Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 30 de septiembre de 2025

Martes de la Decimosexta Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 144

1 Bendito sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra;
2 misericordia mía y mi castillo, refugio mío y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que sujeta a mi pueblo debajo de mí.
3 Oh Jehová, ¿qué es el hombre para que lo conozcas, o el hijo del hombre para que lo estimes?
4 El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa.
5 Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen.
6 Despide relámpagos y dispérsalos; envía tus saetas y túrbalos.
7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos de extraños,
8 cuya boca habla vanidad y su diestra es diestra de mentira.
9 Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo; con salterio, con decacordio cantaré a ti,
10 el que da salvación a los reyes, el que redime a David, su siervo, de maligna espada.
11 Redímeme y sálvame de mano de los hijos de extraños, cuya boca habla vanidad y su diestra es diestra de mentira.
12 Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de las de un palacio;
13 nuestros graneros estén llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados aumenten por millares, por decenas de millares en nuestros campos;
14 nuestros bueyes vayan cargados; no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.
15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 145

1 Te ensalzaré, mi Dios y Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
2 Cada día te bendeciré y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
3 Grande es Jehová y digno de suprema alabanza, y su grandeza es inescrutable.
4 Generación a generación celebrará tus obras, y anunciarán tus poderosos hechos.
5 En la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos maravillosos meditaré.
6 Y de la fortaleza de tus tremendos hechos hablarán los hombres, y yo contaré tu grandeza.
7 Difundirán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.
8 Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia.
9 Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias, sobre todas sus obras.
10 Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan.
11 La gloria de tu reino digan y hablen de tu poder,
12 para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos y la gloria de la magnificencia de su reino.
13 Tu reino es reino de todos los siglos y tu señorío, por todas las generaciones.
14 Sostiene Jehová a todos los que caen y levanta a todos los oprimidos.
15 Los ojos de todos esperan en ti y tú les das su comida a su tiempo.
16 Abres tu mano y colmas el deseo de todo viviente.
17 Justo es Jehová en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras.
18 Cercano está Jehová a todos los que lo invocan, a todos los que lo invocan de veras.
19 Cumplirá el deseo de los que lo temen; oirá asimismo el clamor de ellos y los salvará.
20 Jehová guarda a todos los que lo aman, pero destruirá a todos los impíos.
21 La alabanza de Jehová hablará mi boca, y bendiga toda carne su santo nombre eternamente y para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 146

1 Alaba, oh alma mía, a Jehová.
2 Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
3 No confiéis en los príncipes ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
4 Sale su espíritu, se vuelve el hombre a la tierra; en aquel día perecen sus pensamientos.
5 Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios,
6 que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que guarda la verdad para siempre,
7 que hace justicia a los agraviados, que da pan a los hambrientos Jehová suelta a los aprisionados;
8 Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos.
9 Jehová guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, y el camino de los impíos trastorna.
10 Reinará Jehová para siempre; tu Dios, oh Sion, de generación en generación Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Tobías 4

1 Aquel mismo día se acordó Tobit de la plata que Gabael tenía en depósito en Ragues de Media,
2 y se dijo para sus adentros: «Le he pedido a Dios la muerte. ¿Por qué no llamar a mi hijo Tobías y hablarle de esa plata antes que me muera?»
3 Entonces llamó a su hijo Tobías. Cuando éste llegó, le dijo: «Hijo, cuando muera, dame una sepultura decente. Respeta a tu madre. No la abandones ni un solo día de su vida. Dale gusto en lo que quiera y no la contraríes nunca.
4 Acuérdate, hijo mío, de cuántos peligros pasó cuando te llevaba en el seno. Cuando ella muera, entiérrala junto a mí, en la misma sepultura.
5 Y acuérdate del Señor durante toda tu vida. No peques voluntariamente ni dejes de cumplir sus mandamientos. Procede con honradez todos los días de tu vida y no sigas el camino del mal.
6 Si procedes con sinceridad, tendrás éxito en todo lo que emprendas.
7 Así sucederá también a todos los que viven honradamente.
8 Da limosna según tus posibilidades. Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, no te dé miedo dar limosna de ese poco.
9 Haciéndolo así, estarás ahorrando un tesoro precioso que te servirá cuando pases necesidad.
10 Porque la limosna libra de la muerte e impide que el hombre caiga en las tinieblas.
11 Dar limosna es hacer una ofrenda agradable al Altísimo.
12 »Evita toda inmoralidad sexual, hijo mío. Y, ante todo, escoge una esposa de tu misma parentela. Somos descendientes de profetas, así que no te cases con una extranjera, con una mujer que no sea de la misma tribu de tu padre. Acuérdate, hijo mío, de Noé, de Abraham, de Isaac y de Jacob, nuestros antepasados lejanos: todos ellos se casaron con mujeres de su misma parentela, y Dios los bendijo en sus hijos, y sus descendientes serán dueños de la tierra que Dios les prometió.
13 Así que, hijo mío, ama a los demás israelitas, que son hermanos tuyos. Que no se llene de orgullo tu corazón, y llegues a despreciarlos, y te niegues a casarte con una mujer israelita. Porque el orgullo trae al hombre gran inquietud y ruina, y la ociosidad trae pobreza y miseria. La ociosidad es la madre del hambre.
14 »No te tardes en pagar el jornal a tus obreros; págaselo en seguida. Si sirves a Dios, él te recompensará. Sé prudente, hijo mío, en todo lo que hagas, y bien educado en tu manera de portarte.
15 Lo que no quieras que te hagan, no se lo hagas a los demás. No bebas vino hasta emborracharte. No te acostumbres a andar siempre borracho.
16 Comparte tu pan con el hambriento y tu ropa con el harapiento. Si te sobra algo, dalo de limosna. Cuando des limosna, no seas tacaño.
17 Reparte tu pan en las tumbas de los justos, pero no en las de los pecadores.
18 »Pide consejo a las personas prudentes y no desprecies ningún consejo útil.
19 En toda ocasión alaba a Dios, el Señor, y pídele que te vaya bien en tus acciones y en todo lo que emprendas. Porque ningún pueblo pagano tiene sabiduría: el Señor es quien da todos los bienes. Si él quiere, puede humillar a uno hasta lo más hondo. Hijo mío, graba en tu memoria estas recomendaciones; que no se te borren de la mente.
20 »Ahora, hijo mío, te voy a contar una cosa: Gabael, hijo de Gabrí, me tiene guardada en depósito, en Ragues de Media, la cantidad de trescientos treinta kilos de plata.
21 No te preocupes, hijo, de que nos hayamos quedado pobres. Si respetas a Dios, y huyes de todo pecado, y haces lo que es bueno y agradable a los ojos del Señor tu Dios, grande es tu riqueza.»

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Marcos 3

1 Y otra vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.
2 Y lo acechaban por si en el sábado lo sanaría, para acusarlo.
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.
4 Y les dijo: ¿Es lícito hacer bien en el sábado, o hacer mal? ¿Salvar una vida, o quitarla? Mas ellos callaban.
5 Y mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza del corazón de ellos, dijo al hombre: Extiende tu mano Y la extendió, y su mano fue restituida sana como la otra.
6 Y al salir, en seguida los fariseos entraron en consejo con los herodianos contra él para matarlo.
7 Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos; y lo siguió una gran multitud de Galilea, y de Judea,
8 y de Jerusalén, y de Idumea, y del otro lado del Jordán, y los de alrededor de Tiro y de Sidón; una gran multitud, al oír todas las cosas que hacía, vino a él.
9 Y dijo a sus discípulos que se le preparara una pequeña barca, por causa de la multitud, para que no lo oprimieran.
10 Porque había sanado a muchos, de manera que cuantos tenían plagas se le echaban encima para tocarlo.
11 Y los espíritus inmundos, al verlo, se postraban delante de él y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
12 Mas él los reprendía mucho para que no lo descubrieran.
13 Y subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.
14 Y estableció a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar,
15 y tener potestad para sanar enfermedades, y echar fuera demonios:
16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;
17 y a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan, hermano de Jacobo; y les puso por sobrenombre Boanerges, que es, Hijos del trueno;
18 y a Andrés, y a Felipe, y a Bartolomé, y a Mateo, y a Tomás, y a Jacobo, hijo de Alfeo, y a Tadeo, y a Simón el cananita,
19 y a Judas Iscariote, el que lo entregó.
20 Y vinieron a casa, y se agolpó de nuevo la multitud, de modo que ellos ni aun podían comer pan.
21 Y cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderlo, porque decían: Está fuera de sí.
22 Y los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Belcebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?
24 Y si un reino estuviere dividido contra sí mismo, tal reino no podría permanecer.
25 Y si una casa estuviere dividida contra sí misma, tal casa no podría permanecer.
26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y está dividido, no puede permanecer, sino que llega a su fin.
27 Nadie puede saquear los bienes del fuerte entrando en su casa, si antes no atare al fuerte; y entonces saqueará su casa.
28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y cualquier blasfemia con que blasfemaren;
29 mas cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que está sujeto a condenación eterna.
30 Porque decían: Tiene espíritu inmundo.
31 Vinieron después sus hermanos y su madre, y estando fuera, le enviaron a uno para llamarlo.
32 Y la multitud estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.
33 Y él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre, o mis hermanos?
34 Y mirando alrededor a los que estaban sentados en torno de él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.
35 Porque cualquiera que haga la voluntad de Dios, este es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Guarda, te suplicamos, oh Señor, a tu Iglesia con tu perpetua misericordia y, dado que la fragilidad del hombre sin ti no puede sino caer, guárdanos siempre con tu ayuda de todo aquello que nos hace daño, y guíanos a todas las cosas provechosas para nuestra salvación, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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