Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 8 de mayo de 2025

Jueves de la Segunda Semana después de Pascua

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 38

1 Jehová, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira.
2 Porque tus saetas penetraron en mí, y sobre mí ha caído tu mano.
3 Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado.
4 Porque mis iniquidades han pasado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.
5 Hieden y supuran mis llagas a causa de mi locura.
6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día,
7 porque mis lomos están llenos de ardor, y nada hay sano en mi carne.
8 Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa de la conmoción de mi corazón.
9 Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto.
10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.
11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen apartados de mi plaga, y mis cercanos se mantienen lejos.
12 Y los que buscan mi alma arman lazos, y los que procuran mi mal hablan iniquidades y meditan fraudes todo el día.
13 Pero yo, como si fuera sordo, no oigo, y estoy como un mudo que no abre su boca.
14 Soy, pues, como un hombre que no oye y en cuya boca no hay reprensiones.
15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, Jehová, Dios mío.
16 Porque dije: No se alegren de mí; cuando mi pie resbalaba, sobre mí se engrandecían.
17 Porque yo estoy a punto de caer, y mi dolor está delante de mí continuamente.
18 Por tanto, declararé mi iniquidad, me contristaré por mi pecado.
19 Pero mis enemigos están vivos y fuertes, y se han aumentado los que me aborrecen sin causa;
20 y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
21 No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí.
22 Apresúrate a ayudarme, oh Señor, salvación mía.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 39

1 Yo dije: Atenderé a mis caminos para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.
2 Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno, y se agravó mi dolor.
3 Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego, y así proferí con mi lengua:
4 Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.
5 He aquí, como la largura de unos palmos hiciste mis días, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive Selah.
6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.
8 Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del insensato.
9 Enmudecí, no abrí mi boca, porque tú lo hiciste.
10 Quita de sobre mí tu plaga; por la hostilidad de tu mano yo estoy consumido.
11 Con castigos por la iniquidad corriges al hombre, y haces que se consuma, como la polilla, su deseo; ciertamente vanidad es todo hombre Selah.
12 Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor, no calles ante mis lágrimas; porque yo soy peregrino para contigo y advenedizo, como todos mis padres.
13 Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 40

1 Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor;
2 y me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, y puso mis pies sobre peña, y afirmó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová.
4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios ni a los que se desvían tras la mentira.
5 Has aumentado tú, oh Jehová Dios mío, tus maravillas y tus pensamientos para con nosotros; no es posible contarlos ante ti; si yo los anunciare y hablare de ellos, son demasiados para ser enumerados.
6 Sacrificio y ofrenda no te agradan; has abierto mis oídos; holocausto y expiación por el pecado no has demandado.
7 Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí;
8 el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mis entrañas.
9 He anunciado justicia en la gran congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes.
10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; tu fidelidad y tu salvación he proclamado; no oculté tu misericordia y tu verdad en la gran congregación.
11 Tú, Jehová, no apartes de mí tus misericordias; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
12 Porque me han cercado males sin número; me han alcanzado mis iniquidades y no puedo levantar la vista; se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece.
13 Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme.
14 Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para cortarla; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean.
15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!
16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea ensalzado.
17 Aunque yo esté afligido y necesitado, Jehová pensará en mí Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

1 Reyes 20

1 Entonces Ben-adad, rey de Siria, juntó a todo su ejército, y con él treinta y dos reyes con caballos y carros; y subió, y puso cerco a Samaria, y la combatió.
2 Y envió mensajeros a Acab, rey de Israel, a la ciudad, diciendo:
3 Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro es mío, y tus mujeres y los mejores de tus hijos son míos.
4 Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, mi señor el rey, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.
5 Y volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás.
6 Ciertamente mañana a estas horas enviaré a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa y las casas de tus siervos; y sucederá que todo lo precioso a tus ojos lo tomarán en sus manos y se lo llevarán.
7 Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos de la tierra y les dijo: Entended y ved ahora cómo este busca el mal; pues me ha enviado mensajeros para pedirme mis mujeres y mis hijos, y mi plata y mi oro, y no se lo he negado.
8 Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No lo obedezcas ni consientas.
9 Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid a mi señor el rey: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio, pero esto no lo puedo hacer Y los embajadores fueron y le dieron la respuesta.
10 Y Ben-adad envió a decirle: Así me hagan los dioses y así me añadan, que el polvo de Samaria no bastará para llenar los puños de todo el pueblo que me sigue.
11 Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe como el que se desciñe.
12 Y sucedió que cuando él oyó esta palabra, mientras estaba bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos Y ellos se dispusieron contra la ciudad.
13 Y he aquí un profeta se acercó a Acab, rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto toda esta gran multitud? He aquí, yo te la entregaré hoy en tu mano para que conozcas que yo soy Jehová.
14 Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? Y él dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los criados de los príncipes de las provincias Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú.
15 Entonces él pasó revista a los criados de los príncipes de las provincias, los cuales eran doscientos treinta y dos Después de ellos, pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que eran siete mil.
16 Y salieron al mediodía Y Ben-adad estaba bebiendo, borracho en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.
17 Y los criados de los príncipes de las provincias salieron los primeros Y Ben-adad había enviado mensajeros que le dieron aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria.
18 Entonces él dijo: Si han salido para hacer la paz, tomadlos vivos, y si han salido para pelear, tomadlos vivos.
19 Salieron, pues, de la ciudad los criados de los príncipes de las provincias, y después de ellos el ejército.
20 E hirió cada uno al que venía contra sí, y huyeron los sirios, e Israel los persiguió Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con algunos jinetes.
21 Y salió el rey de Israel e hirió a los caballos y los carros, e hirió a los sirios con gran mortandad.
22 Acercándose luego el profeta al rey de Israel, le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que has de hacer, porque a la vuelta de un año el rey de Siria subirá contra ti.
23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso han sido más fuertes que nosotros; pero si peleáremos con ellos en la llanura, veremos si no somos más fuertes que ellos.
24 Haz, pues, así: Saca a los reyes, cada uno de su puesto, y pon gobernadores en su lugar.
25 Y tú, fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo y carro por carro; luego pelearemos con ellos en la llanura, y veremos si no somos más fuertes que ellos Y él oyó su voz y lo hizo así.
26 Y aconteció a la vuelta de un año que Ben-adad pasó revista a los sirios y fue a Afec para pelear contra Israel.
27 Y se pasó revista a los hijos de Israel, y tomando provisiones les fueron al encuentro; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos, como dos pequeños rebaños de cabras, mientras que los sirios llenaban la tierra.
28 Acercándose entonces el varón de Dios al rey de Israel, le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová.
29 Y siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros; y aconteció al séptimo día que se dio la batalla, y mataron los hijos de Israel de los sirios cien mil hombres de a pie en un día.
30 Y los demás huyeron a Afec, a la ciudad, pero el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado También Ben-adad huyó y entró en la ciudad, escondiéndose de cámara en cámara.
31 Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora telas de saco en nuestros lomos y sogas en nuestras cabezas, y salgamos al rey de Israel; quizá te preserve la vida.
32 Ciñeron, pues, en sus lomos telas de saco y pusieron sogas en sus cabezas, y fueron al rey de Israel, y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es.
33 Y aquellos hombres lo tomaron por buen augurio, y se apresuraron a tomarle la palabra, y dijeron: ¡Tu hermano Ben-adad! Y él dijo: Id y traedlo Entonces Ben-adad salió a él, y él lo hizo subir en el carro.
34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó a tu padre, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria Y yo, dijo Acab te dejaré partir con esta alianza Hizo, pues, con él alianza y lo dejó ir.
35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora Mas el otro varón no quiso herirlo.
36 Y él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la voz de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león Y cuando se apartó de su lado, lo encontró un león y lo hirió.
37 Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida.
38 Y el profeta se fue y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó poniéndose un velo sobre los ojos.
39 Y sucedió que cuando el rey pasaba, aquel dio voces al rey y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla, y he aquí que apartándose uno de las filas, me trajo un hombre diciendo: Guarda a este hombre, y si llega a faltar, tu vida será por la suya o pagarás un talento de plata.
40 Y sucedió que mientras tu siervo estaba ocupado aquí y allá, él desapareció Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú lo has decidido.
41 Entonces él se quitó de pronto el velo de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas.
42 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano al hombre de mi anatema, tu vida será por la suya y tu pueblo por el suyo.
43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Mateo 6

1 Guardaos de hacer vuestra limosna delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de otra manera no tenéis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
2 Cuando, pues, hagas limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
3 Mas cuando tú hagas limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha;
4 para que tu limosna sea hecha en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, él te recompensará en público.
5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público.
7 Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, porque piensan que por su palabrería serán oídos.
8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis.
9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11 Danos hoy nuestro pan cotidiano.
12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos Amén.
14 Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros.
15 Pero si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
16 Y cuando ayunéis, no seáis como los hipócritas, con semblante triste; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro;
18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público.
19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan;
20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan;
21 porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo fuere simple, todo tu cuerpo estará lleno de luz;
23 pero si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se apegará al uno y menospreciará al otro No podéis servir a Dios y a las riquezas.
25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis, o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
27 Mas ¿quién de vosotros podrá, con afanarse, añadir a su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;
29 mas os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, se vistió así como uno de ellos.
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el mañana; porque el mañana traerá su propio afán Le basta al día su propio mal.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Dios todopoderoso, que has dado a tu Hijo único para ser para nosotros tanto un sacrificio por el pecado como también un ejemplo de vida piadosa: Danos gracia para que siempre recibamos con la mayor gratitud ese beneficio inestimable suyo, y también procuremos diariamente seguir los benditos pasos de su vida santísima, por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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