Exhortación
Confesión
Absolución
Padrenuestro
Salmos
1ª Lección
Cántico 1
2ª Lección
Cántico 2
Credo
Oraciones
Colectas
Bendición

Oración Vespertina

Fecha: 9 de febrero de 2025

Quinto Domingo después de Epifanía

Exhortación General

Muy amados hermanos, las Escrituras nos exhortan en diversos pasajes a reconocer y confesar nuestros múltiples pecados, y a no disimularlos ni encubrirlos delante de Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, sino a confesarlos con un corazón humilde, contrito y obediente; a fin de que obtengamos el perdón de ellos por su infinita bondad y misericordia. Y aunque en todo tiempo debemos reconocer humildemente nuestros pecados ante Dios, con mayor razón debemos hacerlo cuando nos congregamos para darle gracias por los grandes beneficios que hemos recibido de su mano, para rendirle la alabanza debida, escuchar su Santa Palabra y pedirle aquellas cosas que son necesarias e indispensables, tanto para el cuerpo como para el alma. Por tanto, les ruego a todos los aquí presentes que, con un corazón puro y voz humilde, me acompañen al trono de la gracia, diciendo:

Confesión General

Padre todopoderoso y misericordioso, hemos errado y nos hemos desviado de tus caminos como ovejas perdidas. Hemos seguido en exceso los designios y concupiscencias de nuestro corazón. Hemos quebrantado tus santas leyes. No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos; y no hay salud en nosotros. Pero tú, Señor, ten misericordia de nosotros, miserables pecadores. Perdona a quienes confiesan sus faltas. Restaura a los que se arrepienten, según tus promesas hechas a la humanidad en Cristo Jesús, nuestro Señor. Y por él, concédenos, oh Padre clementísimo, que de ahora en adelante vivamos una vida piadosa, justa y sobria, para la gloria de tu santo Nombre. Amén.

Absolución

El Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta de su maldad y viva, y que ha dado potestad y ha mandado a sus ministros para declarar y pronunciar al pueblo arrepentido la absolución y la remisión de sus pecados: Él perdona y absuelve a todos los que verdaderamente se arrepienten y sinceramente creen en su santo evangelio. Por lo tanto, roguémosle que nos conceda un verdadero arrepentimiento y su Santo Espíritu, para que aquello que ahora hacemos le sea agradable, y para que el resto de nuestra vida sea pura y santa, de modo que finalmente lleguemos a su gozo eterno; por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Oh Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca publicará tu alabanza.

Oh Dios, acude a librarnos.

Oh Señor, apresúrate a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;

Como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Alabad al Señor.

Sea bendito el nombre del Señor.

Salmo 47

1 Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo.
2 Porque Jehová, el Altísimo, es temible, rey grande sobre toda la tierra.
3 Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros pies.
4 Él nos elegirá nuestras heredades, la hermosura de Jacob, a quién amó Selah.
5 Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta.
6 Cantad a Dios, cantad; cantad a nuestro Rey, cantad,
7 porque Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia.
8 Reina Dios sobre las naciones; Dios se sienta sobre su santo trono.
9 Los príncipes de los pueblos se reunieron como pueblo del Dios de Abraham, porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy ensalzado.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 48

1 Grande es Jehová y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
2 Hermosa elevación, el gozo de toda la tierra es el monte Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey.
3 Dios en sus palacios es conocido por refugio.
4 Porque, he aquí, los reyes de la tierra se reunieron; pasaron juntos.
5 Y viéndola ellos así, se maravillaron, se turbaron, se apresuraron a huir.
6 Los tomó allí temblor; dolor como de mujer que da a luz.
7 Con viento del este quiebras tú las naves de Tarsis.
8 Como lo oímos, así lo hemos visto en la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; Dios la afirmará para siempre Selah.
9 Pensamos en tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo.
10 Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra.
11 Se alegrará el monte Sion, se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.
12 Andad alrededor de Sion y rodeadla; contad sus torres.
13 Considerad atentamente su antemuro, mirad sus palacios, para que lo contéis a la generación venidera.
14 Porque este Dios es nuestro Dios eternamente y para siempre; él nos guiará aun más allá de la muerte.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 49

1 Oíd esto, pueblos todos; escuchad, todos los habitantes del mundo,
2 así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente.
3 Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón, inteligencia.
4 Inclinaré al proverbio mi oído; declararé con el arpa mi enigma.
5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis enemigos me cerque?
6 Los que confían en sus bienes y en la multitud de sus riquezas se jactan,
7 ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano ni dar a Dios su rescate.
8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás),
9 para que viva en adelante para siempre y nunca vea la corrupción.
10 Pues él verá que mueren los sabios, así como el insensato y el necio perecen y dejan a otros sus riquezas.
11 En su interior piensan que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación; llaman sus tierras con sus nombres.
12 Mas el hombre no permanecerá en honra, es semejante a las bestias que perecen.
13 Este su camino es su locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos Selah.
14 Como ovejas serán puestos en el sepulcro, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; y se consumirá su apariencia en el sepulcro que será su morada.
15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del sepulcro, porque me tomará consigo Selah.
16 No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa,
17 porque cuando muera no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria.
18 Aunque, mientras viva, llame dichosa a su alma, (y tú seas loado cuando te hagas bien a ti mismo),
19 entrará a la generación de sus padres, quienes nunca más verán la luz.
20 El hombre que vive con honores y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lección

Isaías 64

1 ¡Oh si rompieras los cielos y descendieras, y a tu presencia se derritieran los montes,
2 como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos y las naciones temblaran a tu presencia!
3 Cuando, haciendo cosas terribles cuales nunca esperábamos, descendiste, se derritieron los montes delante de ti.
4 Pues desde la antigüedad no oyeron, ni dieron oídos, ni ojo ha visto un Dios fuera de ti que hiciera esto por el que en él espera.
5 Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos He aquí, tú te enojaste porque pecamos; en esos tus caminos hay perpetuidad, y nosotros seremos salvos.
6 Pues todos nosotros somos como suciedad y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y todos nosotros caímos como la hoja y nuestras iniquidades nos llevaron como viento.
7 Y nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para asirse de ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro y nos dejaste marchitar en poder de nuestras iniquidades.
8 Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros el lodo, y tú el que nos formaste; y obra de tus manos somos todos nosotros.
9 No te enojes sobremanera, oh Jehová, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad He aquí, mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros.
10 Tus santas ciudades están desiertas, Sion es un desierto, Jerusalén una desolación.
11 La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, fue consumida al fuego, y todas nuestras cosas preciosas han sido destruidas.
12 ¿Te contendrás, oh Jehová, ante estas cosas? ¿Callarás y nos afligirás sobremanera?

MAGNIFICAT

San Lucas 1:46-55
46
Engrandece mi alma al Señor;
47
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
48
Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues, he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
49
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre,
50
y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.
51
Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de su corazón.
52
Quitó de los tronos a los poderosos, y levantó a los humildes.
53
A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.
54
Socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia,
55
como habló a nuestros padres, a Abraham y a su simiente para siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Lección

2 Corintios 5

1 Porque sabemos que si la casa terrestre de nuestro tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos.
2 Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial,
3 y cuando seamos vestidos, no seremos hallados desnudos.
4 Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos estando cargados; porque no quisiéramos ser desnudados, sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
5 Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien también nos ha dado las arras del Espíritu.
6 Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor.
7 (porque por fe andamos, no por vista).
8 Pero confiamos, y más bien quisiéramos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor.
9 Por tanto, procuramos también, o presentes o ausentes, serle agradables;
10 porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que haya hecho estando en su cuerpo, sea bueno o sea malo.
11 Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; mas a Dios somos manifiestos, y espero que también en vuestras conciencias seamos manifiestos.
12 No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino que os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón.
13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si estamos cuerdos, es para vosotros.
14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto, que si uno murió por todos, luego todos murieron;
15 y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas.
18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Jesucristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.
19 Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación.
20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
21 Porque al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él.

NUNC DIMITTIS

San Lucas 2:29-32
29
Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
30
porque han visto mis ojos tu salvación,
31
la cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
32
luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; como era en el principio, es ahora y será siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo; está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Salutación y Kyrie

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Oremos.


Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro y Súplicas

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Amén.

Señor, muéstranos tu misericordia.

Y concédenos tu salvación.

Oh Señor, salva a los que nos gobiernan.

Y escúchanos clementemente cuando te invocamos.

Reviste de justicia a tus ministros.

Y alegra a tu pueblo escogido.

Oh Señor, salva a tu pueblo.

Y bendice tu heredad.

Danos paz en nuestros días, oh Señor.

Porque no hay otro que luche por nosotros, sino tú, oh Dios.

Oh Dios, crea en nosotros un corazón limpio.

Y no apartes de nosotros tu Santo Espíritu.

Colecta del Día

Oh Señor, te suplicamos que guardes continuamente a tu Iglesia y familia en la verdadera religión, para que aquellos que se apoyan solamente en la esperanza de tu gracia celestial sean defendidos siempre por tu gran poder, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

La segunda colecta

Oh Dios, de quien proceden todos los deseos santos, los buenos consejos y las obras justas; concede a tus siervos la paz que el mundo no puede dar, para que nuestros corazones se dispongan a obedecer tus mandamientos y, al ser defendidos por ti del temor de nuestros enemigos, podamos vivir en reposo y tranquilidad. Por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

La tercera colecta

Ilumina nuestras tinieblas, te suplicamos, oh Señor, y por tu gran misericordia defiéndenos de todos los peligros y asechanzas de esta noche; por amor de tu único Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración por las Autoridades Civiles

Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, Rey supremo y único Gobernante de los pueblos, que desde tu trono eterno contemplas a todos los que habitan la tierra: te suplicamos que mires con tu favor a las autoridades civiles de esta nación, y las llenes con la gracia de tu Santo Espíritu, para que, reconociendo que son ministros tuyos, se inclinen a tu voluntad, caminen en tus caminos y gobiernen con sabiduría, justicia y firmeza, para que tu pueblo viva en paz y tu Palabra sea anunciada sin impedimento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por el Clero y la Congregación

Dios todopoderoso y eterno, que eres el único que hace grandes maravillas: envía sobre nuestros obispos y ministros, y sobre todas las congregaciones a su cargo, el saludable Espíritu de tu gracia; y para que en verdad te complazcan, derrama sobre ellos el rocío continuo de tu bendición. Concede esto, oh Señor, por el honor de nuestro Abogado y Mediador, Jesucristo tu Hijo. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos has concedido gracia en este momento para presentar nuestras súplicas en común; y que has prometido que, cuando dos o tres se congregan en tu Nombre, les concederás sus peticiones: cumple ahora, oh Señor, los deseos y peticiones de tus siervos, según lo que más les convenga, y concédenos en esta vida el conocimiento de tu verdad, y en la venidera la vida eterna. Amén.

2 Corintios 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

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