Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 14 de agosto de 2025

Jueves de la Novena Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 71

1 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo avergonzado jamás.
2 Socórreme y líbrame en tu justicia; inclina a mí tu oído y sálvame.
3 Sé para mí por peña de refugio adonde acuda yo continuamente; Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
4 Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del inicuo e implacable.
5 Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud.
6 Por ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste; a ti será siempre mi alabanza.
7 Como prodigio he sido a muchos, y tú mi refugio fuerte.
8 Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.
9 No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.
10 Porque mis enemigos han hablado de mí y los que acechan mi alma consultaron juntamente,
11 diciendo: Dios lo ha dejado; perseguidlo y tomadlo, porque no hay quien lo libre.
12 Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, apresúrate a ayudarme.
13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que buscan mi mal.
14 Mas yo siempre esperaré y te alabaré más y más.
15 Mi boca publicará tu justicia y tu salvación todo el día, aunque no sé su número.
16 Vendré a los hechos poderosos del Señor Jehová; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.
17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
18 Y aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, tu poderío a todos los que han de venir.
19 Y tu justicia, oh Dios, alcanza hasta lo excelso; tú que has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú?
20 Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
21 Aumentarás mi grandeza y volverás a consolarme.
22 Asimismo yo te alabaré con salterio, oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti con el arpa, oh Santo de Israel.
23 Mis labios se regocijarán cuando te cante salmos, y mi alma, la cual redimiste.
24 También mi lengua hablará de tu justicia todo el día; por cuanto fueron avergonzados, por cuanto fueron confundidos los que procuraban mi mal.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 72

1 Oh Dios, da tus juicios al rey y tu justicia al hijo del rey.
2 Él juzgará a tu pueblo con justicia y a tus afligidos con juicio.
3 Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia.
4 Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso y quebrantará al opresor.
5 Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación.
6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como los aguaceros que riegan la tierra.
7 Florecerá en sus días justicia y abundancia de paz, hasta que no haya luna.
8 Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.
9 Delante de él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
11 Y se postrarán delante de él todos los reyes; lo servirán todas las naciones.
12 Porque él librará al menesteroso que clame y al afligido que no tenga quien lo socorra.
13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará las almas de los pobres.
14 De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
15 Y vivirá, y se le dará del oro de Sabá, y se orará por él continuamente; todo el día se le bendecirá.
16 Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.
17 Será su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras el sol dure; y benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.
18 Bendito sea Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.
19 Y bendito sea su glorioso nombre para siempre; y toda la tierra sea llena de su gloria Amén y amén.
20 Se acaban aquí las oraciones de David, hijo de Isaí.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Lamentaciones 4

1 ¡Cómo se ha oscurecido el oro! ¡ha cambiado el oro fino! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.
2 Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos de alfarero!
3 Aun los chacales dan la teta, dan de mamar a sus cachorros; la hija de mi pueblo es cruel como los avestruces en el desierto.
4 La lengua del niño de pecho se pegó a su paladar por la sed; los pequeños pidieron pan, y no hubo quien se lo repartiera.
5 Los que comían delicadezas fueron asolados en las calles; los que se criaron en carmesí abrazaron los estercoleros.
6 Porque se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue trastornada en un momento, sin que manos se movieran contra ella.
7 Sus nazareos fueron más puros que la nieve, más blancos que la leche; su cuerpo era más rojizo que los rubíes, su talle como el zafiro.
8 Más oscura que la negrura es la forma de ellos, no los reconocen por las calles; su piel está pegada a sus huesos, está seca como un palo.
9 Más dichosos fueron los muertos a espada que los muertos por el hambre, porque estos murieron poco a poco, extenuados por falta de los frutos del campo.
10 Las manos de las mujeres compasivas cocieron a sus hijos; les fueron por comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
11 Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira y encendió fuego en Sion que consumió sus fundamentos.
12 Nunca creyeron los reyes de la tierra ni todos los que habitan en el mundo que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalén.
13 Es por los pecados de sus profetas, por las iniquidades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos.
14 Deambularon como ciegos por las calles, fueron contaminados con la sangre, de modo que no pudieran tocar sus vestiduras.
15 ¡Apartaos, inmundos! , les gritaban ¡Apartaos, apartaos, no toquéis! Cuando huyeron y deambularon, dijeron de ellos entre las naciones: Nunca más morarán aquí.
16 La faz de Jehová los apartó, no los mirará más; no respetaron la faz de los sacerdotes ni tuvieron compasión de los viejos.
17 Aun han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro; en nuestra esperanza esperamos a una nación que no puede salvar.
18 Cazaron nuestros pasos para que no anduviéramos por nuestras plazas; se acercó nuestro fin, se cumplieron nuestros días, porque vino nuestro fin.
19 Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo; sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas.
20 El aliento de nuestras narices, el ungido de Jehová, fue preso en sus hoyos, de quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las naciones.
21 Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Uz; aun hasta ti pasará el cáliz, te embriagarás y te desnudarás.
22 Se ha cumplido el castigo de tu iniquidad, oh hija de Sion; nunca más te llevará cautiva Visitará tu iniquidad, oh hija de Edom; descubrirá tus pecados.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 12

1 Y en aquel mismo tiempo, el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarlos.
2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.
3 Y viendo que había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro Eran entonces los días de los Panes sin levadura.
4 Y habiéndolo prendido, lo puso en la cárcel, entregándolo a cuatro grupos de cuatro soldados para que lo guardaran, queriendo llevarlo ante el pueblo después de la Pascua.
5 Así que Pedro era custodiado en la cárcel, y la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
6 Y cuando Herodes lo iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardias delante de la puerta custodiaban la cárcel.
7 Y he aquí, el ángel del Señor se presentó, y una luz resplandeció en la celda; y golpeando a Pedro en el costado, lo despertó, diciendo: Levántate pronto Y las cadenas se le cayeron de las manos.
8 Y le dijo el ángel: Cíñete y átate las sandalias Y lo hizo así Y le dijo: Envuélvete en tu manto y sígueme.
9 Y saliendo, lo seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión.
10 Y cuando pasaron la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y habiendo salido, pasaron una calle, y en seguida el ángel se apartó de él.
11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado a su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos.
12 Y considerando esto, llegó a casa de María, la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.
13 Y cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a atender una muchacha llamada Rode,
14 y, al reconocer la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que, corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta.
15 Y ellos le dijeron: Estás loca Pero ella afirmaba que así era Entonces ellos decían: Es su ángel.
16 Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron, lo vieron y se quedaron atónitos.
17 Mas él, haciéndoles con la mano señal de que callaran, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos Y salió, y partió a otro lugar.
18 Cuando se hizo de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué habría sido de Pedro.
19 Mas Herodes, cuando lo buscó y no lo halló, después de interrogar a los guardias, ordenó llevarlos a la muerte Después, descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí.
20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; mas ellos vinieron de común acuerdo ante él, y habiendo persuadido a Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz, porque sus tierras eran abastecidas por las del rey.
21 Y el día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y los arengó.
22 Y el pueblo aclamaba: ¡Voz de Dios, y no de hombre!
23 Y al momento el ángel del Señor lo hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.
24 Mas la palabra de Dios crecía y se multiplicaba.
25 Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalén después de haber cumplido su servicio, tomando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, cuya infalible providencia ordena todas las cosas tanto en el cielo como en la tierra: Humildemente te suplicamos que apartes de nosotros todo aquello que nos hace daño, y nos des aquellas cosas que son provechosas para nosotros, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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