Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 16 de julio de 2025

Miércoles de la Quinta Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 79

1 Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; han contaminado tu santo templo; han hecho de Jerusalén montones de ruinas.
2 Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las bestias de la tierra.
3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, y no hubo quien los enterrara.
4 Somos afrentados por nuestros vecinos, escarnecidos y burlados por los que están en nuestros alrededores.
5 ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?
6 Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre.
7 Porque han consumido a Jacob y su morada han asolado.
8 No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos.
9 Ayúdanos, oh Dios, salvación nuestra, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por causa de tu nombre.
10 ¿Por qué dirán las naciones: Dónde está su Dios? Sea notoria en las naciones, delante de nuestros ojos, la venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada.
11 Llegue delante de ti el gemido de los presos; conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte.
12 Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su afrenta con que te han afrentado, oh Señor.
13 Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 80

1 Oh Pastor de Israel, escucha; tú que pastoreas a José como a ovejas, que estás sentado entre los querubines, resplandece.
2 Delante de Efraín, y de Benjamín, y de Manasés, despierta tu poder y ven a salvarnos.
3 Oh Dios, haznos volver, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado contra la oración de tu pueblo?
5 Les diste a comer pan de lágrimas y les diste a beber lágrimas en gran abundancia.
6 Nos pusiste como contienda a nuestros vecinos y nuestros enemigos se burlan de nosotros entre sí.
7 Oh Dios de los ejércitos, haznos volver, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
8 Hiciste venir una vid de Egipto; echaste a las naciones y la plantaste.
9 Limpiaste el lugar delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.
10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios.
11 Extendió sus vástagos hasta el mar y hasta el río sus renuevos.
12 ¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino?
13 La destroza el puerco montés y la devora la bestia del campo.
14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,
15 y la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste.
16 Está quemada a fuego, está asolada; perezcan por la reprensión de tu rostro.
17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que para ti afirmaste.
18 Así no nos apartaremos de ti; nos darás vida e invocaremos tu nombre.
19 Oh Jehová, Dios de los ejércitos, haznos volver; haz resplandecer tu rostro y seremos salvos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 81

1 Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; celebrad con júbilo al Dios de Jacob.
2 Elevad salmos y tañed el pandero, el arpa deleitosa con el salterio.
3 Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra solemnidad.
4 Porque estatuto es para Israel, ordenanza del Dios de Jacob.
5 Lo constituyó por testimonio en José cuando salió por la tierra de Egipto, donde oí un lenguaje que no entendía.
6 Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos dejaron de llevar los cestos.
7 En la angustia clamaste y yo te libré; te respondí en lo secreto del trueno; te probé junto a las aguas de Meriba Selah.
8 Oye, pueblo mío, y testificaré contra ti ¡Oh Israel, si me oyeras!
9 No habrá en ti dios ajeno ni te inclinarás a dios extranjero.
10 Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre bien tu boca y la llenaré.
11 Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.
12 Los entregué, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos.
13 ¡Oh, si mi pueblo me hubiera oído, si Israel hubiera andado en mis caminos!
14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos y habría vuelto mi mano contra sus adversarios.
15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido y el tiempo de ellos sería para siempre.
16 Y Dios lo habría sustentado con lo mejor del trigo; y con miel de la roca te habría saciado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Eclesiastés 11

1 Echa tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás.
2 Reparte porción a siete, y aun a ocho, porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.
3 Si las nubes están llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cae al sur, o al norte, en el lugar que el árbol caiga, allí quedará.
4 El que observa al viento no sembrará, y el que mira a las nubes no segará.
5 Como tú no sabes cuál es el camino del viento ni cómo se forman los huesos en el vientre de la mujer embarazada, así ignoras la obra de Dios, quien hace todas las cosas.
6 Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque tú no sabes qué es lo mejor, si esto o lo otro, o si ambas cosas son igualmente buenas.
7 Suave ciertamente es la luz y agradable a los ojos ver el sol;
8 pero si el hombre viviere muchos años y en todos ellos tuviere gozo, acuérdese también de los días de las tinieblas, que serán muchos Todo cuanto viene es vanidad.
9 Alégrate, joven, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos, pero sabe que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio.
10 Quita, pues, el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne; porque la mocedad y la juventud son vanidad.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Juan 4

1 Cuando, pues, el Señor supo que los fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan.
2 (aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos),
3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
4 Y le era necesario pasar por Samaria.
5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6 Y estaba allí el pozo de Jacob Jesús, pues, cansado del camino, así se sentó junto al pozo Era como la hora sexta.
7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; Jesús le dijo: Dame de beber.
8 Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida.
9 Y la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?
12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, y sus hijos, y sus ganados?
13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14 pero el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; mas el agua que yo le daré será en él una fuente de agua brotando para vida eterna.
15 La mujer le dijo: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla.
16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido Le dijo Jesús: Bien has dicho: No tengo marido;
18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en esto has dicho la verdad.
19 Le dijo la mujer: Señor, veo que tú eres profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde es necesario adorar.
21 Le dijo Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren.
25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
26 Le dijo Jesús: Yo soy, el que hablo contigo.
27 Y en esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; pero ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ; o: ¿Qué hablas con ella?
28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho ¿No será este el Cristo?
30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
31 Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
32 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33 Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Le habrá traído alguien de comer?
34 Les dijo Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra.
35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
36 Y el que siega recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra también se goce juntamente con el que siega.
37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
40 Viniendo, pues, los samaritanos a él, le rogaron que se quedara con ellos; y se quedó allí dos días.
41 Y creyeron muchos más por la palabra de él.
42 Y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu palabra; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Cristo, el Salvador del mundo.
43 Y dos días después, salió de allí y se fue a Galilea.
44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su tierra.
45 Y cuando vino a Galilea, los galileos lo recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén en el día de la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino Y había en Capernaúm un funcionario del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47 Este, oyendo que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a él, y le rogaba que descendiera y sanara a su hijo, porque estaba a punto de morir.
48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.
49 El funcionario del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50 Le dijo Jesús: Ve, tu hijo vive Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
51 Y mientras él descendía, sus siervos le salieron a recibir, y le dieron las nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52 Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor Y le dijeron: Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.
53 El padre entonces entendió que aquella fue la hora en que Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
54 Jesús hizo esta segunda señal cuando fue de Judea a Galilea.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, protector de todos los que confían en ti, sin quien nada es fuerte, nada es santo: Aumenta y multiplica sobre nosotros tu misericordia, para que, siendo tú nuestro gobernante y guía, pasemos por las cosas temporales sin perder finalmente las cosas eternas. Concede esto, oh Padre celestial, por amor de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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