Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 2 de mayo de 2025

Viernes de la Primera Semana después de Pascua

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 9

1 Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.
2 Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré salmos a tu nombre, oh Altísimo.
3 Cuando mis enemigos sean vueltos atrás, caerán y perecerán delante de ti.
4 Porque has mantenido mi derecho y mi causa; te sentaste en el trono juzgando con justicia.
5 Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos eternamente y para siempre.
6 Oh enemigo, los asolamientos se han acabado para siempre; y las ciudades que derribaste, su recuerdo pereció con ellas.
7 Mas Jehová permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio.
8 Y él juzgará al mundo con justicia, juzgará a los pueblos con rectitud.
9 Y Jehová será refugio para el oprimido, refugio para el tiempo de angustia.
10 Y en ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.
11 Cantad salmos a Jehová, que habita en Sion; anunciad entre los pueblos sus obras.
12 Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos; no se olvidó del clamor de los pobres.
13 Ten misericordia de mí, Jehová; mira mi aflicción, que padezco de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte,
14 para que cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion, y me goce en tu salvación.
15 Se hundieron las naciones en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue prendido su pie.
16 Jehová se ha hecho conocer por el juicio que hizo; en la obra de sus manos fue enlazado el malo Higaión Selah.
17 Los malos volverán al sepulcro, todas las naciones que se olvidan de Dios.
18 Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.
19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti.
20 Pon, oh Jehová, temor en ellos; conozcan las naciones que no son más que hombres Selah.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 10

1 ¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en tiempos de tribulación?
2 Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean atrapados en las maquinaciones que han ideado.
3 Porque se jacta el malo del deseo de su alma y, bendiciendo al codicioso, desprecia a Jehová.
4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
5 Sus caminos son firmes en todo tiempo; tus juicios están por encima de él; resopla con desprecio a todos sus enemigos.
6 Dice en su corazón: No seré movido de generación en generación ni estaré en infortunio.
7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua hay vejación y maldad.
8 Se sienta al acecho cerca de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente; sus ojos están acechando al desvalido.
9 Acecha en oculto, como el león desde su cueva; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo a su red.
10 Se encoge, se agacha, y caen en su poder muchos desdichados.
11 Dice en su corazón: Dios lo ha olvidado, ha escondido su rostro; nunca lo verá.
12 Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres.
13 ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho que tú no lo inquirirás.
14 Tú lo has visto, porque tú miras el trabajo y la vejación, para dar el pago con tu mano; a ti se acoge el desvalido, tú eres el ayudador del huérfano.
15 Quebranta el brazo del malo y del maligno; buscarás su maldad, hasta que no halles ninguna.
16 Jehová, Rey eterno y para siempre; de su tierra fueron destruidas las naciones.
17 El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; tú dispones su corazón, haces atento tu oído,
18 para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a causar terror el hombre de la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 11

1 En Jehová he confiado; ¿cómo decís a mi alma: Escapa a vuestro monte cual ave?
2 Porque, he aquí, los malos tensaron el arco, dispusieron sus saetas sobre la cuerda, para asaetear en oculto a los rectos de corazón.
3 Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?
4 Jehová está en su santo templo; el trono de Jehová está en los cielos; sus ojos ven, sus párpados prueban a los hijos de los hombres.
5 Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece.
6 Hará llover lazos sobre los malos, fuego y azufre; y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.
7 Porque Jehová es justo; él ama la justicia; al recto mirará su rostro.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

1 Reyes 8

1 Entonces Salomón juntó a los ancianos de Israel y a todos los cabezas de las tribus, los príncipes de las casas paternas de los hijos de Israel, ante el rey Salomón en Jerusalén para hacer subir el Arca del pacto de Jehová de la Ciudad de David, que es Sion.
2 Y se juntaron ante el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, durante la fiesta solemne.
3 Y fueron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el Arca,
4 y subieron el Arca de Jehová, y el Tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el Tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y los levitas.
5 Y el rey Salomón y toda la congregación de Israel que se había juntado con él estaban con él delante del Arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por su multitud no se podían contar ni numerar.
6 Y los sacerdotes metieron el Arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario interior de la casa, en el Lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.
7 Porque los querubines extendían las alas sobre el lugar del Arca, y cubrían los querubines el Arca y sus barras por encima.
8 E hicieron salir las barras de modo que las cabezas de las barras se veían desde el Lugar santo, delante del santuario interior, pero no se veían desde afuera; y allí quedaron hasta hoy.
9 En el Arca no había sino las dos tablas de piedra que había puesto allí Moisés en el Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel cuando salieron de la tierra de Egipto.
10 Y aconteció que cuando los sacerdotes salieron del Lugar santo, la nube llenó la casa de Jehová.
11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.
13 Ciertamente yo he edificado una casa para morada tuya, un lugar en que tú habites para siempre.
14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba en pie.
15 Y dijo: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que habló con su boca a David, mi padre, y con su mano lo ha cumplido, diciendo:
16 Desde el día que saqué a mi pueblo Israel de Egipto, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviera mi nombre, aunque escogí a David para que estuviera sobre mi pueblo Israel.
17 Y David, mi padre, tuvo en el corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
18 Mas Jehová dijo a David, mi padre: En cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener esto en tu corazón;
19 pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará la casa a mi nombre.
20 Y Jehová ha confirmado su palabra que había dicho; y me he levantado yo en lugar de David, mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel,
21 y he puesto en ella lugar para el Arca, en la cual está el pacto de Jehová, que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.
22 Y se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón;
24 que has guardado a tu siervo David, mi padre, lo que le dijiste; lo dijiste con tu boca y con tu mano lo has cumplido, como se ve en este día.
25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste diciendo: No te faltará varón delante de mí que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino, para andar delante de mí como tú has andado delante de mí.
26 Ahora, pues, oh Dios de Israel, te ruego que se confirme tu palabra que dijiste a tu siervo David, mi padre.
27 Pero ¿en verdad morará Dios sobre la tierra? He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que he edificado?
28 Mas tú te volverás a la oración de tu siervo y a su súplica, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración con que tu siervo ora hoy delante de ti,
29 y estando tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre el lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; para oír la oración con que tu siervo ora en este lugar.
30 Oirás, pues, el ruego de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar; y tú lo oirás en el lugar de tu habitación, en los cielos, y oirás y perdonarás.
31 Cuando alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y llegare el juramento delante de tu altar en esta casa,
32 tú oirás en los cielos, y actuarás, y juzgarás a tus siervos condenando al impío, haciendo recaer su camino sobre su cabeza y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
33 Cuando tu pueblo Israel fuere vencido delante de los enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti, y confesaren tu nombre, y oraren, y te rogaren en esta casa,
34 entonces tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los harás volver a la tierra que diste a sus padres.
35 Cuando los cielos se cerraren y no lloviere por haber pecado ellos contra ti, y oraren en este lugar, y confesaren tu nombre, y se volvieren de su pecado cuando los hubieres afligido,
36 tú oirás en los cielos y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, pues les enseñarás el buen camino en que anden, y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.
37 Cuando en la tierra hubiere hambre, cuando hubiere pestilencia, cuando hubiere tizoncillo, añublo, langosta u oruga, cuando sus enemigos los tuvieren cercados en la tierra de sus puertas, cualquier plaga o cualquier enfermedad que sea,
38 toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la aflicción de su corazón y extendiere sus manos a esta casa,
39 entonces tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a todos sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres),
40 para que te teman todos los días que vivieren sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
41 Y también el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu nombre.
42 (porque oirán de tu gran nombre, y de tu mano fuerte, y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa,
43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo he edificado.
44 Cuando tu pueblo saliere a la batalla contra sus enemigos por el camino que tú los enviares, y oraren a Jehová hacia la ciudad que tú elegiste y hacia la casa que yo he edificado a tu nombre,
45 entonces tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.
46 Cuando pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y tú estuvieres airado contra ellos y los entregares delante del enemigo para que los lleven cautivos a tierra enemiga, sea lejos o cerca,
47 y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos, y se convirtieren, y te suplicaren en la tierra de los que los llevaron cautivos, diciendo: Hemos pecado y hemos cometido impiedad, hemos hecho lo malo;
48 y se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti hacia su tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,
49 entonces tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia,
50 y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti y todas sus rebeliones con que se habrán rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos,
51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
52 Que tus ojos estén abiertos a la súplica de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello que te invocaren,
53 pues tú los apartaste para ti por tu heredad de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés, tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.
54 Y aconteció que cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo,
55 y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:
56 Bendito sea Jehová, que ha dado reposo a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; no ha faltado ni una palabra de todas sus buenas palabras que dijo por Moisés, su siervo.
57 Sea con nosotros Jehová nuestro Dios, como fue con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje;
58 incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos y para que guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres.
59 Y que estas mis palabras con que he suplicado delante de Jehová estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él haga justicia a su siervo y justicia a su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo,
60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios y que no hay otro.
61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, para andar en sus estatutos y para guardar sus mandamientos, como en el día de hoy.
62 Entonces el rey y todo Israel con él ofrecieron sacrificios delante de Jehová.
63 Y sacrificó Salomón sacrificios de paz, los cuales sacrificó a Jehová, veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.
64 Aquel mismo día santificó el rey el centro del atrio que estaba delante de la casa de Jehová, porque ofreció allí los holocaustos, y los presentes, y los sebos de las ofrendas de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, y los presentes, y los sebos de las ofrendas de paz.
65 Y en aquel tiempo Salomón hizo la fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde la entrada de Hamat hasta el torrente de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y otros siete días, esto es, por catorce días.
66 Al octavo día despidió al pueblo, y ellos bendijeron al rey y se fueron a sus tiendas, alegres y gozosos de corazón por todo el bien que Jehová había hecho a David, su siervo, y a su pueblo Israel.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 28

1 Y cuando ya estábamos a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
2 Y los naturales del lugar nos mostraron no poca humanidad, porque nos recibieron a todos, encendiendo un fuego a causa de la lluvia que caía y del frío.
3 Entonces habiendo recogido Pablo algunas ramas secas y habiéndolas puesto en el fuego, una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano.
4 Y cuando los naturales del lugar vieron el animal colgando de su mano, se decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, aunque se haya salvado del mar, Justicia no lo deja vivir.
5 Mas él, sacudiendo entonces el animal en el fuego, ningún mal padeció.
6 Pero ellos estaban esperando que él comenzara a hincharse, o que cayera muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y decían que era un dios.
7 En aquellos lugares había propiedades del principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó amablemente tres días.
8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería; al cual Pablo entró a ver y, después de haber orado, puso sobre él las manos y lo sanó.
9 Entonces, hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades venían y eran sanados;
10 los cuales también nos honraron con muchas atenciones, y cuando zarpamos, nos proveyeron de las cosas necesarias.
11 Y pasados tres meses, zarpamos en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.
12 Y al llegar a Siracusa, estuvimos allí tres días.
13 De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y un día después comenzó a soplar el viento del sur, y llegamos al siguiente día a Potolo,
14 donde encontramos a algunos hermanos que nos rogaron que nos quedáramos con ellos siete días; y luego llegamos a Roma;
15 de donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron a recibir hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y cuando Pablo los vio, dio gracias a Dios y cobró ánimo.
16 Y cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, mas a Pablo le fue permitido vivir aparte, con un soldado que lo custodiara.
17 Y aconteció que, tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a quienes, después que estuvieron reunidos, les dijo: Varones hermanos, no habiendo hecho yo nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos;
18 los cuales, habiéndome interrogado, me querían soltar por no haber en mí ninguna causa de muerte.
19 Pero oponiéndose los judíos, fui forzado a apelar al César, no porque tenga de qué acusar a mi nación.
20 Así que, por esta causa os he llamado para veros y hablaros, porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.
21 Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algo malo de ti.
22 Pero querríamos oír de ti lo que piensas, porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se la contradice.
23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a su alojamiento, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios, persuadiéndolos de lo concerniente a Jesús, por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde.
24 Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.
25 Y como no estaban de acuerdo entre sí, se fueron, diciéndoles Pablo una última palabra: Bien ha hablado el Espíritu Santo por el profeta Isaías a nuestros padres,
26 diciendo: Ve a este pueblo y diles: Oyendo oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.
27 Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos, no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
28 Os sea, pues, notorio que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán.
29 Y habiendo dicho esto, los judíos salieron, teniendo entre sí gran discusión.
30 Y Pablo permaneció dos años enteros en su casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,
31 predicando el reino de Dios y enseñando lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Padre todopoderoso, que has dado a tu Hijo único para morir por nuestros pecados y resucitar para nuestra justificación: Concédenos apartar de tal manera la levadura de malicia y maldad, que siempre te sirvamos en pureza de vida y verdad, por los méritos de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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