; haz que se oiga hacia Lais, pobrecilla Anatot.
31 Madmena se alborotó, los moradores de Gebim se refugiaron.
32 Aún vendrá día cuando se detendrá en Nob; alzará su mano al monte de la hija de Sion, al collado de Jerusalén.
33 He aquí que el Señor Jehová de los ejércitos desgajará el ramaje con violencia, y los de gran altura serán cortados y los altos serán humillados.
34 Y cortará con hierro la espesura del bosque y el Líbano caerá con fuerza.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 20

1 Y el primer día de la semana, María Magdalena vino muy de mañana al sepulcro, siendo aún oscuro; y vio la piedra quitada del sepulcro.
2 Entonces corrió, y vino a Simón Pedro y al otro discípulo, a quien amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.
4 Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5 E inclinándose a mirar, vio los lienzos puestos allí; mas no entró.
6 Llegó, pues, Simón Pedro siguiéndolo, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí;
7 y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.
8 Y entonces entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vio, y creyó.
9 Porque aún no entendían la Escritura, que era necesario que él resucitara de los muertos.
10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
11 Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó a mirar dentro del sepulcro;
12 y vio a dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
13 Y ellos le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Y cuando hubo dicho esto, se volvió atrás y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.
16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir Maestro).
17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
18 Fue María Magdalena dando las nuevas a los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
19 Y al atardecer de aquel mismo día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús y se puso en medio, y les dijo: Paz a vosotros.
20 Y cuando hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
21 Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz a vosotros Como me envió el Padre, así también yo os envío.
22 Y cuando hubo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; a quienes los retuviereis, les son retenidos.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor Y él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré.
26 Y ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás Vino Jesús, estando cerradas las puertas, y se puso en medio, y dijo: Paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon tu dedo aquí, y ve mis manos; y pon tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió, y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron.
30 Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.
31 Pero estas se han escrito, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, que eres el autor de toda piedad: Dígnate, te suplicamos, escuchar las piadosas oraciones de tu Iglesia, y concede que aquellas cosas que pedimos fielmente, las obtengamos eficazmente, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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