Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Vespertina

Fecha: 9 de abril de 2025

Miércoles de la Quinta Semana de Cuaresma

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Salmo 47

1 Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo.
2 Porque Jehová, el Altísimo, es temible, rey grande sobre toda la tierra.
3 Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros pies.
4 Él nos elegirá nuestras heredades, la hermosura de Jacob, a quién amó Selah.
5 Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta.
6 Cantad a Dios, cantad; cantad a nuestro Rey, cantad,
7 porque Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia.
8 Reina Dios sobre las naciones; Dios se sienta sobre su santo trono.
9 Los príncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham, porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy ensalzado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 48

1 Grande es Jehová y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
2 Hermosa elevación, el gozo de toda la tierra es el monte Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey.
3 Dios en sus palacios es conocido por refugio.
4 Porque, he aquí, los reyes de la tierra se reunieron; pasaron juntos.
5 Y viéndola ellos así, se maravillaron, se turbaron, se apresuraron a huir.
6 Los tomó allí temblor; dolor como de mujer que da a luz.
7 Con viento del este quiebras tú las naves de Tarsis.
8 Como lo oímos, así lo hemos visto en la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; Dios la afirmará para siempre Selah.
9 Pensamos en tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo.
10 Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra.
11 Se alegrará el monte Sion, se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.
12 Andad alrededor de Sion y rodeadla; contad sus torres.
13 Considerad atentamente su antemuro, mirad sus palacios, para que lo contéis a la generación venidera.
14 Porque este Dios es nuestro Dios eternamente y para siempre; él nos guiará aun más allá de la muerte.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 49

1 Oíd esto, pueblos todos; escuchad, todos los habitantes del mundo,
2 así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente.
3 Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón, inteligencia.
4 Inclinaré al proverbio mi oído; declararé con el arpa mi enigma.
5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis enemigos me cerque?
6 Los que confían en sus bienes y en la multitud de sus riquezas se jactan,
7 ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano ni dar a Dios su rescate.
8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás),
9 para que viva en adelante para siempre y nunca vea la corrupción.
10 Pues él verá que mueren los sabios, así como el insensato y el necio perecen y dejan a otros sus riquezas.
11 En su interior piensan que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación; llaman sus tierras con sus nombres.
12 Mas el hombre no permanecerá en honra, es semejante a las bestias que perecen.
13 Este su camino es su locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos Selah.
14 Como ovejas serán puestos en el sepulcro, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; y se consumirá su apariencia en el sepulcro que será su morada.
15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del sepulcro, porque me tomará consigo Selah.
16 No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa,
17 porque cuando muera no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria.
18 Aunque, mientras viva, llame dichosa a su alma, (y tú seas loado cuando te hagas bien a ti mismo),
19 entrará a la generación de sus padres, quienes nunca más verán la luz.
20 El hombre que vive con honores y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

1 Samuel 22

1 Y yéndose David de allí, se escapó a la cueva de Adulam; y cuando lo oyeron sus hermanos y toda la casa de su padre, descendieron allí a él.
2 Y se juntaron con él todos los que estaban en apuros, y todos los que estaban endeudados, y todos los que se hallaban en amargura de alma, y vino a ser capitán de ellos; y había con él como cuatrocientos hombres.
3 Y se fue David de allí a Mizpa de Moab y dijo al rey de Moab: Te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que yo sepa lo que Dios hará de mí.
4 Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fortificado.
5 Y Gad, el profeta, dijo a David: No te quedes en el lugar fortificado; vete y entra en la tierra de Judá Y David se fue y entró en el bosque de Haret.
6 Y oyó Saúl que había sido descubierto David, y los hombres que estaban con él Y Saúl estaba en Gabaa debajo de un tamarisco en Ramá y tenía su lanza en su mano, y todos sus criados estaban alrededor de él.
7 Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de mil y jefes de cien?
8 Porque todos vosotros habéis conspirado contra mí, y no hay quien me descubra al oído que mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni hay de entre vosotros quien se duela de mí y me descubra al oído que mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, como lo hace hoy día.
9 Entonces Doeg, el edomita, que estaba sobre los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que fue a Nob, a Ahimelec, hijo de Ahitob,
10 el cual consultó por él a Jehová, y le dio provisiones, y le dio la espada de Goliat, el filisteo.
11 Y el rey mandó llamar al sacerdote Ahimelec, hijo de Ahitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos vinieron al rey.
12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob Y él dijo: Heme aquí, señor mío.
13 Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y una espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantara contra mí y me acechara, como lo hace hoy día?
14 Entonces Ahimelec respondió al rey y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno además del rey, y que ha entrado en tu guardia personal y es honorable en tu casa?
15 ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos sea de mí; no impute el rey cosa alguna a su siervo ni a toda la casa de mi padre, porque tu siervo ninguna cosa sabe de todo este asunto, grande ni pequeña.
16 Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.
17 Entonces dijo el rey a los de su guardia que estaban junto a él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová, porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron Pero los siervos del rey no quisieron extender su mano para matar a los sacerdotes de Jehová.
18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú y arremete contra los sacerdotes Y volviéndose Doeg, el edomita, arremetió contra los sacerdotes y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.
19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; desde hombres hasta mujeres, desde niños hasta los que maman, y bueyes y asnos y ovejas, todo a filo de espada.
20 Mas uno de los hijos de Ahimelec, hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, escapó y huyó tras David.
21 Y Abiatar contó a David cómo Saúl había matado a los sacerdotes de Jehová.
22 Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg, el edomita, sin duda él lo haría saber a Saúl Yo he ocasionado la muerte de todas las personas de la casa de tu padre.
23 Quédate conmigo, no temas; porque quien busque mi vida buscará también la tuya, pues conmigo tú estarás seguro.

CANTATE DOMINO

Salmo 98
1
Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.
2
Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia.
3
Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
4
Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.
5
Cantad salmos a Jehová con arpa; con arpa y voz de cántico.
6
Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del rey Jehová.
7
Brame el mar y su plenitud, el mundo y los que en él habitan;
8
Los ríos batan las manos, los montes todos hagan regocijo
9
Delante de Jehová, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

Hebreos 11

1 Es, pues, la fe la sustancia de lo que se espera, la demostración de lo que no se ve.
2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
3 Por la fe entendemos haber sido compuesto el universo por la palabra de Dios, para así hacer lo que se ve de lo que no se veía.
4 Por la fe Abel ofreció a Dios mayor sacrificio que Caín, por la cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.
5 Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios Y antes que fuera trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que es galardonador de los que lo buscan.
7 Por la fe Noé, habiendo sido advertido de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvara; por la cual condenó al mundo y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe.
8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber adónde iba.
9 Por la fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, habitando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa,
10 porque esperaba la ciudad con fundamentos, de la cual Dios es el artífice y constructor.
11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerzas para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque tuvo por fiel al que lo había prometido.
12 Por lo cual también nacieron de uno, y ese ya como muerto, como las estrellas del cielo en multitud y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
13 Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria.
15 Pues si se acordaran de aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo para volverse.
16 Pero ahora desean una mejor, es decir, la celestial, por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les había preparado una ciudad.
17 Por la fe ofreció Abraham, cuando fue probado, a Isaac, y el que había recibido las promesas ofrecía a su unigénito,
18 habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada descendencia;
19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de los muertos, de donde también lo volvió a recibir por figura.
20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras.
21 Por la fe Jacob, muriéndose, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose sobre el extremo de su vara.
22 Por la fe José, al morir, hizo mención del éxodo de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.
23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque lo vieron hermoso niño, y no temieron el decreto del rey.
24 Por la fe Moisés, siendo ya mayor, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón,
25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar temporalmente del placer del pecado,
26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la remuneración.
27 Por la fe dejó Egipto, no temiendo la ira del rey, porque se sostuvo como viendo al Invisible.
28 Por la fe celebró la Pascua y la aspersión de la sangre, para que el que mataba a los primogénitos no los tocara.
29 Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca; e intentándolo los egipcios, se ahogaron.
30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.
31 Por la fe Rahab, la ramera, no pereció juntamente con los incrédulos, habiendo recibido a los espías en paz.
32 ¿Y qué más diré? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, y Barac, y Samsón, y Jefté, y David, y Samuel, y los profetas;
33 que por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,
34 apagaron el ímpetu del fuego, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de la debilidad, fueron hechos fuertes en la batalla, derrotaron ejércitos extranjeros.
35 Las mujeres recibieron a sus muertos por resurrección; mas otros fueron torturados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección;
36 otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto, cadenas y cárceles;
37 fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;
38 de los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, y por los montes, y por las cuevas, y por las cavernas de la tierra.
39 Y todos estos, habiendo obtenido buen testimonio por la fe, no recibieron la promesa,
40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fueran perfeccionados sin nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Te suplicamos, Dios todopoderoso, que mires misericordiosamente a tu pueblo, para que por tu gran bondad sean gobernados y guardados para siempre, tanto en cuerpo como en alma, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Dios todopoderoso y eterno, que no aborreces nada de lo que has hecho, y perdonas los pecados de todos los que se arrepienten: Crea y haz en nosotros corazones nuevos y contritos, para que nosotros, lamentando debidamente nuestros pecados y reconociendo nuestra miseria, obtengamos de ti, el Dios de toda misericordia, perfecta remisión y perdón, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

La segunda colecta

Oh Dios, de quien proceden todos los deseos santos, los buenos consejos y las obras justas; concede a tus siervos la paz que el mundo no puede dar, para que nuestros corazones se dispongan a obedecer tus mandamientos y, al ser defendidos por ti del temor de nuestros enemigos, podamos vivir en reposo y tranquilidad. Por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

La tercera colecta

Ilumina nuestras tinieblas, te suplicamos, oh Señor, y por tu gran misericordia defiéndenos de todos los peligros y asechanzas de esta noche; por amor de tu único Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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