Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
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Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 22 de julio de 2025

Santa María Magdalena

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 107

1 Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.
2 Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido de mano del enemigo.
3 y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur.
4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, no hallando ciudad donde habitar.
5 Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos.
6 Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones,
7 y los dirigió por camino derecho, para que vinieran a ciudad donde habitar.
8 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres,
9 porque sació al alma menesterosa y llenó de bien al alma hambrienta.
10 Moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros,
11 por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová y aborrecieron el consejo del Altísimo.
12 Por lo que él quebrantó con trabajo sus corazones; cayeron y no hubo quien los ayudara.
13 Luego que clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones;
14 los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.
15 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres,
16 porque quebrantó las puertas de bronce y desmenuzó los cerrojos de hierro.
17 Los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus iniquidades, fueron afligidos.
18 Su alma abominó todo alimento y llegaron hasta las puertas de la muerte.
19 Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los salvó de sus aflicciones.
20 Envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.
21 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres;
22 y ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.
23 Los que descienden al mar en navíos y hacen negocio en las muchas aguas,
24 ellos han visto las obras de Jehová y sus maravillas en las profundidades.
25 Pues él habló y alzó el viento tempestuoso que levanta sus olas.
26 Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal.
27 Tiemblan y titubean como borrachos, y todo su conocimiento se pierde.
28 Entonces claman a Jehová en su angustia, y él los libra de sus aflicciones.
29 Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus olas.
30 Luego se alegran porque se aquietaron, y él los guía al puerto que deseaban.
31 Alaben a Jehová por su misericordia y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
32 Y ensálcenlo en la congregación del pueblo, y en el consejo de ancianos lo alaben.
33 Él convierte los ríos en desierto y los manantiales de las aguas en sequedales;
34 la tierra fructífera en lugares salados, por la maldad de los que la habitan.
35 Convierte el desierto en estanques de aguas y la tierra seca en manantiales de aguas.
36 Y allí hace morar a los hambrientos, y establecen ciudad donde habitar;
37 y siembran campos, y plantan viñas, y producen abundante fruto.
38 Y los bendice, y se multiplican en gran manera; y él no disminuye sus bestias.
39 Después disminuyen y son abatidos a causa de tiranía, de males y congojas.
40 Él derrama menosprecio sobre los príncipes y los hace andar errantes por un desierto sin camino;
41 y levanta al pobre de la miseria, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.
42 Véanlo los rectos y alégrense, y toda maldad cierre su boca.
43 ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Jeremías 11

1 La palabra que vino a Jeremías de parte de Jehová, diciendo:
2 Oíd las palabras de este pacto y hablad a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén.
3 Y les dirás: Así dijo Jehová Dios de Israel: Maldito el hombre que no obedeciere las palabras de este pacto,
4 el cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Oíd mi voz y poned por obra mis palabras conforme a todo lo que os mando, y me seréis por pueblo y yo seré a vosotros por Dios;
5 para que confirme el juramento que juré a vuestros padres, que les daría la tierra que fluye leche y miel, como en este día Y respondí y dije: Amén, oh Jehová.
6 Y Jehová me dijo: Proclama todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de este pacto y ponedlas por obra.
7 Porque testifiqué resueltamente a vuestros padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto, y hasta el día de hoy, madrugando para testificar, diciendo: Oíd mi voz.
8 Pero no oyeron ni inclinaron su oído, sino que anduvo cada uno en la dureza de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumplieran, y no lo cumplieron.
9 Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los hombres de Judá y entre los moradores de Jerusalén.
10 Se han vuelto a las iniquidades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras y se fueron tras dioses ajenos para servirlos; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual yo había concertado con sus padres.
11 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo traigo sobre ellos un mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré.
12 E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman incienso, los cuales ciertamente no los podrán salvar en el tiempo de su calamidad.
13 Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusisteis los altares a la vergüenza, altares para quemar incienso a Baal.
14 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, porque yo no oiré en el tiempo en que clamen a mí por causa de su calamidad.
15 ¿Qué tiene mi amado en mi casa, habiendo hecho maldades con muchos? Y la carne santa pasa delante de ti Cuando haces el mal, entonces te glorías.
16 Olivo verde, hermoso en fruto y en parecer, llamó Jehová tu nombre Al sonido de un gran tumulto hizo encender fuego sobre él, y se quebraron sus ramas.
17 Pues Jehová de los ejércitos, que te plantó, ha pronunciado el mal contra ti a causa de la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá, que se hicieron a sí mismos, provocándome a ira al quemar incienso a Baal.
18 Y Jehová me lo hizo saber, y lo supe; entonces me hiciste ver sus obras.
19 Y yo era como cordero manso que llevan a degollar, pues no entendía que contra mí maquinaban designios diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, y no haya más memoria de su nombre.
20 Pero, oh Jehová de los ejércitos, que juzgas con justicia, que examinas la conciencia y el corazón, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he descubierto mi causa.
21 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de los hombres de Anatot que buscan tu alma diciendo: No profetices en nombre de Jehová y no morirás a nuestras manos.
22 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los visito; los jóvenes morirán a espada, sus hijos y sus hijas morirán de hambre;
23 y no quedará resto de ellos, porque yo traeré mal sobre los hombres de Anatot, en el año de su visitación.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 10

1 De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es ladrón y salteador.
2 Mas el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
3 A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y a sus propias ovejas llama por nombre, y las saca.
4 Y cuando ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.
5 Mas al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
6 Esta comparación les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7 Entonces volvió Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
8 Todos los que antes de mí vinieron son ladrones y salteadores, pero las ovejas no los oyeron.
9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.
10 El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
12 Mas el asalariado, y el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, y deja las ovejas, y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
13 El asalariado huye porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas.
14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y soy conocido por las mías.
15 Como el Padre me conoce, también yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ellas debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar.
18 Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar Este mandamiento recibí de mi Padre.
19 Entonces volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.
20 Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué lo oís?
21 Decían otros: Estas palabras no son de un endemoniado; ¿puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?
22 Y se celebró en Jerusalén la fiesta de la Dedicación, y era invierno;
23 y Jesús andaba en el Templo por el pórtico de Salomón.
24 Y lo rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo tendrás nuestra alma en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
25 Les respondió Jesús: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;
26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;
28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
29 Mi Padre que me las dio, mayor que todos es; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
30 Yo y el Padre uno somos.
31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo.
32 Les respondió Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de esas obras me apedreáis?
33 Le respondieron los judíos diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
34 Les respondió Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses?
35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada);
36 ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios?
37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.
38 Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en él.
39 Por eso procuraban otra vez prenderlo; mas él se escapó de sus manos.
40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan primero había estado bautizando; y se quedó allí.
41 Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de este era verdad.
42 Y muchos creyeron en él allí.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Concede, oh Señor, te suplicamos, que tu gobierno ordene tan pacíficamente el curso de este mundo, que tu Iglesia te sirva gozosamente en toda piedad y tranquilidad, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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