Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 23 de junio de 2025

Lunes de la Segunda Semana después de la Trinidad

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 110

1 Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
2 Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder: Domina en medio de tus enemigos.
3 Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad; desde el seno de la aurora, tienes tú el rocío de tu juventud.
4 Juró Jehová y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
5 El Señor está a tu diestra; herirá a los reyes en el día de su furor.
6 Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; herirá la cabeza que domina sobre muchas tierras.
7 Beberá del arroyo en el camino, por lo cual levantará la cabeza.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 111

1 Alabaré a Jehová con todo el corazón en la compañía y congregación de los rectos.
2 Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.
3 Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.
4 Hizo memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová.
5 Dio alimento a los que lo temen; para siempre se acordará de su pacto.
6 El poder de sus obras anunció a su pueblo, dándoles la heredad de las naciones.
7 Las obras de sus manos son verdad y juicio; fieles son todos sus preceptos,
8 afirmados eternamente y para siempre, hechos en verdad y rectitud.
9 Redención ha enviado a su pueblo; para siempre ha ordenado su pacto Santo y temible es su nombre.
10 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que ponen por obra sus mandamientos; su loor permanece para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 112

1 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
2 Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita.
3 Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre.
4 Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, y misericordioso, y justo.
5 El hombre bueno tiene misericordia y presta; gobierna sus cosas con juicio.
6 Por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo.
7 No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová.
8 Asegurado está su corazón, no temerá, hasta que vea en sus enemigos la venganza.
9 Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre; su cuerno será ensalzado en gloria.
10 Lo verá el impío y se irritará; crujirá los dientes y se consumirá; el deseo de los impíos perecerá.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 113

1 Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.
2 Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y para siempre.
3 Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.
4 Ensalzado sobre todas las naciones es Jehová, sobre los cielos su gloria.
5 ¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en lo alto,
6 que se humilla a mirar en los cielos y en la tierra?
7 Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del estercolero,
8 para hacerlo sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.
9 Él hace habitar en familia a la estéril, gozosa de ser madre de hijos Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Job 41

1 ¿Sacarás tú al Leviatán con anzuelo o sujetarás con cuerda su lengua?
2 ¿Pondrás un junco en sus narices u horadarás con gancho su quijada?
3 ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará lisonjas?
4 ¿Hará pacto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo?
5 ¿Jugarás con él como con un pájaro o lo atarás para tus niñas?
6 ¿Harán de él banquete los compañeros? ¿Lo repartirán entre los mercaderes?
7 ¿Llenarás con dardos su piel o con arpón de pescadores su cabeza?
8 Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla y nunca más volverás a hacerlo.
9 He aquí que la esperanza acerca de él resultará falsa, ¿desmaya cualquiera a su sola vista?
10 Nadie hay tan osado que lo despierte; ¿quién, pues, podrá estar delante de mí?
11 ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Lo que hay debajo de todo el cielo es mío.
12 Yo no callaré sobre sus miembros, ni sobre el asunto de sus fuerzas y la gracia de su disposición.
13 ¿Quién descubrirá la delantera de su vestido? ¿Quién se acercará a él con su freno doble?
14 ¿Quién abrirá las puertas de sus fauces? Las hileras de sus dientes son terribles.
15 Su orgullo son sus fuertes escudos, cerrados entre sí estrechamente.
16 El uno se junta con el otro, y el viento no entra entre ellos.
17 Pegados están unos con otros, están trabados entre sí y no se pueden separar.
18 Sus estornudos hacen resplandecer una luz, y sus ojos son como los párpados del alba.
19 De su boca salen antorchas, centellas de fuego se escapan.
20 De sus narices sale humo, como de una olla que hierve o juncos que arden.
21 Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale una llama.
22 En su cerviz reside la fuerza, y se esparce el desaliento delante de él.
23 Los pliegues de su carne están apretados, están firmes en él y no se mueven.
24 Su corazón es firme como una piedra y firme como la muela inferior de un molino.
25 De su grandeza tienen temor los fuertes, y a causa del quebrantamiento que produce están fuera de sí.
26 Cuando alguno lo alcance, espada no durará contra él, ni lanza, ni dardo, ni jabalina.
27 Estima el hierro como paja y el bronce como leño podrido.
28 Saeta no lo hace huir; las piedras de honda se le vuelven como paja.
29 Estima como paja la maza y del blandir de la jabalina se ríe.
30 Por debajo tiene agudos tiestos que se extienden como trillo sobre el lodo.
31 Hace hervir como una olla las profundidades, vuelve el mar como una vasija de ungüento.
32 En pos de sí hace resplandecer la senda, parece que el abismo es cano.
33 No hay sobre la tierra semejante a él, hecho sin temor.
34 Mira con desprecio toda cosa alta; él es rey sobre todos los hijos de soberbia.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Lucas 7

1 Y cuando acabó todas sus palabras a oídos del pueblo, entró en Capernaúm.
2 Y el siervo de cierto centurión, a quien este tenía en estima, estaba enfermo y a punto de morir.
3 Y cuando oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniera y sanara a su siervo.
4 Y viniendo ellos a Jesús, le rogaron con insistencia, diciendo: Es digno de que le concedas esto,
5 porque ama a nuestra nación, y él nos edificó la sinagoga.
6 Y Jesús fue con ellos Mas cuando ya no estaban lejos de su casa, el centurión le envió unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;
7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; mas di la palabra, y mi criado será sanado.
8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, que tengo debajo de mí soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
9 Y al oír esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la multitud que lo seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
11 Y aconteció después, que él iba a una ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud.
12 Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, hijo único de su madre, y ella era viuda; y había una gran multitud de la ciudad con ella.
13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.
14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se pararon Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.
15 Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar Y lo entregó a su madre.
16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.
17 Y se difundió este dicho acerca de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.
18 Y sus discípulos dieron las nuevas de todas estas cosas a Juan Y llamó Juan a dos de sus discípulos,
19 y los envió a Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
20 Y cuando los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
21 Y en esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y a muchos ciegos les dio la vista.
22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, a los pobres es anunciado el evangelio;
23 y bienaventurado es el que no sea escandalizado de mí.
24 Y cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a las multitudes: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña que es agitada por el viento?
25 Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido de ropas delicadas? He aquí, los que tienen vestidos preciosos, y viven en deleites, en los palacios de los reyes están.
26 Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y aun más que profeta.
27 Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.
28 Porque os digo que entre los nacidos de mujer no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.
29 Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados por él.
31 Y dijo el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
32 Semejantes son a los muchachos que se sientan en la plaza, y dan voces los unos a los otros, y dicen: Os tocamos la flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis.
33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
35 Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.
36 Y le rogó uno de los fariseos que comiera con él Y entrando en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
37 Y he aquí una mujer de la ciudad, que era pecadora, cuando supo que estaba a la mesa en casa de aquel fariseo, trajo un vaso de alabastro con ungüento,
38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.
39 Y cuando vio esto el fariseo que lo había invitado habló para sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, que es pecadora.
40 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Simón, tengo algo que decirte Y él dijo: Di, Maestro.
41 Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos Di, pues, ¿cuál de estos lo amará más?
43 Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
44 Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas y los ha enjugado con los cabellos de su cabeza.
45 No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con ungüento mis pies.
47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se le perdona poco, poco ama.
48 Y a ella le dijo: Los pecados te son perdonados.
49 Y los que estaban sentados juntamente con él a la mesa comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que también perdona pecados?
50 Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; ve en paz.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Dios, fortaleza de todos los que ponen su confianza en ti: Acepta misericordiosamente nuestras oraciones, y dado que por la debilidad de nuestra naturaleza mortal no podemos hacer ninguna cosa buena sin ti, concédenos la ayuda de tu gracia, para que guardando tus mandamientos te agrademos, tanto en voluntad como en obra, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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