Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Venite
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Matutina

Fecha: 28 de abril de 2025

Lunes de la Primera Semana después de Pascua

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Venite, Exultemus Domino

Salmo 95
1 Venid, celebremos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémoslo con salmos.
3 Porque Jehová es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,
9 donde me tentaron vuestros padres, me probaron, aunque vieron mi obra.
10 Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 132

1 Acuérdate, oh Jehová, de David, de toda su aflicción;
2 de cómo juró a Jehová y prometió al Fuerte de Jacob:
3 No entraré en la morada de mi casa, no subiré sobre el lecho de mi descanso,
4 no daré sueño a mis ojos ni a mis párpados adormecimiento,
5 hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el Fuerte de Jacob.
6 He aquí, en Efrata oímos del arca, la hallamos en los campos del bosque.
7 Entremos en sus tiendas; postrémonos al estrado de sus pies.
8 Levántate, oh Jehová, para ir a tu reposo, tú y el arca de tu poder.
9 Tus sacerdotes se vistan de justicia y se regocijen tus santos.
10 Por causa de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro.
11 En verdad juró Jehová a David, no se apartará de ello: Del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono.
12 Si tus hijos guardaren mi pacto y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre.
13 Porque Jehová ha elegido a Sion; la deseó por su habitación.
14 Este es mi reposo para siempre; aquí habitaré, porque la he deseado.
15 Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan.
16 Y vestiré a sus sacerdotes de salvación, y sus santos darán voces de júbilo.
17 Allí haré brotar el cuerno de David; he preparado lámpara a mi ungido.
18 A sus enemigos vestiré de confusión, pero sobre él florecerá su corona.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 133

1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en unidad!
2 como el buen óleo sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras;
3 como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición y vida eterna.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 134

1 Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que estáis en la casa de Jehová por las noches.
2 Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehová.
3 Desde Sion te bendiga Jehová, el que hizo los cielos y la tierra.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 135

1 Alabad el nombre de Jehová; alabadlo, siervos de Jehová,
2 los que estáis en la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
3 Alabad a Jah, porque Jehová es bueno; cantad salmos a su nombre, porque es agradable.
4 Porque Jah ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya.
5 Porque yo sé que Jehová es grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
6 Todo lo que quiso Jehová, lo ha hecho, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.
7 Él hace subir las nubes desde el confín de la tierra; él hizo los relámpagos para la lluvia; él saca los vientos de sus tesoros.
8 El que hirió a los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón y sobre todos sus siervos.
10 El que hirió a muchas naciones y mató a reyes poderosos;
11 a Sehón, rey amorreo, y a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán.
12 Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel, su pueblo.
13 Oh Jehová, tu nombre es eterno; tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.
14 Porque juzgará Jehová a su pueblo y se arrepentirá acerca de sus siervos.
15 Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres.
16 Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven;
17 tienen orejas y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas.
18 Como ellos son los que los hacen, todos los que en ellos confían.
19 Casa de Israel, bendecid a Jehová; casa de Aarón, bendecid a Jehová;
20 casa de Leví, bendecid a Jehová; los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová.
21 Bendito sea Jehová desde Sion, que mora en Jerusalén Aleluya.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

1 Reyes 2

1 Y se acercaron los días de la muerte de David, y mandó a Salomón, su hijo, diciendo:
2 Yo voy por el camino de toda la tierra; esfuérzate y sé hombre.
3 Guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, andando en sus caminos y guardando sus estatutos, y sus mandamientos, y sus decretos, y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas;
4 para que confirme Jehová su palabra que me habló diciendo: Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice él, te faltará varón en el trono de Israel.
5 Y también tú sabes lo que me ha hecho Joab, hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner, hijo de Ner, y a Amasa, hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando sangre de guerra en tiempo de paz y poniendo sangre de guerra en su cinturón que llevaba sobre sus lomos y en el calzado que llevaba en sus pies.
6 Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender en paz sus canas a la sepultura.
7 Mas a los hijos de Barzilai, el galaadita, harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque así ellos vinieron a mí cuando huía de Absalón, tu hermano.
8 Y he aquí, tienes contigo a Simei, hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una fuerte maldición el día que yo iba a Mahanaim Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: No te mataré a espada.
9 Pero ahora no lo absolverás, pues eres un hombre sabio y sabes lo que has de hacer con él; y harás descender sus canas con sangre a la sepultura.
10 Y David durmió con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David.
11 Y los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón y treinta y tres años reinó en Jerusalén.
12 Y Salomón se sentó en el trono de David, su padre, y su reino fue firme en gran manera.
13 Entonces Adonías, hijo de Haguit, fue a Betsabé, madre de Salomón; y ella le dijo: ¿pacífica tu venida? Y él respondió: Sí, pacífica.
14 Y él dijo: Una palabra tengo que decirte Y ella dijo: Di.
15 Y él dijo: Tú sabes que el reino era mío y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; pero el reino fue traspasado y vino a ser de mi hermano, porque de parte de Jehová era suyo.
16 Y ahora yo te hago una petición; no me la niegues Y ella le dijo: Di.
17 Entonces él dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te la negará), para que me dé a Abisag, la sunamita, por mujer.
18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19 Y fue Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo poner una silla a la madre del rey, la cual se sentó a su diestra.
20 Y ella dijo: Una pequeña petición te pido; no me la niegues Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.
21 Y ella dijo: Sea dada Abisag, la sunamita, por mujer a tu hermano Adonías.
22 Y el rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag, la sunamita, para Adonías? Pide también el reino para él, porque él es mi hermano mayor, y para Abiatar, el sacerdote, y para Joab, hijo de Sarvia.
23 Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y así me añada, que contra su vida ha hablado Adonías esta palabra.
24 Ahora, pues, vive Jehová, que me ha confirmado y me ha hecho sentar en el trono de David, mi padre, y que me ha hecho casa como había dicho, que Adonías morirá hoy.
25 Entonces el rey Salomón envió por medio de Benaía, hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió.
26 Y el rey dijo a Abiatar, el sacerdote: Vete a Anatot, a tus campos, pues tú eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el Arca del Señor Jehová delante de David, mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre.
27 Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliera la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.
28 Y llegó la noticia hasta Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón Y huyó Joab al Tabernáculo de Jehová y se asió a los cuernos del altar.
29 Y fue hecho saber a Salomón que Joab había huido al Tabernáculo de Jehová y que, he aquí, estaba junto al altar Entonces envió Salomón a Benaía, hijo de Joiada, diciendo: Ve y arremete contra él.
30 Y entró Benaía al Tabernáculo de Jehová y le dijo: Así dice el rey: Sal Y él dijo: No, sino que aquí moriré Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así habló Joab y así me respondió.
31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; arremete contra él y entiérralo, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
32 Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza, porque él arremetió contra dos hombres más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiera nada: a Abner, hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa, hijo de Jeter, general del ejército de Judá.
33 La sangre de ellos, pues, volverá sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; pero sobre David, y sobre su descendencia, y sobre su casa, y sobre su trono, habrá paz de parte de Jehová para siempre.
34 Entonces Benaía, hijo de Joiada, subió, y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto.
35 Y el rey puso en su lugar a Benaía, hijo de Joiada, sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
36 Después el rey envió a llamar a Simei y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora allí, y no salgas de allí ni a un lado ni a otro;
37 porque acontecerá que el día que salieres y pasares el torrente Cedrón, que lo sepas de cierto, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.
38 Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.
39 Pero pasados tres años, aconteció que huyeron dos siervos de Simei a Aquis, hijo de Maaca, rey de Gat Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
40 Entonces se levantó Simei, y enalbardó su asno, y fue a Gat, a Aquis, a buscar a sus siervos Fue, pues, Simei y trajo sus siervos de Gat.
41 Y fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat y que había vuelto.
42 Entonces el rey envió a llamar a Simei y le dijo: ¿No te hice jurar por Jehová y te testifiqué diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, que sepas de cierto que sin duda morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco.
43 ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová y el mandamiento que yo te mandé?
44 Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha vuelto el mal sobre tu cabeza.
45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová.
46 Entonces el rey mandó a Benaía, hijo de Joiada, el cual salió y arremetió contra él, y murió Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.

Te Deum Laudamus

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú te sientas a la derecha de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié:
no me veré defraudado para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hechos 25

1 Festo, pues, entró en la provincia, y tres días después subió desde Cesarea a Jerusalén.
2 Y el sumo sacerdote y los principales de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron,
3 pidiendo contra él, como favor, que lo hiciera traer a Jerusalén, poniendo ellos asechanzas para matarlo en el camino.
4 Pero Festo respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que él mismo partiría en breve para allá.
5 Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este varón, acúsenlo.
6 Y deteniéndose entre ellos no más de diez días, descendió a Cesarea, y al siguiente día se sentó en el tribunal y mandó que Pablo fuera traído.
7 Y cuando él vino, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra Pablo muchas y graves acusaciones, que no podían probar;
8 mas él alegó en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra el César he pecado en nada.
9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo, dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allá de estas cosas delante de mí?
10 Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado Ningún agravio he hecho a los judíos, como tú sabes muy bien.
11 Porque si algún agravio o alguna cosa digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos Al César apelo.
12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿Al César has apelado? , al César irás.
13 Y pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo.
14 Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix,
15 respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, vinieron a mí los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condena contra él;
16 a los cuales respondí que no es costumbre de los romanos entregar a alguien a la muerte antes que el acusado tenga presentes a sus acusadores y tenga oportunidad de defenderse de la acusación.
17 Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre;
18 y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba;
19 solamente tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión y de cierto Jesús, ya muerto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo.
20 Y yo, dudando en cuestión semejante, le dije si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas.
21 Mas apelando Pablo para que fuera guardado hasta la decisión de Augusto, mandé que lo guardaran hasta que lo enviara al César.
22 Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre Y él dijo: Mañana lo oirás.
23 Y al día siguiente, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo.
24 Entonces Festo dijo: Rey Agripa y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, veis a este, por el cual toda la multitud de los judíos me ha reclamado en Jerusalén y aquí, dando voces que no conviene que viva más.
25 Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y apelando él mismo a Augusto, he determinado enviarlo.
26 Del cual no tengo cosa cierta que escribir a mi señor, por lo que lo he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarlo tenga yo qué escribir.
27 Porque me parece fuera de razón enviar un preso y no informar de las causas en su contra.

BENEDICTUS

San Lucas 1:68-79
68
Bendito el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo,
69
y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo
70
(como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio),
71
salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72
para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto;
73
del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de dar,
74
que sin temor, librados de la mano de nuestros enemigos, lo serviríamos
75
en santidad y en justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
76
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos,
77
para dar conocimiento de salvación a su pueblo, por la remisión de sus pecados,
78
por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto la aurora,
79
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Padre todopoderoso, que has dado a tu Hijo único para morir por nuestros pecados y resucitar para nuestra justificación: Concédenos apartar de tal manera la levadura de malicia y maldad, que siempre te sirvamos en pureza de vida y verdad, por los méritos de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Segunda colecta por la paz

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, en cuyo conocimiento está nuestra vida eterna, y cuyo servicio es perfecta libertad; defiende a tus humildes siervos de todos los ataques de nuestros enemigos, para que, confiando firmemente en tu defensa, no temamos el poder de ningún adversario, por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Tercera colecta por la gracia

Oh Señor, nuestro Padre celestial, Dios todopoderoso y eterno, que nos has hecho llegar con bien al comienzo de este día: defiéndenos hoy con tu gran poder, y concede que en este día no pequemos ni caigamos en peligro de ninguna clase; sino que todas nuestras acciones sean ordenadas por tu soberano gobierno, para que siempre hagamos lo que es justo ante tus ojos; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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