Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 25 de agosto de 2025

Lunes de la Undécima Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 119:33–72

33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin.
34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley y la observaré de todo corazón.
35 Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia.
36 Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la avaricia.
37 Aparta mis ojos para no ver la vanidad; vivifícame en tu camino.
38 Confirma tu dicho a tu siervo, que te teme.
39 Quita de mí el oprobio que he temido, porque tus juicios son buenos.
40 He aquí yo he deseado tus preceptos; vivifícame en tu justicia.
41 Y venga a mí tu misericordia, oh Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho.
42 Y daré por respuesta al que me avergüenza que en tu palabra he confiado.
43 Y no quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, porque a tus juicios espero.
44 Y guardaré tu ley siempre, eternamente y para siempre.
45 Y andaré en lugar espacioso, porque busqué tus preceptos.
46 Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré.
47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que he amado.
48 Y alzaré mis manos a tus mandamientos, que he amado, y meditaré en tus estatutos.
49 Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar.
50 Este es mi consuelo en mi aflicción: que tu dicho me ha vivificado.
51 Los soberbios se burlaron mucho de mí, mas no me he apartado de tu ley.
52 Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé.
53 Indignación se apoderó de mí a causa de los impíos que dejan tu ley.
54 Cánticos fueron para mí tus estatutos en la casa de mi peregrinación.
55 Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová, y guardé tu ley.
56 Esto tuve porque guardé tus preceptos.
57 Mi porción es Jehová; he dicho que guardaré tus palabras.
58 Tu presencia supliqué de todo corazón; ten misericordia de mí según tu dicho.
59 Consideré mis caminos y volví mis pies a tus testimonios.
60 Me apresuré y no me detuve en guardar tus mandamientos.
61 Compañías de impíos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu ley.
62 A medianoche me levanto para alabarte por tus justos juicios.
63 Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus preceptos.
64 De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra; enséñame tus estatutos.
65 Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra.
66 Enséñame buen sentido y conocimiento, porque tus mandamientos he creído.
67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu dicho.
68 Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos.
69 Contra mí forjaron mentira los soberbios, pero yo guardaré de todo corazón tus preceptos.
70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo, pero yo en tu ley me he deleitado.
71 Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.
72 Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Daniel 10

1 En el tercer año de Ciro, rey de Persia, fue revelada palabra a Daniel, cuyo nombre era Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el tiempo de conflicto era largo; pero él comprendió la palabra y tuvo entendimiento en la visión.
2 En aquellos días yo, Daniel, hice duelo por espacio de tres semanas.
3 No comí alimento delicado, ni entró carne ni vino en mi boca, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron tres semanas.
4 Y a los veinticuatro días del mes primero estaba yo a la orilla del gran río, el cual es el Hidekel;
5 y alzando mis ojos miré, y he aquí un varón vestido de lino y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz,
6 y su cuerpo era como berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y la voz de sus palabras como la voz de una multitud.
7 Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y los hombres que estaban conmigo no vieron la visión, sino que cayó sobre ellos un gran temor y huyeron a esconderse.
8 Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedaron fuerzas en mí, antes mi vigor se me cambió en desmayo, sin retener fuerza alguna.
9 Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí dormido sobre mi rostro, con mi rostro en tierra.
10 Y he aquí, una mano me tocó y me sacudió para ponerme sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.
11 Y me dijo: Daniel, varón muy amado, entiende las palabras que te hablaré, y levántate sobre tus pies, porque a ti he sido enviado ahora Y mientras hablaba conmigo esto, me puse en pie temblando.
12 Y me dijo: Daniel, no temas, porque desde el primer día que diste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.
13 Mas el príncipe del reino de Persia se puso contra mí veintiún días; y he aquí, Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y yo quedé allí con los reyes de Persia.
14 Y he venido para hacerte entender lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días, porque la visión es aún para días.
15 Y mientras hablaba conmigo semejantes palabras, puse mis ojos en tierra y enmudecí.
16 Mas he aquí, como una semejanza de hijo de hombre tocó mis labios Entonces abrí mi boca, y hablé, y dije a aquel que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me sobrevinieron mis dolores y no me quedó fuerza.
17 ¿Cómo, pues, podrá este siervo de mi señor hablar con este mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza y no me quedó aliento.
18 Y aquel como una apariencia de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció,
19 y me dijo: Varón muy amado, no temas; paz a ti; esfuérzate, sí, esfuérzate Y hablando él conmigo, cobré fuerzas y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.
20 Y dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear con el príncipe de Persia; y cuando salga yo, he aquí que vendrá el príncipe de Grecia.
21 Pero yo te declararé lo que está inscrito en la escritura de verdad; y ninguno hay que se esfuerce conmigo en estas cosas, sino Miguel, vuestro príncipe.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 23

1 Entonces Pablo, poniendo los ojos en el Concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.
2 Y el sumo sacerdote Ananías mandó a los que estaban delante de él que lo golpearan en la boca.
3 Entonces Pablo le dijo: Dios te golpeará a ti, pared blanqueada ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas golpear?
4 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?
5 Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote, pues escrito está: No maldecirás al príncipe de tu pueblo.
6 Entonces Pablo, sabiendo que una parte era de saduceos y otra de fariseos, clamó en el Concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.
7 Y cuando hubo dicho esto, se produjo una disensión entre los fariseos y los saduceos, y la multitud se dividió.
8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan estas cosas.
9 Y hubo un gran clamor; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios.
10 Y habiendo gran disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuera despedazado por ellos, mandó que la tropa bajara y lo arrebatara de en medio de ellos y lo llevara a la fortaleza.
11 Y la noche siguiente, se le presentó el Señor y le dijo: Confía, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.
12 Y cuando fue de día, algunos de los judíos se juntaron e hicieron voto bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran dado muerte a Pablo.
13 Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración,
14 los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros hemos hecho voto bajo maldición, que nada gustaremos hasta que hayamos dado muerte a Pablo.
15 Ahora pues, vosotros, con el Concilio, requerid al tribuno que lo saque mañana ante vosotros, como que queréis indagar de él alguna cosa con más exactitud; y antes que él llegue, nosotros estaremos preparados para matarlo.
16 Entonces el hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fue y entró en la fortaleza y dio aviso a Pablo.
17 Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
18 Él entonces, tomándolo, lo llevó al tribuno y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajera ante ti a este joven, que tiene algo que decirte.
19 Y el tribuno, tomándolo de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que contarme?
20 Y él dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana saques a Pablo al Concilio, como que han de inquirir con más exactitud alguna cosa acerca de él.
21 Mas tú no les creas, porque más de cuarenta hombres de ellos lo acechan, los cuales han hecho voto bajo maldición de no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa.
22 Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijera que le había dado aviso de esto.
23 Y llamando a dos centuriones, mandó que prepararan para la hora tercera de la noche doscientos soldados, y setenta jinetes, y doscientos lanceros, para que fueran hasta Cesarea;
24 y que prepararan cabalgaduras en que, poniendo a Pablo, lo llevaran a salvo a Félix, el gobernador.
25 Y escribió una carta en estos términos:
26 Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.
27 A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era romano.
28 Y queriendo saber la causa por la que lo acusaban, lo llevé al Concilio de ellos;
29 y hallé que lo acusaban de cuestiones de su ley, y que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión.
30 Pero al ser avisado de las asechanzas que los judíos habían preparado contra este hombre, al punto lo he enviado a ti, mandando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él Pásalo bien.
31 Y los soldados, tomando a Pablo como les fue mandado, lo llevaron de noche a Antípatris.
32 Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fueran con él, se volvieron a la fortaleza.
33 Y cuando llegaron a Cesarea y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.
34 Y el gobernador, después de leer la carta, preguntó de qué provincia era; y al saber que era de Cilicia,
35 dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores Y mandó que lo guardaran en el pretorio de Herodes.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Que tus oídos misericordiosos, oh Señor, estén abiertos a las oraciones de tus humildes siervos, y a fin de que obtengan sus peticiones, haz que pidan lo que te agrade, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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